De vuelta en casa

25 abr. 2007


Retornó la lluvia, abrazada al frío. Fui a esperarles a la estación del Tiempo.


Ahora puedo mirar el cielo sin que la luz me ciegue.


En la madrugada, dos colosos de nubes luchaban sobre el tapiz celeste.


El frío alivia la presión de mi cabeza. Las arterias dejan de dilatarse y las ideas cesan su expansión.


Incluso en una ciudad carnívora como ésta, cuando llueve, el aire huele a madera mojada, tierra agradecida y sonriente.


Hay otra razón. Más oscura. La mayoría evita la calle. Abandona la ciudad a su suerte.


Y por las húmedas calles paseo.

Tengo un paraguas único.


La voz del universo deja un rastro de luz y sonido. Relámpago y trueno.

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