Cerré los ojos y abrí los oídos

17 ene. 2007


Somos pequeñas ciudades, pueblos, y cada día que pasa, se cierran más caminos que conducen a nosotros. Se nos aísla, lentamente, así se evita la Rebelión.

Cada uno de nosotros tiene en su posesión no una, sino más de una razón para recordarle al mundo que existe. No todos somos marionetas. Algunos quedan capaces de moverse sin que alguien se lo diga.

Hoy por hoy, la mayoría de las manifestaciones son sólo marchas orquestadas.

Pero yo quiero manifestar mi disgusto. Quiero que se me vea, y escuche, pero sin que haya ninguna bandera interesada guiando mis pasos.

No deseo gritar slogans, ni llevar pancartas, sólo mi presencia en silencio.

Me paré en medio de aquella plaza, cercada por arcos de piedra. Cerre los ojos, y abrí los oídos y las palabras llegaron hasta mí:

"Mi vida se ha convertido de un tiovivo de colores en una rueda de molino. Se vive para trabajar. Hay que ser flexibles y aguantar, porque si te enfrentas, te dicen que hay muchos detrás de ti que ocuparán tu lugar".

"Sé que estoy desperdiciando el tiempo que me queda de vida. Y no sé cuánto es, ninguno lo sabemos. Las buenas intenciones quedaron en tentativas. Pero todavía estoy a tiempo".

"Me paso el día comprando cosas que no necesito. No hace falta que me siente delante del TV para saber que millones mueren de hambre, incontables padecen enfermedades, injusticias, violaciones, opresión. Me justifico a mí misma. Pero no hago nada, no confío en nadie, por tanto nadie me importa".

"Estoy sólo. Duermo sólo, como sólo, hago las compras sólo. Creí que el amor resolvería mi vida. Me equivoqué, el amor cavó un hueco en mi corazón, y me torció las comisuras de los labios hacia abajo. No creo en nadie".

"Toda una vida trabajando, criando hijos, cuidando del marido. Ahora una pensión mísera me obliga a pedir ayuda a mis hijos. Los hijos me llevan de mes en mes a su casa, y me soportan con hastío y mala conciencia".

"Me casé enamorada, creía que la familia era el abrazo respuesta a la vida. Con los años apenas veo a los hijos. Mi marido se pierde durante todo el día y no me dice adónde va, ni si va a volver".

"Estudié una carrera que decían tenía muchas posibilidades de futuro. Hoy gano un sueldo base, y apenas pongo en práctica aquello que estudié. A los jefes no les importa la calidad, sólo la producción barata y el acatamiento al orden establecido. Me dicen que tengo que considerarme afortunado".

"Estoy harta de entrevistas de trabajo donde esperan que recibas con gratitud un puesto de esclavo. ¿Dónde quedó el artículo de la Constitución donde dice que todos tenemos derecho a un puesto digno de trabajo?"

"Estoy cansado de que las personas, una vez que me han preguntado cómo estoy, no se esperen a escuchar mi respuesta".

"No me gustan las personas que se pasan el día quejandose en el trabajo, pero cuando viene el jefe, ponen buena cara por delante, y su bonito culo por detrás".

"Me entristece ver perros abandonados".

"Me asusta que las personas se preocupen más de los perros y los gatos que de los seres humanos que mueren cada día en el continente de abajo".

"Temo que me contamine la corrupción: esa que extendió su moho a la política, el ejército, la religión, los tribunales de justicia, la televisión, la radio, los periódicos, los colegios, universidades..."

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