Pavo real

26 abr. 2007


De pequeña me gustaba hacer agujeros, en la tierra húmeda, con la punta de mi paraguas.

Hoy, después de no sé cuántos años, me he sorprendido a mí misma haciendo ese mismo gesto, ya olvidado.

Es difícil vivir conmigo misma. Pero cuando lo consigo, no hay nada más gratificante.

Para poder convivir con los demás tiendo a disculparles.

Las estupideces hago como que no las oigo...

La cobardía, la asumo, y pruebo a compensarla...

La soberbía, la justifico, me digo a mi misma que si tienen motivos...

El egoísmo, lo soporto, es necesario para sobrevivir...

Y así podría estar hasta el final de cualquier tiempo...

Y es que prefiero disculpar, a asumir que las personas podemos llegar a ser tan feas, tan sucias.

Despedimos un fétido olor, acostumbrando a nuestra pituitaria con el roce diario.

¡Admirable e insondable capacidad de oler la mierda ajena a kilómetros de distancia!

¡Y bien! Para sobrevivir, supongo que hemos de ser así.

Bestias sin dientes, que muerden más de lo que pueden.

Rompehuesos del alma ajena.

Onanismo en lugar de Amor.

Leyes en lugar de Justicia.

Mónologos en lugar de Conversación.

Compañía en lugar de Unión.

Pájaros que perdimos nuestras alas. Solo nos quedan las plumas.

Los pavos reales por más que coloridos, no pueden volar.

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