Dando la espalda al poniente

30 dic. 2007



Yo creía que con los años las personas --y para que mentir, sobre todo yo--, conseguían hallar el equilibrio en sus vidas, la armonía entre lo que son y lo que deseaban ser. ¡Mucho creer es ese!

Me doy cuenta de que he llegado al ecuador mental de mi vida con más dudas, desconfianza, y MIEDO, que cuando tenía veinte años. Me entristece, y mucho.

Y no quiero que sea así, no quiero moverme a mi misma como si fuera un bokor jugando con su zombie. Deseo que mi cuerpo y mi mente dancen suavemente sobre el hilo del tiempo. No se trata de ir de puntillas, se trata de burlar la gravedad oscura de la Vida, con las notas de música que resuenan dentro de cada uno de nosotros.

Miro a mi alrededor y nos veo a todos enredados en nuestras telarañas, panza arriba, intentando enderezar nuestras vidas, como tortugas a las que alguien hubiera tirado de espaldas. Y es nuestra "trampa", la tejemos a diario, inconscientes pero feroces aniquiladores de lo que podríamos ser, de lo que fuimos, de lo que aún somos.

Tengo miedo de mi misma, de mi pánico irracional, de mi ansiedad, tristeza, desaliento, escapados de la caja de Pandora que es mi mente.

Todo esto no suena nada navideño, lo sé. Pero dentro de dos semanas, se podrá leer lejos del furor de las campanillas, villancicos, mazapanes y polvorones, y sonará muy real.

Tengo que coger el tren que me lleve de vuelta a mi misma, agarrarme de la mano, y obligarme a dar la espalda a ese poniente anticipado que se cierne sobre mi horizonte.

El dolor --físico-- se ha pegado a mi como el moho a una planta, y cansa. ¿Y qué? Es tan sólo dolor, el miedo es tan sólo miedo, pero la Vida es UNICA.

Es el momento de cerrar los ojos para poder ver, de taparse los oídos para escuchar, de sellar los labios para cantar.

El tiempo corre veloz, incansable, atlético junto a mí. Me reta burlón, ganador sempiterno de nuestras vidas. No quiero alcanzarle, sé lo que hay al final de esa carrera, y ese es un viaje que deseo emprender "ligera de equipaje".

Hasta el último día, cada día es una oportunidad.

Por un tiempo

26 nov. 2007

http://www.absolutely-nothing.co.uk/

Por razones de salud el blog permanecerá un tiempo "dormido". Felices sueños.


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19 nov. 2007

Preguntas y respuestas


Caminaba embutida en mi abrigo, con el cuello invisible, oculto entre las vueltas de la bufanda, las manos en los bolsillos. Contemplaba un paisaje gris: vías de tren, campos yermos, fabricas abandonadas. El abuelo iba a mi lado, con una chaqueta de tweed, una ligera bufanda, sombrero y guantes. Las manos a la espalda, creo que era incapaz de deshacerse de ese aire años cuarenta de su juventud.

Me miró de reojo, mientras caminábamos, y al cabo de un rato preguntó:

--¿Qué piensas, niña?

-- En nada... en todo.

--¿Y en concreto?

--En la empatía, o mejor dicho, en la falta de ella.

--Le das muchas vueltas a un mundo que ya por si sólo se encarga de girar constantemente.

--¿Es malo pensar?

--No, yo no he dicho tal cosa. Pero esa clase de reflexiones --por llamarlas de alguna manera--, sólo conducen a habitaciones vacías, sin puerta de salida.

--Quizá pensar sobre ellas abra puertas, abuelo.

--No lo creo, Elbereth. La condición humana es idéntica desde que tenemos memoria.

--¡Eso es muy negativo! ¿No hemos avanzado en nada?

--No lo sé, tú me lo estás preguntando, no afirmando...¿Tienes dudas?

--Contestamos una pregunta con otra...

--Quizá sean las únicas respuestas honestas que se puedan encontrar, aquellas que son una interrogación, pequeña.

--No soy capaz de sentir amor por el ser humano, abuelo, pero tampoco indiferencia. Sólo albergo sentimientos negativos, y sé que estos me rebotan en la cara.

Nos paramos, y el viejo miró al horizonte nublado, plomizo, cargado con una promesa de lluvia para el atardecer. Movió negativamente la cabeza a un lado y a otro, y clavó la punta de su paraguas en la tierra haciendo un pequeño agujero.

--¿Por qué necesitas respuestas, Elbereth?

--¿Tú puedes vivir sin ellas, abuelo?

--Yo sólo vivo con preguntas. Me facilita más la vida.

Callé, entendí lo que decía, pero era desolador para mí.

--Siempre has querido que los acontecimientos tengan sentido, pero independientemente de que lo tengan o no, esperarlo es poco inteligente.

Asentí, con la cabeza gacha, y esbocé una sonrisa cargada de lágrimas.

--No me gustan las lágrimas, nos hacen débiles, pequeña.

--Demasiada dureza es fragilidad, abuelo.

--¡Menuda estupidez! ¿Budista o algo así, me equivoco? Las religiones y filosofías están llenas de palabras bonitas, ninguna empírica las sustenta. Hay que estar hecho de un material muy duro para ver la muerte de tu familia por hambre o SIDA en África, para ver cómo secuestran a tus hijos y les ponen armas en las manos mientras te disparan. Para aguantar la tortura de cárceles invisibles, la represión de regímenes totalitarios, el miedo diario a un atentado, a morir en una explosión en medio de un mercado. Muy dura para seguir adelante cuando decenas de soldados te han violado delante de tu marido e hijos, muy dura cuando te casan a los once años con un viejo, cuando te mutilan, te castran y dejas de sentir placer para convertirte en una mula de carga... ¿Sigo?

--No estaba pensando en esos casos, abuelo.

--¿Y entonces en qué? ¿Crees que tu flexibilidad les habría ayudado a sobrevivir..? ¡Te quejas de vicio, niña! Soís una generación de egoístas, nadando en la complacencia y autocompasión.

Mi silencio le dio la razón.

--Nadie te pide que ames al ser humano, ni que mueras por él, sólo que no jodas a los que viven a tu lado. Con eso bastaría para arreglar este puto mundo.

--¡Dos tacos! ¡Eso es mucha empatía con el mundo!

--Eso es que me tienes harto y aburrido, nada más.

-¡Ni nada menos, viejo!

Once

17 nov. 2007

Soy una pésima crítica de cine. Sólo puedo decir que he visto Once y me ha gustado mucho. En el enlace está todo lo referente a la película que os servirá mucho mejor que mis palabras. Todas las canciones me han gustado, pero estas dos me parecieron increíbles.

Es sobria, sincera, honesta, con las palmas de la mano hacia arriba. Sin artificios consigue emocionar en cada escena, desde la primera hasta la última. Ya me contareis. Espero que os decidáis a verla, creo que no os defraudará.

If You Want Me



Falling Slowly



Pelea, pelea, pelea


Me hundí en el sillón de orejas del abuelo, aspiré el olor del cuero, mezclado con el de los libros y la pipa. Estaba en casa. El sueño me vencía, el cansancio más bien, sólo deseaba cerrar los ojos y dormir.

--¿Muy cansada, niña? Te he preparado azúcar quemada, tómatela.

--¡Uff! Muy dulce abuelo.

--Sí, es posible que tengas una reacción alérgica a la dulzura, teniendo en cuenta ese carácter tuyo, pero creo que deberías arriesgarte, por el bien de tu salud.

--¡Qué mala leche tienes! Estoy enferma, deberías compadecerte una migajita de mí.

--No es mi estilo, niña, ya lo sabes. Sin embargo, reconozco que es la vez que peor te he visto; quizá debiéramos hablar de tu testamento. ¿Lo tienes hecho, hija?

Abrí mucho los ojos, pero no conseguí incorporarme ni un poquito. El cuerpo no respondía.

--¿Y tu has elegido tu ataúd, abuelo? Me resultaría insoportable meterte en una cajita de madera que no sea de tu gusto, me quitaría el sueño por las noches.

El abuelo achicó los ojos e hizo una mueca torcida con los labios, creo que quería ser una sonrisa. Me señaló con su dedo índice.

--Niña, con esas formas no conseguirás una buena reencarnación. No es forma de tratar a tu pobre abuelo.

-¡Pero si tu eres ateo!

--¡Ya, pero tú no! ¡Tomate esa maldita azúcar quemada de una vez, pesada!

--Abuelooooo.

--Elbereth, no hagas eso, lo detesto.

Callé y bebí.

--¿En qué piensas, pequeña?

--¿Sabes que creo que sólo para ti sigo siendo pequeña?

--¿Y eso es malo?

--No, todo lo contrario, es un alivio. Cuando creces, cuando te haces mayor, nadie te permite volver a ser pequeño. Los viejos son como niños pequeños, pero repudiados, ¿no crees? Todo el mundo ríe y disculpa la tiranía de los niños, pero con los viejos nos volvemos intransigentes. Somos crueles.

El abuelo sonrió, esta vez sinceramente.

--Es fácil identificarse con los pequeños, tienen futuro, pero los viejos sólo tenemos pasado. Y hoy en día, el pasado es algo que no interesa a nadie.

--Es una forma más de ignorancia. Cuando los viejos nos molestan los metemos en una de esas residencias y los olvidamos. ¿Tienes miedo de que te ocurra eso, abuelo?

--¿Tú lo tendrías, Elbereth?

Callé, imaginé la situación. Hijos que no encuentran la forma de cuidar a la madre o el padre, que no hallan el espacio donde puedan convivir juntos.

--Yo lo tendría, sí. ¿Es cierto que los esquimales se deshacían de sus ancianos cuando se convertían en una carga?

--Quizá eran ellos los que tomaban la decisión y no los hijos. No lo sé, niña.

Se produjo un silencio profundo, cada uno de nosotros perdido en sus cavilaciones. Dirigí la mirada a la ventana y ví cómo los árboles se mecían huyendo del viento, a un lado y a otro.

--Tiene que ser duro verte reprendido por tus hijos, perder su respeto, convertirte en una carga. Creemos que nada tenemos que aprender de nuestros abuelos. ¡Lástima!

--Así es, no lo vas a cambiar. Olvídalo.

--¡Parece que la vieja sea yo! Nunca pareces tener miedo de nada, abuelo.

--El miedo es inútil, y lo que es peor inutiliza el resto de los pensamientos. Es un parásito.

--Cuando sea mayor quiero ser como tú.

--Hija, ya eres mayor, y me temo que nunca podrás ser como yo. Triste, cosa de genética imagino.

--¡Abuelo!

--¿Qué?

--Nada...

Moví la cabeza negando y cerré los ojos. El abuelo clavó en mí su mirada.

--Realmente estás enferma pequeña, no encuentras las palabras para maldecirme.

--Quizá no quiera utilizarlas, viejo.

--Elbereth: pelea, pelea, pelea. Se trata de sentirte vivo hasta el último día. No pienses tanto, actúa sin más.

--Mejor vivir de traumas que no de frustraciones...

--Vivir, niña, vivir sin más...

--¿El whisky será malo para la bronquitis, abuelo?

--Prueba a ver...

¿Todo o nada?

16 nov. 2007

Era uno de mis grupos preferidos: Small Faces, no paraba de poner el disco una y otra vez; la aguja debió de rallarlo... El vídeo me gusta, me arrancan una ingenua sonrisa esos chicos caminando tan seguros de sí mismos.

El título: Todo o nada. Quizá con el tiempo uno disfrute con un poquito, e incluso sea feliz. Pero eso es ahora, entonces tenía que ser así: todo o nada.





Magníficos Spencer Davis Group, decir que esto es música "viva" es una obviedad. Espero que la disfrutéis, tanto como yo. Keep On Running y su letra...





Es el Destino...

14 nov. 2007


Lea camina despacio, adormecida por sonidos oscuros, paridos durante la noche preñada de pesadillas, fantasmas y vampiros. Asesinos y violadores. Polícias y niños ricos sin alarma en el despertador.

Sube a una de las escaleras mécanicas del metro. Se deja llevar, imperturbable, las manos en los bolsillos, la espada oculta por el largo abrigo negro, la capucha cubriéndole el rostro. Nada delata su tensión salvo la dilatada púpila de sus ojos.

Dos escalones antes del final, salta al andén vacío. Unos fluorescentes parpadean, creando un escenario de sombras chinescas, los extractores de aire junto con un altavoz acoplado y chisporroteante son las únicas voces en el subterraneo.

Gemidos ahogados de una pelea llegan desde la boca del túnel.

--¿Vas a intervenir?

Lea gira lentamente la cabeza, dejando sólo parte de su perfil a la luz. Sonríe con los ojos, ve al warg sentado sobre sus patas traseras, la cabeza echada hacia delante, olfateando su cuerpo.

--¿Crees que debería, Eihwaz?

--¿Por unos humanos? No, por supuesto que no. Tu costumbre de intervenir en sus asuntos es más que censurable.

--Para ser una bestia hablas con una correción exquisita.

--Para ser humana pareces noble. Deber ser por tu parte no humana, ¿no es cierto?

--No van ofenderme tus palabras, warg.

--No lo pretendía. Ofender es cosa de hombres, tú lo sabes muy bien.

--Hace tiempo que no sé nada, amigo. ¿No vas a acercarte para que te acaricie?

--¿Con esa espada colgando de tu cintura?

--Ja, ja, ja--. Lea abre su abrigo y deja al descubierto una espada corta, afilada y brillante, con una luz blanca parpadeante recorriendo unas sútiles runas. La empuñadura es de cuero negro salpicada de manchas oscuras, quizá de sangre.

--¡Criatura, que obsoleta eres! Todavía llevas eso. ¿No has pensado en algo más acorde a estos tiempos? Como un arma de fuego, de esas que escupen al mismísimo demonio por la boca. Sería más efectiva.

--No hay nobleza en esas armas.

--Da igual como mates, te corrompe de la misma manera. Mírame, mis colmillos no han cesado de desgarrar carne vil, pero eso no me ha hecho mejor.

Lea levantó la cabeza y miró a la muchacha que estaba detrás del warg, unos pasos más atrás.

--¿Quién es ella?

Eihwaz sonrío. Lea sabía que aquella mueca en la quijada y el movimiento de los colmillos era una sonrisa.

--¿Te resulta familiar?

--No debería estar aquí. Lo sabes.

Lea hizo un gesto suave con la cabeza y la chica se acercó lentamente, con timidez... No. Con respeto, pensó. Al llegar a su altura hizo una leve inclinación de cabeza y miró después al warg, en espera de alguna orden que no llegó.

--¿Por qué las has traído?

--Para que aprenda. No me queda mucho tiempo.

--No creo que sea la indicada para continuar con tu trabajo.

--No entiendes, es el Destino.

--Esto está fuera de su mundo.

El warg se lamío una pata, con intencionada lentitud. Era su forma de hacerle saber que poco le importaba lo que ella opinara.

--¿No estarás pensando en atacar los tres a la vez?

--Lea, Elbereth se encargará...

Silencio. Lea apretó la mandíbula con fiereza.

--No lo consentiré, warg...

--Ya es tarde... mira a tu espalda, estás perdiendo facultades amiga.

Lea se giró bruscamente y vió como la muchacha, con cada paso que daba hacia la boca del túnel, abría la puerta --las mil puertas--, al Otro Lado. En ningún momento dudó, llevaba una espada --¿era su espada?-- desenvainada y atravesó con ella la Oscuridad.

Cuando hubo acabado con los hombres, se volvió hacia ellos. No había sed en su mirada, ni triunfo, ni pasión, sólo una seriedad desconcertante, imposible de juzgar.

--Te lo dije, Lea. Es la indicada.

--¿Donde la conociste?

--Se cruzó en mi camino...

--Já... ¿En este o en el otro mundo?

--Deberías dejar de discutir. Tenemos trabajo qué hacer.

El warg miró a Lea y se dío la vuelta airosamente. Lea juraría que había hecho un gesto parecido a: ¡ahí tienes eso!.

Miró su cintura y vió la espada colgando de ella. ¿Alguna vez había estado fuera de su sitio?

Vida enferma

13 nov. 2007

La enfermedad es una escalera empinada, sinuosa, y resbaladiza; que en ocasiones --muchas-- conduce a la muerte. Cuando somos jóvenes es fácil subir intrépidamente los escalones de dos en dos, o mejor aún bajarlos a saltos, riendo alocadamente mientras estamos en el aire.

Pero el tiempo, presente aunque invisible en cada proceso de la vida, nos enseña que la enfermedad es una dama rencorosa, con halitosis y mueca torcida en los labios. Cuando caemos abatidos por cualquier enfermedad, el mundo frena en seco al instante. Quedan en suspenso --sin gravedad, colgando en el vacio-- proyectos, viajes, risas, comidas... Nuestra mente gira compulsivamente entorno al dolor. Cada gesto, movimiento, palabra tiene como meta acabar con el padecimiento, evitarlo, rodearlo, olvidarlo cual amarga pesadilla.

El sufrimiento físico, conlleva un deterioro psíquico. La mente se encoge ante los estímulos del dolor, queda arrinconada esperando el próximo latigazo iracundo que la deje maltrecha pero superviviente.

De una enfermedad larga y grave nadie llega a recuperarse del todo. El miedo al dolor queda impreso como marca de agua en nuestro cerebro.

Es por eso que los viejos siempre piden salud primero. En estos casos se me viene a la cabeza enfermos de la talla de Frida Khalo, creciendo erguida y desafiante ante su enfermedad, arrancando pinceladas de color insultante al gris sucio de su enfermedad. ¡Alma valiente, alma coraje!

No es mi caso.

Cada día crecen los instantes en los que miro la vida desde fuera: al otro lado del muro, de pie, con los brazos a los costados, quietos, agotada de participar febrilmente, repetitivamente. ¿No os habéis descubierto nunca hablando con otros y sintiendo que vuestras palabras y las de ellos estaban manoseadas, prostituidas por la más profunda de las banalidades? Yo sí.

Hay veces que desearía volverme sorda. Y enmudecer, y no ver, y perder el olfato, y que solo me quedaran las manos para agarrarme fuerte a las tuyas y abandonarme al roce de tus caricias.




Viajar a la Exosfera

28 oct. 2007




Los hermanos Joseph Michel y Jacques Étienne Montgolfier, nacidos en Lyon, demostraron al mundo el 21 de noviembre de 1783 que los sueños de los hombres están hechos de una materia incognoscible. Transcurrieron casi dos meses desde que el 19 de septiembre realizaran su apoteósica demostración, ante la presencia del Rey Louis XVI y la Reina Marie Antoinette, en Versalles.

En aquella primera ocasión, la tripulación la formaron: un pato, una oveja y un gallo. Los tres salieron ilesos y, seguramente, cuando fueron cocinados y comidos en la mesa de algun aristócrata, tuvieron el honor de perder el anonimato y ser devorados con el titulo de "los primeros viajeros" en surcar el cielo.

El primer "vuelo libre", es decir, sin que el globo esté anclado a la Tierra, fue tripulado por Rozier y el Marqués D'Árlandes. La expectación que los hermanos Montgolfier crearon fue tan grande como su sueño de volar. Un sueño universal que, hasta ese día, había sido intocable.

Me imagino como una espectadora más, entre el gentío vociferante, colorido y pintoresco que se ha acercado para ver el espectáculo. Miro detenidamente el globo, y pienso que se asemeja a mi alma en su funcionamiento.

Su bolsa de tejido resistente e impermeable es la coraza que me protege, la tela que viste la desnudez de mis sentimientos, volviéndoles privados y, sobre todo, seguros. La cesta o barquilla adosada mediante una red, es el lugar dónde mi cuerpo descansa, dónde invito a subir a aquellos a los que amo, mi mirador privilegiado de la vida.

El globo se eleva gracias a la fuerza ascensional proporcionada por un gas más ligero que el aire. La masa gaseosa se halla en el interior de la bolsa y puede ser regulada térmicamente mediante la llama de un quemador. ¿Cuál es el gas que eleva mi alma? Seguro que sus componentes son los sueños mantenidos contra viento y marea, las esperanzas sostenidas por la fe, el amor invicto ante los reveses de la vida. Y la válvula que manipula el gas y que permite su salida cuando se desea descender es mi prudencia --valor en desuso y con mala reputación en nuestros días--, mi respeto por los otros, mi sentido del equilibrio.

Pero para que un globo vuele hay que recordar el principio de la hidrostática de Arquímedes, según el cual un cuerpo experimenta un empuje ascendente igual a la diferencia de peso entre el del aire que desaloja y el suyo propio. Y entonces pienso que si no soy capaz de igualar ese peso en mi vida, no seré capaz de ascender; porque La Naturaleza parece saber siempre, de forma clara e intuitiva, que es lo que tiene que hacer para sobrevivir. Sin embargo, yo me pierdo en teorías que se descoyuntan en la práctica --¡Eureka!--.

Luego está el lastre, el piloto lo utiliza para ascender. ¿Pero que pasaría si yo no fuera capaz de desahacerme de incómodos, pesados y estériles sentimientos? Me arrastrarían, provocarían mi caída, me aniquilarían. A veces --muchas-- es necesario coger un cuchillo afilado y romper las cuerdas que nos impiden volar. Veo esos sacos de lastre y me imagino que cada uno de ellos tiene un nombre propio: rabia, rencor, desilusión, miedo... Y cuando estás allá arriba, a cientos de metros de distancia del suelo, si no eres capaz de tirar el lastre; te estrellas.

Creo que eso es lo que me está pasando. Acumulo un peso inútil en mi barquilla, soy la causante de mi propia inmovilidad. Necesito volar, alejarme de la gravedad de la Tierra, dejarme balancear por los vientos, asumir que el control funciona cuando hay una parte dejada a la inercia.

Y entonces, ascendiendo más y más, ya no necesito un globo, ni alas. Mis brazos en cruz, mis piernas firmes, la punta de mis pies mirando al suelo, mi cabeza echada hacia atrás sin peso. Troposfera, Estratosfera, Mesosfera, Termosfera, Exosfera... del azul más oscuro al negro del Espacio. La velocidad de rotación de mi alma es imperceptible, pero real. Estoy fuera. Estoy dentro. Soy.

MARRONES HANDBOOK

25 oct. 2007


Amigos míos, esta es la primera entrada de una guía para conocer a fondo los "marrones " y como evitarlos... mañana más...

MARRONES: QUÉ SON Y CÓMO EVITARLOS
Este documento se encuentra en una versión preliminar antes de su remisión al ITU-B1 (International Telecommunications Union - Brown Group) para la confección de las pertinentes recomendaciones.
Se ruega a todos los miembros del Brown MoU Group que colaboren en la medida de lo posible con todas las aportaciones y/o correcciones que consideren oportunas.

Este documento será actualizado periódicamente por los miembros del Brown MoU Group. Las aportaciones podrán enviarse a la siguiente dirección de correo electrónico: “brown@XXX.es”

1 DEFINICIÓN DE MARRÓN

Un marrón “brown” es todo aquel trabajo que nadie desea realizar.
Dependiendo de la situación desde la que se observe, el marrón puede tomar distintas connotaciones:

1.1 Desde el Punto de Vista del Jefe
Es aquella tarea de suma importancia para el desarrollo estratégico de la empresa que ha de ser realizada con el máximo esmero y en el menor plazo posible.

1.2 Desde el Punto de Vista del Empleado
Es el hartarse a currar, normalmente como consecuencia de la última idea genial del jefe, con un trabajo que no suele servir para nada, pero que debería estar listo ayer. Agravantes que pueden darse en un marrón:

• Urgencia
• Nocturnidad
• Alevosía
• Recochineo

2 CÓMO RECONOCER UN MARRÓN

En general, los marrones se reconocen inmediatamente, pero por si el lector es aún novato en estas lides y tiene dificultades en reconocerlos, se dan a continuación algunas pistas:

Introducción: Por regla general, la introducción del marrón suele llevarse a cabo por medio de frases del estilo de: “Oye, tú no tienes nada urgente que hacer, ¿verdad?” o “Mira, ha surgido una cosa que hay que resolver esta misma tarde”.

Síntomas: Una vez que el marrón ha caído encima, se le puede reconocer por los siguientes síntomas:

• Nerviosismo y desasosiego.
• Ojeras, dificultad para conciliar el sueño.
• Mala leche, en función del tipo y plazos del marrón.
• Incremento desusado en el número de visitas que tu jefe hace a tu puesto para ver “qué tal...”.
• Aumento alarmante en el consumo de café.
• Salida de la oficina a horas intempestivas con la inquietante sensación de que uno va a casa de visita.

La prueba del nueve: Si, pese a las indicaciones anteriores, el lector aun no tiene claro sí lo que le ha caído encima es un marrón, puede llevar a cabo la llamada prueba del nueve del marrón: solicítese ayuda a un compañero referente al marrón objeto de sospechas. Si el compañero responde con alguna de las siguientes
evasivas:

• “Es que yo no sé nada de eso”.
• “Es que estoy muy ocupado” (cuando ostensiblemente se ve que no está haciendo nada).
• “Mira, a mí no me líes”.

puede estarse plenamente seguro de que uno se está enfrentando a un auténtico y genuino marrón.

Los sentidos engañan

23 oct. 2007



El día comenzó de noche. Aún el sol seguía durmiendo a pierna suelta en algún confín del universo mientras yo me dirigía al trabajo. Miré al cielo, y vi un avión a punto de chocarse con una estrella. O eso parecía. Luego recordé que la distancia que separaba esos dos cuerpos era inconcebible para mi. Los sentidos mienten. El de la vista el que más.

El resto del día fue un duro frenesí laboral. Empezando por el metro: lo confieso, tengo ataques de marcialidad, y me veo con un silbato en la boca colocando viajeros dormidos y sin duchar --argh-- dentro del vagón de forma lógica y no atravesados de las formas más picassianas posibles. ¡Nunca lo entenderé! Parece que cayeran cuerpos de algún cielo cabreado, despojados de sentido común y se colocaran como las piezas de una nefasta partida de Tetris.

El trabajo es como una carrera de ciclistas, pero de esas que se hacen en un velódromo, circuito cerrado, cronometro neurótico y demás. ¡Corre, corre, corre! El trabajo sólo corre prisa cuando está en mi mesa, mientras está en las mesas del resto le sale tripón de las siestas que se echa.

La comida no es mucho mejor. Hoy le pedí a un camarero --por despiste-- que echara especias en mi comida. Menos mal que el andaba más descentrado que yo, y asumió --no me preguntéis porqué-- que para mí las especias eran queso. ¡Y todos tan contentos!

Y para terminar la jornada, otra carrera para coger el tren de regreso --estoy pensando apuntarme a las Olimpiadas de "Asalariados del extraradio"--. Ahora mismo estoy escribiendo esto que leeís, sentada en un vagón traqueteante. He decido sacrificar mi lectura de este atardecer para escribir, aunque sean estas caóticas palabras.

Levanto la cabeza y observo como el paisaje se vuelve más oscuro. Los días se acortan, ¿lo habéis notado? También huele diferente, la noche tiene otro olor al del día. Pero esto me lleva al comienzo de mi jornada: los sentidos engañan.

Me ha venido la imagen de una foto en el periódico: metro de Barcelona, un hombre agrede a una mujer por ser inmigrante. El sentido de la justicia no me engaña. O quizás sí.

Me olvidé de quien soy...Alzheimer

21 oct. 2007


Pascual Maragall ha reconocido que sufre la enfermedad de Alzheimer. Mi padre sufre demencia a causa del Parkinson, con síntomas muy similares.

Saber que vas a morir mucho antes de que lo haga tu cuerpo tiene que ser angustioso. Porque en la primera fase eres consciente de la enfermedad, es una crónica de tu muerte anunciada.

Me digo a mi misma que en el caso de padecer una de esas enfermedades degenerativas, desearía ser capaz de poner fin a mi vida, de suicidarme. Pero no me engaño, eso lo pienso desde este ahora, repleto más o menos de salud; llegado el momento no sería capaz de hacerlo. No puedo dejar de asombrarme por ese instinto de supervivencia cruel y dañino que domina nuestros genes.

Recuerdo siempre las palabras de Ernesto Sábato en su novela "Abbadón el Exterminador", donde uno de los personajes le pregunta a otro: "¿cuántos se suicidaron en los campos de concentración?". ¿Cuántos? Poquísimos, si pensamos en las circunstancias que les rodeaban. ¿Cuántos en Etiopía deciden quitarse la vida antes de morir a manos del SIDA o del hambre?

Sé que estos son pensamientos confusos. No soy capaz de ponerles más orden. Quizá la idea que da vueltas a mi cabeza hoy --vistiéndome con un turbante de incertidumbres--, es que desearía morir con dignidad.

Me parece injusto que se nos despoje de nuestra pequeña y temporal consciencia mientras aún estamos con vida. Desearía que hubiera un dios o diosa con el que pudiera encararme, y levantar mi puño ofendido. Les diría que ya es suficientemente absurdo vivir y morir, como para que encima nos dejen desnudos antes del fin. Pero no hay dioses, eso es lo que más rabia me dá.

No me gustan los domingos, están cargados con el peso de los lunes.


Una dolencia

20 oct. 2007



Xavier Villaurrutia
Amor condusse noi ad una morte, de Cantos a la primavera y otros poemas


Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.
Amar es reconstruir, cuando te alejas,
tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia.

Amar es no dormir cuando en mi lecho
sueñas entre mis brazos que te ciñen,
y odiar el sueño en que, bajo tu frente,
acaso en otros brazos te abandonas.

Amar es escuchar sobre tu pecho,
hasta colmar la oreja codiciosa,
el rumor de tu sangre y la marea
de tu respiración acompasada.

Amar es absorber tu joven savia
y juntar nuestras bocas en un cauce
hasta que de la brisa de tu aliento
se impregnen para siempre mis entrañas.

Amar es una envidia verde y muda,
una sutil y lúcida avaricia.

Amar es provocar el dulce instante
en que tu piel busca mi piel despierta;
saciar a un tiempo la avidez nocturna
y morir otra vez la misma muerte
provisional, desgarradora, oscura.

Amar es una sed, la de la llaga
que arde sin consumirse ni cerrarse,
y el hambre de una boca atormentada
que pide más y más y no se sacia.

Amar es una insólita lujuria
y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos,
dejar que el sueño invada nuestro cuerpo
como un río de olvido y de tinieblas,
y navegar sin rumbo, a la deriva:
porque amar es, al fin, una indolencia.


Arrugas

18 oct. 2007

Mi alma es de lino, al más mínimo revés emocional se arruga.

Si la ponen un centrifugado a demasiadas revoluciones termina hecha un giñapito. Por mucho que los besos y los abrazos la estiren y tiendan al sol, para plancharla hará falta mucho vapor.

Otras veces, los reveses de la vida le hacen dar vueltas en prelavados y lavados, con caústicos jabones que no son capaces de quitarle las profundas manchas que dejan las decepciones.

Los suavizantes no sirven de gran cosa. Quizá den buen olor, pero cuando mi alma se ha secado en el tenderero diario de la rutina, ni rastro queda de las banales y fugaces fragancias.

¡En fin! Que las arrugas de mi alma son profundas, y encima en los viajes ya se sabe que la ropa se arruga mucho dentro de las maletas.

¿De qué tejido es vuestra alma?

Círculos...

17 oct. 2007

¿Cómo saldrías de un círculo?

¿Saldrías?

¿Sabrías que estás en un círculo?

¿Les dirías a otros dónde están?

¿Si no pudieran salir del círculo, les mentirías?

¿Te quedarías dentro del círculo por ellos?

¿Los viajes al centro del alma se realizan en círculos?

P.D..Si todavía tenéis la cabeza encima del cuello...Resetear

Mi cabeza...

16 oct. 2007

Hoy mi cabeza pesa tanto que no soy capaz de mantenerla erguida. Se me cae hacia delante, hacia atrás, a un lado, al otro... ¡Qué estrés! Es incómodo, no hay duda. Así no puedo trabajar. He decidido arrancarla del cuello, tirando con fuerza --me ha costado un poco, todo hay que decirlo--, y la he dejado en una esquinita de mi mesa. Queda peor que una planta, pero mejor que en mi cuello, flácida.

He tenido la genial ocurrencia de rodear mi cabeza de pequeños imanes, para que en el caso de que alguna idea se viera tentada a salir y dar un paseíto, se viera atrapada. Todo esto funciona --elemental-- porque mis ideas son de hierro, oxidado, pero hierro.

Los viajes al centro del alma se hacen en clase turista. Y por llevar la cabeza en un bolso aparte, me cobran suplemento.

Y si esto parecen chorradas, posiblemente tengáis razón. Casi seguro.

Voy a meter la cabeza debajo de la almohada.

Mi viaje...

14 oct. 2007



Entre Siempre y Jamás

11 oct. 2007


Salgo de viaje.


Es un viaje en busca del centro de mi alma, en busca de mi voz y mi silencio.


Gracias a todos: por leerme, por comentarme, por escucharme. Por apoyarme, por contradecirme. Por hacerme reír , por hacerme llorar.

Seguiré pasándome y dejaré una postal de mis pensamientos en el blog, contándoos como va mi viaje...

Y volveré. Porque me gusta compartir con vosotros mi vida. Cuidaros.


Hasta pronto.




Entre siempre y jamás de Mario Benedetti

Entre siempre y jamás
el rumbo el mundo oscilan
y ya que amor y odio
nos vuelven categóricos
pongamos etiquetas
de rutina y tanteo

-jamás volveré a verte
-unidos para siempre
-no morirán jamás
-siempre y cuando me admitan
-jamás de los jamases
-(y hasta la fe dialéctica
de) por siempre jamás
-etcétera etcétera

de acuerdo
pero en tanto
que un siempre abre un futuro
y un jamás se hace un abismo
mi siempre puede ser
jamás de otros tantos

siempre es una meseta
con borde con final
jamás es una oscura
caverna de imposibles
y sin embargo a veces
nos ayuda un indicio

que cada siempre lleva
su hueso de jamás
que los jamases tienen
arrebatos de siempres

así
incansablemente
insobornablemente
entre siempre y jamás
fluye la vida insomne
pasan los grandes ojos
abiertos de la vida.



No soy escritora

No soy escritora, tampoco lo pretendo. Juntar las letras una tras de otra para que formen una palabra, las palabras una frase, las frases una idea: es sólo un paracaídas para el desorden de mi cabeza.

Lo he repetido tantas veces que creo que es cierto: escribo para exorcizar mis demonios. Rellenar un folio es como echarles agua bendita a los vampiros que andan sueltos.

Empecé a escribir temprano, sí, pero ha habido épocas en las que no he escrito ni una sola línea. Creo que ese es el motivo por el que sé que no soy escritora. Sólo escribo, como muchos otros. No es falsa modestia, sólo plena consciencia de la realidad.

Tampoco me preocupa. Ahora apenas miro al pasado, quizá porque sé que no es necesario. Nadie se deshace de aquello que ha dicho o hecho, lo lleva cargado a las espaldas, y si miras tu sombra en la pared, aunque esquiva, ahí está, una joroba.

Con el presente apenas se puede vivir, el tipo es más escurridizo que una anguila, en cambio te pasas la vida viviendo con el pasado a cuestas. ¡Y no veas si cansa! Así que yo pienso que es mejor llevarse bien con él. Ignorarlo es como ponerte una venda en los ojos e ir dando palos de ciego. Negarlo es peor, cuando menos te lo esperas, te salta al pecho y se te agarra como una garrapata. No señor, no, yo al pasado le ofrezco un whisky y me siento a charlar con él. Nunca estamos del todo de acuerdo, bien es cierto, pero al menos llegamos a aquello de “vive y deja vivir”.

El futuro…bueno, ¿qué se puede decir de él sin temor a equivocarte? Cuando tenía veinte años, era el único tema de conversación, al presente apenas le prestaba atención y el pasado no tenía color. Ahora, sin embargo, cuando estoy sentada en el salón con el pasado, y suena la puerta, nos miramos, pero no me levanto.

--¿No piensas abrir, Elbereth?

--¿Al futuro? Creo que no, tiene llave, no sé para que llama.

El pasado me mira indiferente, y eso está bien, uno de nuestros tratos es que dejemos a un lado los sentimientos de culpa. No practico el remordimiento.

¿Y todo esto a que venía? ¡Dios, ni la menor idea! Creo que quería decir algo como que el pasado no me molesta, el futuro ya vendrá, y que el presente es en realidad mitad pasado, mitad futuro… pues eso.

¿Por qué corro?

Corro por una carretera desierta. Descalza, con la luna de frente, reposando sobre un horizonte sin estrellas.

A ambos lados el desierto. Allí es mediodía, y dos soles, uno a mano derecha y otro a mano izquierda, calientan la tierra. Un lagarto reposa sobre una roca, cuando me ve pasar saca su bífida lengua. ¡Imposible competir!

De frente, un búho vuela bajo, directo hacia mí. Me agacho, por un momento se sale de la carretera y una de sus alas queda expuesta al Sol. Algunas plumas se queman, y caen al suelo. Una cigarra canta fuera; dentro la brisa de la noche se enreda en mis pies.

¿Por qué corro? ¿Estoy huyendo?

Corro para no tener que parar. ¿Y si paro? Quizá el Sol me alcance. Quizá mi piel se queme, y quede aquí tirada.

Pero tengo sueño. Las ampollas de mis pies han reventado y manchado el asfalto. Debería parar y descansar. Al fin y al cabo no sé adónde me dirijo. Me dejo caer sobre el suelo. No puedo más.

De pronto, un temblor, y la Luna se tambalea en el cielo. Se descuelga bruscamente, y viene por el medio de la carretera, hacia mí rodando. Si me aparto el Sol me atrapará, si me quedo la Luna me aplastará. ¿De cuántos minutos dispongo?

En ese momento, una bandada de búhos me coge por los hombros y me elevan al cielo. ¡Estoy volando! Veo la luna pasar justo donde un momento antes reposaba mi cuerpo.

Antes de que pueda reaccionar, me vuelven a soltar. Un ligero encontronazo con el suelo.

La Luna se sale de la carretera y penetra en el desierto. A su paso las temperaturas bajan, y el sol sale corriendo sin mirar atrás, el lagarto se mete debajo de la roca.

La Luna comienza a dar saltos, cada vez más altos. Al fin, coge la suficiente altura para agarrarse al cielo. El Sol la mira estupefacto. Tiene miedo, se lo noto. Se echa un poco a la derecha para dejarla espacio, pero no las tiene todas consigo, está claro.

El satélite se arrellana en el firmamento, saca culo, y allí se queda, en pleno día. La carretera ahora –-con la marcha de la Luna-- se ha quedado a oscuras.

Un ciervo perdido alza su cabeza y mira acongojado al infinito.

Tomo una decisión. Llamo a los búhos.

--¿Podéis subirme allá arriba?

De nuevo me alzan por el aire, cojo impulso y de un salto me coloco en la bóveda celeste.

Al menos ahora dejaré de correr.

Hoy es uno de esos días..

Moonlight

Hoy es uno de esos días en los que no sé de qué escribir. El cansancio me vence. Me aburro a mí misma y eso me da miedo.

Recuerdo que con trece años me quedaba pasmada delante del espejo descubriéndome. Ahora ni me miro, paso de refilón ante él, un vistazo de reojo me basta. Me tengo muy vista.

De pequeña el tiempo era perezoso, caminaba tranquilo a mi lado, extendiéndose las horas ante mí. Podía hacer de todo en una tarde: jugar con los peluches, untarme varios panes con mantequilla y azúcar, leer de nuevo todos mis cuentos, y aprender a leer las manecillas del reloj. ¡Ahora ni con dos meses fuera del trabajo conseguiría sentirme descansada!

Y hay algo más, algo que consigue enervarme profundamente. Mi capacidad de sufrir sigue intacta. ¡Es una vergüenza!

Las dudas existenciales han quedado sin resolver, ni una sola respuesta digna me he topado por el camino. Por el contrario, han surgido multitud de nuevos interrogantes, y con el tiempo que me queda de vida, dudo que vaya a encontrar la respuesta a uno sólo de ellos.

Pensé que llegaría a comprender a mi madre y a mi padre. Pero no ha sido así. De hecho, cada fin de semana que les veo, me pregunto si me habrán adoptado y nunca me lo han dicho.

Cada año soy más vieja, pero por dentro me siento muy pequeña. A veces creo que me voy a mirar en un espejo de la calle y me voy a ver vestida de uniforme y con calcetines. ¡Ya quisiera!

Hoy es uno de esos días en los que la autoestima me pregunta si nos han presentado alguna vez. A lo que yo digo que no, pero que estoy dispuesta a conocerla y a lo que ella me contesta que no acepta invitaciones de desconocidos.

Hoy es uno de eso días en los que echo de menos a mi perra, pasear con ella por el campo, llamarla cuando se va demasiado lejos, y darle tantos achuchones como ella a mí lametazos.

Hoy es uno de esos días: como el borrón de tinta en un cuaderno de doble línea, o una circunferencia mal hecha a causa de un compás que no para de bailar, una multiplicación equivocada, una falta de ortografía en una invitación de comunión.

Hoy es uno de esos días en los que necesito pasarme la goma de borrar y volverme a dibujar.

Sobre Héroes y Tumbas

Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas. Los rostros invisibles II. Capítulo VIII.


-Creo que la verdad está bien en las mátematicas, en la química, en la filosofía. No en la vida. En la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza.

(...)

La realidad es infinita y además infinitamente matizada, y si me olvido de un solo matiz ya estoy mintiendo. Ahora, imagínese lo que es la realidad de los seres humanos, con sus complicaciones y recovecos, contradicciones y además cambiantes. Porque cambia a cada instante que pasa, y lo que éramos hace un momento no lo somos más. ¿Somos, acaso, siempre la misma persona? ¿Tenemos, acaso, siempre los mismos sentimientos? Se puede querer a alguien y de pronto desestimarlo y hasta detestarlo. Y si cuando lo desestimamos cometemos el error de decírselo, eso es una verdad, pero una verdad momentánea, que no será más verdad dentro de una hora o al otro día, o en otras circunstancias. Y en cambio el ser a quien se la decimos creerá que ésa es la verdad, la verdad para siempre y desde siempre. Y se hundirá en la desesperación.

El cielo está enladrillado

9 oct. 2007


Comic by ~Nikiu

El cielo está enladrillado, ¿quién lo desenladrillará?

Nadie. No me voy a mentir, nadie. Más bien al contrario, seguro que hay un montón de tipos con un saco lleno de ladrillos. Al acecho, para meterlos en el primer hueco de cielo azul que yo consiga despejar.

Me cago en todo el mundo. Sí, así de sencillo.

Empezando por mi madre que me hizo creer que existía el príncipe azul. ¡Me cago en todo! Ni azul, ni verde, ni marrón cagao.

Siguiendo por mi padre, que me hizo creer que si luchaba por lo que creía sería una persona feliz. Esto es peor que lo del príncipe multicolor. No solo no soy feliz, sino que acumulo una mala leche contra la humanidad de aquí no te menees.

Los profesores también tuvieron su parte. Si, ya lo creo. No me advirtieron de que para ser mujer, a pesar de todas las liberaciones de mi sexo, lo fundamental era estar buena y ser discretisimamente inteligente. Y dulce, sin quejas, sin malas caras, sin... vida propia vamos.

Me cago en el mal criterio que tuve para escoger a mis novios. A cual más alejado del príncipe ese de armadura de plástico reciclado, que digo yo que al menos el vidrio le habría conferido algo de brilli brilli.

Me cago en la educación machista que recibí que me hizo creer que es mejor vivir en pareja que solo. Falacia absoluta, lo que uno tiene que hacer es conseguir mucho dinero para que cuando tengas muchos años y ningún diente, no te metan en una sórdida residencia de la tercera edad. Y que te cuide un enfermero fibroso y moreno, mientras agonizas en tu cama.

Me cago en mi empeño ridículo en creer que el amor salva cualquier distancia. Los únicos medios que salvan distancias son los de transporte. Y del público --transporte-- mejor no hablar, que ese es primo hermano del amor, siempre te hacen llegar tarde a los momentos de tu vida.

Me cago en la vida que lleva la condición impresa de la muerte. Me cago en la muerte que nunca se toma vacaciones.

Me cago en los cobardes, mentirosos, egoístas, egocéntricos, vanidosos, insulsos, y cortos de mente.

Me cago en los que les falta un hervor y en los que les sobra. En los crueles, en los avariciosos, en los abusadores, en los ladrones de carteras o de sueños, en los asesinos de personas o de almas, en todos aquellos que creen que pueden ir por la vida arrasando, pisando, y que todo lo que ellos hagan vale un potosí, y que todo lo que dicen y hacen es mejor que lo que dice o hace el tipo de al lado.

Y doy gracias por no tener licencia de armas, porque sino habría dormido en la comisaría por asesinato.

¡Feliz cumpleaños Susana! (con cuatro horas de antelación)

6 oct. 2007




Hoy es el cumpleaños de Susana, además de desearle que cumpla muchos muchos más, quería hacerle un pequeño regalo. Vigo está muy lejos de Madrid. Pero internet acorta distancias.

Gracias Susana, me alegro de haberte conocido, mucho. Este es mi regalo...espero que te guste.

Os dejo con lo mejor de Susana...y no es nada más que una pequeña muestra...

Junio del 2007...

Magníficas entradas con "Rusalka" de Dvořák..

EL PRÍNCIPE
- Hace una semana que estás junto a mí. Eres como una aparición y busco en vano tu misterio en el fondo de tus ojos. ¿Me dará el matrimonio lo que mi amor tanto desea?
¿Se encenderá tu sangre cuando te conviertas en mi mujer? ¿Por qué este abrazo helado? ¿Tienes miedo de arder de pasión? ¿Por qué cuando estoy en tus brazos me estremezco de angustia? En vano sofoco este triste sentimiento. ¡No puedo liberarme de tus abrazos, incluso aunque fueras cien veces más fría, deberías de ser mía, totalmente mía!.

Julio del 2007...

Palabras que nos tocan, que nos hacen pensar...

Vas

vienes
tropiezas
...................caes

Laméntate, sufre, llora
derrúmbate en el lecho de las miserias
permite que la oscuridad domine tus pensamientos
que la tristeza mueva los hilos que te someten
olvida el sentido de la vida, olvida la vida, olvida....

o
vive
levántate
colma tus pulmones
aprecia los latidos de tu corazón
siente las caricias de la luz sobre tu tez
congela las lágrimas para cuando las necesites
escucha serenamente el sonido incesante del tiempo
acepta tus derrotas y comparte las victorias
regala sonrisas en tus peores pesadillas
abraza cada sentimiento infantil
besa con el mismo ímpetu
muestra las arrugas
asimila errores
disfruta
ríe


Agosto del 2007


Susana nos contó una historia que me tuvo en jaque hasta el final... Lo tituló "Sólo una historia.."

Unos minutos después, la menestra está al fuego casi lista, coge la sartén para hacer a la plancha los filetes y enciende el otro hornillo. En la radio suena una canción de Michael Bublé, sus hombros realizan pequeños movimientos rítmicos, a los pocos segundos le sigue su pierna tambaleándose por el meneo del pie, sus caderas sesean contagiadas por su cuerpo y ladea la cabeza levemente de un lado a otro, mientras se muerde el labio inferior de forma automática e inconsciente, gesto que le acompaña desde pequeña. Durante un instante piensa en el chico del coche y se ve a sí misma, como si se despegara de su cuerpo para observarse desde fuera, lo que le hace gracia, para acto seguido verse reírse sola.

Septiembre del 2007

Mi Angel...relato con el que me volvió a llenar el corazón de emociones...

Salimos a dar un paseo, mientras charlaba tranquilamente contigo sentí, de repente, tu mano rozando la mía, delicadamente, con miedo ante la desconocida reacción, pero ante la falta de resistencia me la sujetaste con fuerza. No nos miramos, seguimos hablando como si nada, pero nuestro pecho sentía que le faltaba espacio para ocupar el corazón que bombeaba con la fuerza de una embestida.


Octubre del 2007

¡Por supuesto, no podía faltar! Un meme... y como ella misma dijo ¿por qué no?

Y yo le pregunté...

1) ¿De que te arrepientes más en tu vida? ( ¡¡¡y no me vengas con eso de que tu no te arrepientes de nada, ni se te ocurra!!!!)

2)¿Qué palabras te quedaste dentro en "aquella" ocasión y hubieras deseado decir?

3)¿Dónde y haciendo qué y con quien te imaginas dentro de cinco años? ( lo de los cinco años no tiene una razón..jajaj


Y ella dijo...

Elbereth hay que ser justos, si yo os permito preguntar lo que queráis, también tengo derecho a elegir las respuestas, jajaja
1) De todo, si volviera a nacer lo haría todo de otra forma, porque tal y como lo he hecho tengo tantas cosas que arreglar que no me va a llegar el resto de mi vida!! Como sé que esta respuesta no te va a convencer, elegiré una en particular: Estoy muy arrepentida de no haber creado este blog desde el anonimato!!

2) No suelen quedarme cosas por decir, al revés, seguramente tenía que haberme guardado alguna, ajajaja.

3) Sólo espero que no sea en casa de mis padres, jajajaj. A ver eso es un 3en1!! Dentro de 5 años, día 2 de octubre de 2012 (coincide en martes), estaré de vacaciones (los 15 primeros días de octubre para celebrar mi cumple) en algún sitio donde no haya estado nunca, con un hombretón maravilloso que será mi pareja (uff mira que le hecho imaginación, jajaja).

¡Que tu deseo se cumpla! ¡Voilá!

¡Feliz Cumpleaños, Susana! Besos, abrazos, más besos, más abrazos, más y más besos, más y más abrazos....

Mecanicamente

5 oct. 2007

Me he dado cuenta de que, cuando como, lo hago mecánicamente. También cuando camino, o cuando duermo. Mi cuerpo se tiene aprendido el camino y comienza a andar sin aguardarme, sin echar la vista atrás. Y me pregunto: ¿se puede llegar a "sentir" mecánicamente?

La familia es un material perfecto para mis dudas. No sé si les quiero intencionada y deliberadamente, o respondo a emociones generadas en la infancia, implantadas en el útero materno.

Nos hacemos conscientes de lo que amamos cuando la posibilidad de perderlo es real.

Olvidamos que nuestro mundo se halla --constantemente-- al borde de la desintegración. Unas pocas palabras bastan para fragmentar la esfera cotidiana de sentimientos en la que nos movemos. Puedo ver miles de trozos esparciéndose por el universo, siendo absorbidos por un agujero de gusano y escupidos de nuevo en el otro extremo del tunel. Esos fragmentos, como fotogramas de nuestra vida, girarían vertiginosamente a nuestro alrededor y formarían una nueva esfera, después de un big-bang emocional...

Palabras que salen de la boca de un médico gris, envuelto en una bata blancoamarillenta, que con monótona cadencia nos dice que tenemos cáncer en la sangre. Otro --clon del primero--, sin mirarnos a la cara nos dice que hay que hacerse a la idea de que la demencia por Parkinson ha atrapado a nuestro padre, y no hay billete de vuelta.

Una voz femenina al teléfono nos pregunta si somos parientes... Ha habido un accidente en la autopista.

Otra voz --cascada, de hombre maduro-- se identifica como inspector de policía, y nos comunica que tenemos que pasarnos para identificar un cadáver.

Un semáforo en ambar nos hace dudar. Apretamos el acelerador, una niña sale de la nada y se queda paralizada en medio de la calle. Cambio de pie frenético: frena, frena, frena... ¿Demasiado tarde?

Un domingo en la feria, incesante ir y venir de personas. Llevas a tu hijo, o a tu hermano pequeño, cogido de la mano. Insiste en ver la noria. Le dices que no, pero no te hace caso y escapa de tus dedos. Intrépido, avanza entre un mar de rodillas y barrigas de cuerpos gigantes. Le pierdes de vista un minuto, quizá para siempre.

A partir de ahora nada volverá a ser igual.

Ya no habrá mecanismos que nos defiendan. La comida será intragable, el sueño será desterrado por el insomnio, caminaremos dolorosamente. Ampollas del alma, para las que no hay tiritas que valgan.

Y nos preguntaremos: ¿hasta cuando?, ¿para qué?, ¿por qué? Descubriremos que nuestra mente se ha puesto de parto, ha roto aguas y está pariendo sentimientos inéditos de carne y hueso.