El misterio de la vida

25 jun. 2007




--¡Abuelo!

--¡Demonios niña, no pegues esos gritos! ¿Qué te pasa?

--¡He descubierto el misterio de la vida!

--¿Y qué quieres que yo haga?

--¿Felicitarme, abuelo?

El viejo me miró sin saber si tenía que matarme o suicidarse.

--Hija, ¿cómo vas a descubrir algo que no existe?

--No te entiendo, explícate abuelo, por favor.

--Pues es sencillo a rabiar, niña: la vida no tiene ningún misterio.

--¿Estás seguro de eso?

--Fijo.

--¿Entonces, qué he descubierto, abuelo?

--Buena pregunta, hija, muy buena. ¿Cuántos whiskys has bebido?

Sonreí beatíficamente.

--Bien, entiendo. Pues sin riesgo a equivocarme, los misterios descubiertos deben estar en consonancia con los whiskys ingeridos.

Seguí sonriendo.

--Siéntate y cuéntame, tengo interés en esos descubrimientos tuyos.

Creo que me tambaleé algo antes de hallar el asiento, pero todo con mucha dignidad, por supuesto.

--Pues bien, creo que sé porque estamos vivos...

Bajé la voz a un susurro y me incliné hacia delante para decírselo en confesión al abuelo.

--Te escucho, hija, sigue...¡Qué aliento a alcohol, bendito Nombre!

--¿Qué te estaba diciendo, abuelo?

--Nada interesante, de seguro. ¿Quieres echarte un rato en el sofá?

--No, me siento muy bien, abuelo, pero gracias de todos modos...¿Sabes para qué vivimos?

El abuelo resopló, la poca paciencia que tenía se le estaba agotando por segundos.

--¡Para morir, para eso estamos aquí abuelo!

--Hija, ni el alcohol te hace brillante, es una lástima. No es un "para" morir; morimos "por" estar vivos.

Creo que a esas alturas estaba bastante ebria y confusa.

--¿Abuelo, te he dicho que siempre quise ser Heidi?

--¿Y yo no te he dicho que si no sabes beber, no lo hagas?

--¿Y tener un perro como Niebla?

--¡Tú ya tienes a Dana!

--Sí, eso es cierto. También te pareces al abuelito en lo del mal carácter.

Aquí el abuelo asintió, dándome la razón, mientras subía mis pies al sofá.

--Abuelo...

--Dime, Elbereth...

--Me importa un bledo que la vida no tenga ningún sentido...

--Mejor así, por que de lo contrario te iban a dar igual.

--Abuelo...

--¿Queeé?

--¿Mi existencia no tiene ningún sentido?

--Eso no lo sé, pero una cosa es segura: careces de todo sentido común.

--Yo también te quiero, viejo.

--No me llames "viejo" es una falta de respeto.

--¡No pensé que llamarme estúpida fuera una muestra de deferencia!

Y antes de quedarme dormida, oí como el abuelo reía.

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