Todos se convierten en uno. Tú.

28 ene. 2007

Hace poco tiempo que escribo un blog, desde diciembre del 2006 nada más. Al principio era reacia, sentía cierto pudor, y no podía apartar de mi cabeza la idea de que era muy vanidoso escribir algo así. Cuando me enteré por otros blogs de la votación del periódico 20 minutos, esta sensación se confirmó.

Escribimos para que nos lean. Para que nos escuchen. ¿Eso significa que creemos que tenemos mucho que decir?

Vivimos en un mundo en el que apenas se hacen preguntas a los otros. Y cuando se realizan son indispensables formulas de cortesía. No hay un deseo cierto de "saber".

Siempre sonrío cuando escucho una conversación del tipo:

--¡Cómo me duele hoy la cabeza!
--¿Y eso? Pues a mí ayer me dolió muchísimo...

¿Suena familiar? Imagino que dá igual el lugar del planeta y el idioma, seguro que se repite esta misma situación.

Me gusta preguntar a las personas cosas sobre ellas, me gusta escucharlas. Pero un blog es más bien lo contrario, sólo hablamos nosotros. Si alguien quiere hacer un comentario puede, pero cuesta que las personas escriban su opinión, ¿porqué? Quizá pensemos que a nadie le importa lo que tengamos que decir.

Pero a mí me importa. Todos los días me paso por una docena de blogs, y si tengo algo que decir, escribo un comentario. Me resulta curioso porque en algunos de ellos--para todo esto incluyan el mío por favor, es una autocrítica-- sólo hablamos de cosas muy serias, como si fueramos individuos transcendentales las 24 horas del día. Por el contrario en otros sólo hay referencias personales, o de humor, como si sus autores no fueran capaces de transcender.

Creo que todos fingimos. En realidad, sólo pretendo abrir ventanas desde esta habitación. Aquellos --pocos-- que me leen, se convierten en uno sólo. Son la voz que deseo haga preguntas.

He tomado la decisión de dejar de hablar en plural --como si fuera un escritor de gran importancia--, y abandonar el tipo de expresiones: "queridos lectores", "vosotros que me seguís", "habreis observado", etc.

Todos se convierten en uno. Tú.

Cuando era pequeña comenzé muchos diarios de esos que llevaban un candado al dorso, y a las pocas semanas los abandonaba. Creo que me aburría de mi misma.

¿Cómo estás hoy? ¿Te has levantado de buen humor, o por el contrario arrastras la melancolía típica de los domingos?

¿Qué desearías que ocurriera hoy en tu vida?

A partir de hoy todos nos convertimos en uno. A partir de hoy soy Tú.



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