El sentido de la vida

21 jun. 2007

--¿Tú no crees en la vida después de la muerte, verdad, abuelo?

--No. Con esta vida me alcanza. Hasta diría que me sobra. ¿Y tú?

--Desearía que hubiera "Algo".

--¿Por qué?

--¡Por que si no la vida me parece absurda!

--No es que te "parezca", es que lo es. ¿No crees?

--¿Pretendes consolarme con eso?

El viejo se encogió de hombros. Se levantó del sillón y se puso de pie ante el balcón.

--¿Por qué te ayuda pensar en esa "post-existencia"?

--Porque lleva implícito un concepto del Bien y el Mal. De la "justicia", de la "retribución".

--¿Compensación por los sacrificios y buenas obras? ¡Ridículo!


Ahora fui yo la que se encogió de hombros.


--¿Sólo te comportas bien porque crees que hay un dios justiciero esperando, niña?

--No, no es eso. Intento --no doy para más abuelo-- hacer lo correcto. Necesito creer en el Bien.

--Ese término es peligroso de manejar.

--Bueno, fuiste tú el que me enseño aquello de: no hagas aquello que no quieras que te hagan.

--¿Y crees, so boba, que es tan fácil de hacer como de decir?

--No, claro, mi estupidez no llega a tanto.

--Bien, entonces, ¿de qué demonios estamos hablando?

--Del "Sentido de la Vida".

Se produjo un rugido de silencio. Se giró y volvió a sentarse frente a mí. Cruzó las piernas y cogió la pipa para encenderla.

--No vas a hallar respuesta a eso. Y sin embargo, pasarás tu vida amargada buscando, pequeñaja.

--¿Algún consejo, abuelo?

--¿Práctico?

--No, de cocina, si te parece...

--¡Hija, qué modales, qué genio con lo pequeñita que eres! Podemos hablar del verano, si quieres.

Le miré atónita, por un segundo. Al siguiente, sonreí.

--Se me olvidaba decirte una cosa.

--¿Sí?

--Invité a Susana y Balanegra a un whisky.

--¿Lo dices en serio?

--¡Totalmente!

--¿Sabes que es lo que le da sentido a mi vida, Elbereth?

--Ni idea, abuelo.

--Darte un abrazo.

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