Almuerzo familiar

5 jun. 2007



Los sábados es el día del almuerzo en familia.

El Caos.

La Bolsa de Tokio o New York gozan de mayor estabilidad que nuestras reuniones.

El eje de la cumbre: Jeftzibá, mi sobrina. Disfruto con ella hasta el punto de quedar agradecida con el mundo, cada vez que la veo. Eso sí, es una Corleone en potencia.

--Elbereth, ¿no puedes hacer que esa niña se esté quieta?

--No, abuelo, es una niña. Y no soy su madre.

En ese momento vi la mirada de mi hermana desde el otro extremo de la mesa, desafiante.

--Los niños hacen demasiado ruido, Elbereth.

--Sí, pero si tú también haces ruido, ya no lo notas.

Le sonreí y acaricié la espalda.

--En fin, estoicismo. ¿No tendrás en tu bolso tapones de silicona?

Asentí y se los alargué. El viejo pasó toda la comida sin enterarse de la mitad de nuestras conversaciones. El resto creían que se estaba quedando sordo.

Mi hermana se acercó a mí en un momento y me susurró:

--¿No crees que deberíamos llevarle al médico? Parece que ha perdido mucho oído.

--Oh, no te preocupes. Seguro que es sólo un tapón.

Una vez que alivió su cuota de conciencia del día, dio por terminada nuestra conversación.

Shlomo aprovechó y se acercó a mí. Estaba tirada en el suelo con Jeftzibá.

--Nunca pensé que se te diera bien hacer el tonto, hermana.

--Gracias, Shlomo. Yo por el contrario nunca tuve dudas respecto a ti.

Nos reímos y se tiró por los suelos con Jeftzibá y conmigo. Competimos para ver quién era el más gamberro.

--Voy a ser padre.

Paré de jugar y le miré a los ojos.

--¿Contento?

--¿Tú sabías que ella estaba tomando hormonas y me pinchaba los preservativos?

--Sí, Shlomo.

--Yo también.

--Lo sé.

Puso su cabeza sobre mis rodillas y Jeftzibá comenzó a lloriquear, reclamando mi atención. Pero Jeftzibá, aún no sabe que Shlomo es como un niño. Al final, se fue aburrida en busca de otro objetivo humano.

--Elbereth, ¿el abuelo se está quedando sordo?

--No, que va, es que me ha pedido los tapones. Ya sabes que no aguanta el ruido.

--Ah. ¿Y, tú vas por ahí con tapones para los oídos en el bolso?

--Aunque no lo creas, en el trabajo y en el tren, son tremendamente útiles.

--Sí, es posible. No sé. ¿Cómo será ser padre?

--¿Difícil? ¿Gratificante?

--Frustrante, diría yo.

--No soy la persona adecuada para hablar de ese tema, hermanito.

Calló. Seguía con su cabeza sobre mis piernas.

--Te están saliendo canas, Shlomo.

--Uhm, lo sé. Creo que me hacen más interesante.

--Y más viejo.

Reímos con claridad y se aferró a mis piernas.

--Te siento mejor, Elbereth. ¿Es así?

Apoyé mi frente en su cabeza.

--Anoche dormí bien. Sin pesadillas. De un tirón.

--¿Y la causa?

--Recé.

En ese momento se acercó el abuelo. Se quedó de pie, mirando por la ventana.

--¿Aún llevas los tapones puestos, abuelo?

Por respuesta, nos mostró su mano abierta, con los tapones sobre ella.

--¿Te he escuchado decir, que anoche rezaste, niña?

Le miré tranquila y asentí.

--¿Te escuchó?

--Sí.

--Dale recuerdos de mi parte. No queda mucho para encontrarnos.

--Puedes dárselos tú mismo, abuelo.

--¿Crees que eso te ayudará?

--Se trata precisamente de eso, abuelo, de “creer”.

--Familia que reza unida, permanece unida.

El abuelo y yo nos miramos con desesperación, Shlomo era una calamidad.

--La última vez que recé fue en la guerra.

--Yo siempre estoy en guerra, abuelo.

--Pues antes de rezar, mira que tengas el fusil cargado.

--Amen.

1 comentarios:

Susana y Elbereth dijeron.. dijo...

Susana dijo...
""..es una Corleone en potencia.

Una vez que alivió su cuota de conciencia del día, dio por terminada nuestra conversación.

Puso su cabeza sobre mis rodillas y Jeftzibá comenzó a lloriquear, reclamando mi atención. Pero Jeftzibá, aún no sabe que Shlomo es como un niño. Al final, se fue aburrida en busca de otro objetivo humano""

6 de junio de 2007 0:41
Elbereth y su silencio dijo...
Gracias, Susana, buena noche.