Estoy aquí para vivir hasta que muera

16 feb. 2007

No conoceréis al miedo. El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo estaré yo.

Dune, de Frank Herbert

Leo muchos blogs a lo largo de la semana. Todos tienen algo en común: un dolor sordo, lento, continúo. Un dolor que permite vivir, pero que envenena con el tiempo.

Leo la entrada del autor, después los comentarios. Me parecen monólogos, la mayoría de las veces.

Todos van a hablar de su "libro"--es imposible olvidarme de Francisco Umbral--, cualquier excusa es buena para dar consejos u opiniones eruditas.

Me pregunto que harían muchos de esos desconocidos sí les pusieran al alcance de la mano la posibilidad de comunicar con millones.

Me gustan los desheredados, lo que no me gustan tanto son aquellos que se hacen pasar por tales, en espera de ansiadas riquezas.

No escuchamos a los otros, apenas una frase pronunciada y ya estamos hablando nosotros, juzgando, opinando. No damos oportunidades, nos apropiamos de ellas para explayarnos con nuestra historia personal, sin importar qué nos vincula al ser humano que tenemos en frente.

Tenemos Miedo. Somos cobardes.

Cobardes temerosos de que les desposean de su "razón", de su "verdad".

Cobardes que no saben vivir con aquellos que piensan, hablan, comen, visten, aman, fornican, de forma diferente a la suya.

Cobardes que se miran en el espejo de los valientes.

Cobardes que sólo aman y viven con aquellos que se les parecen. Incapaces de crecer, reconocer errores, aprender nuevas lecciones.

Cobardes porque su vida está llena de patéticas justificaciones y absurdas excusas.

Cobardes que se mienten así mismos.

Cobardes que no se atreven a entregarse al perdón y el olvido de sus heridas.

Cobardes que lamen sus heridas como animales en una trampa caídos.

Cobardes vestidos de autocomplacencia, políticamente correctos, detractores de un mundo que crean cada día con su propias manos.

¿Cuántos pueden tirar la primera piedra? ¿Y lo que es peor, cuántos la tiran cada día?

Nuestras palabras nos delatan, nos acusan, nuestros hechos nos condenan.

Estoy aquí para vivir hasta que muera.

1 comentarios:

Enredada dijo...

te acompaño...