Ahogarse

1 abr. 2007


Diarrea de palabras. Durante treinta y cinco minutos. Pero no las entiendo.

Es un asalto. Mientras una habla, la mirada de la otra se vuelve vaga. Asiente remotamente con la cabeza, deja entrever algún rictus con la boca.

No se escuchan.

Un segundo para coger aire y la otra coge la oportunidad rauda. Es su turno.

Si se taparan los oídos, entenderían más.

Vida perra. Vida a la que hay que dar muchas vueltas para encontrarle la etiqueta.

Intento escribir, pero sólo pinto garabatos en los márgenes.

Pruebo a vivir. Y sin embargo no soy más que un poco de carne encogida.

Pruebo a encontrarme, pero el dolor espanta mi alma asustadiza.

Demasiado presente este cuerpo y sus visceras para subir al bote salvavidas.

No floto, me hundo por el peso de mis heridas.

La indiferencia de los otros es agua turbia en torno a mis desdichas.

Y sin embargo a lo lejos un faro señala tierra a la vista.

Pero sé que me ahogaré. Aquí y ahora.

Los calambres atenazan mi alma. La arrastran hacia el fondo, encharcada de agua.

¡Y qué importa! No soy más que otro cuerpo hueco, flotando en este cementerio de mar fría.

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