Día de tornillos caídos

8 may. 2007

Al levantarme hoy, se me ha caído otro tornillo de la cabeza.

Hace tiempo me preocupaba. Ahora, le doy un puntapié y lo mando debajo del armario, de la cama, o se queda rumiando en algún rincón.

Sí, rumiando. Porque mis tornillos hablan. Sucumben a su propia y desgranada dialéctica.

En ocasiones --durante la noche-- he de mandarles callar. Sus sempiternas conversaciones me impiden dormir.

El tornillo de hoy , hablaba de lo que une o separa a las personas. En su opinión, no hay nada que una mas, que las cosas que no gustan.

Un momento, el tornillo se explica.

Cuando la gente se conoce, suelen hablar de aquello que les gusta. Cuando se conocen poco, también.

Pero cuando se conocen más, comienzan a hablar de lo que NO les gusta, o de quienes No les gustan.

¡Ahí se produce la verdadera unión!

Nada más fatídico para las relaciones, que uno diga que no soporta una determinada persona, música, autor, equipo, ropa, bla, bla, bla, y el otro esté en desacuerdo. ¡Zas, grieta al canto!

Por el contrario --cuando dos coinciden en aquello que les disgusta-- se produce un calor afectivo, de altas calorías.

Nada liga más a dos amigas, que criticar a una tercera que no soportan.

Ni a dos amigos, que un equipo de fútbol rival.

Ni a dos países, un enemigo común.

Al menos, eso dice mi tornillo caído.

Por cierto, no veo dónde se ha metido...

Para saber si una relación –del tipo que sea—puede tener futuro, hay que preguntar al otro, aquello “con lo que no puede”. Si se coincide, hay posibilidades de formar una bonita amistad, sobre sus odios comunes.

Quizá sea la necesidad compulsiva que tiene la especie bípeda de mostrar su desacuerdo, invariablemente.

Ningún bípedo que se precie, dejará pasar la ocasión de pronunciar su “no estoy de acuerdo” contigo.

¿Afirmación de un dudoso yo?

No suelo mostrar mi desacuerdo con otros, normalmente.

Primero, porque prefiero hablar de los “acuerdos” y fijar mis esfuerzos en estos.


Segundo, porque quizá esté equivocada—muy probable—y estar abierta a otros pueda llevarme a un cambio de opinión.

Y tercero, porque no necesito reafirmar mis ideas en oposición a las de nadie.

Mis circunstancias y yo, nos sobramos para contradecirnos, sin ayuda de nadie.

Y bueno, todo eso ha dicho mi tornillo caído de hoy.

Estoy pensando en poner una ferretería...

0 comentarios: