Mucho peor...

17 jun. 2007


--¿Cómo fue la semana, Elbereth?


--Lenta, tuve que empujarla día a día para llegar al fin de semana.


El abuelo me sonrió, levantó su vaso de whisky y ladeo suavemente la cabeza, interrogante.


--Sí, hoy me apetece uno. La abstinencia temporal me permite saborearlo más intensamente.


--Te encuentro mejor, pequeña, me alegro.


--Creo que no es “mejor” la palabra, abuelo. Distinta.


--Puede, un cambio minúsculo es suficiente. El primer paso de muchos.


--Me sentía como si tuviera una soga al cuello, abuelo. De pronto, me di cuenta, que para librarme de ella, bastaba con echar la cabeza hacia atrás.


--La soga te la pusiste tú sola.


--¡Exacto! Es más el daño que nos dejamos hacer, que el daño que pueden hacernos.


Los dos callamos, saboreamos el líquido ambarino y nuestro compacto silencio.


--¿Cuándo sabes que alguien te quiere, abuelo?


El viejo enarcó las cejas hacia arriba.


--¡Caray, me lo has puesto muy difícil!


--No me falles ahora. ¡Vamos, dime!


--Creo que hay una sola forma de querer, y lo demás son mamoneos.


--¿Y es…?


--Querer bien.


--Ajá. ¿Podrías ser más específico, abuelo?


--No creo en los amores dañinos, ni en los imposibles, ni en los difíciles. Creo que aquellos que te quieren, te harán bien y no hay más. El resto, pamplinas.


--Por una vez -- y sin que sirva de precedente-- estoy de acuerdo contigo.


Levantamos los vasos discretamente y brindamos.


--Según eso, mis padres no me quieren mucho.


--No, creo que no. ¿Dolida?


--Bueno, son mis padres, abuelo… no sé…


--Te sobrarán los dedos de tu mano derecha, para contar a aquellos que te aman limpiamente. Y procura contar bien, pequeña, porque de lo contrario ocuparás dedos en aquellos que no lo merecen. Y los que si lo hicieran, se quedaran sin tus manos.


Entrecerré los ojos, pensando en lo que me acababa de decir.


--¿En qué piensas, niña?


--En que de la misma forma que a mi me sobran dedos, a muchos otros les sobraré yo en sus manos.


El viejo cruzó las piernas lentamente. Posó una mano sobre otra. Me miró apesadumbrado y me preguntó:


--¿Qué es peor que saber que no te aman, Elbereth?


Levanté la ceja derecha. Cuando creí hallar la respuesta, suspiré.


--Saber que no amas. ¿Y porqué no resulta liberador?


--¡A mí no me preguntes!


--Ahora necesito otro whisky, abuelo.

1 comentarios:

Mala, Susana, y Bala dijeron... dijo...

lamaladelapelicula dijo...
Definitivamente me encantas. Aunque tu abuelo también ;)

17 de junio de 2007 20:44
Elbereth y su silencio dijo...
Gracias, es todo un privilegio que me hayas comentado.

Bienvenida.Estas en tú casa.

18 de junio de 2007 16:59
BalaNegra dijo...
Palabras fáciles de decir, pero difíciles de asumir... estés en el lado en el que estés...

20 de junio de 2007 11:27
Elbereth y su silencio dijo...
Los dos lo sabemos,Bala.

20 de junio de 2007 17:47
BalaNegra dijo...
¡¡Whisky para todos!! A ésta invito yo...

20 de junio de 2007 21:00
Susana dijo...
Yo también estoy invitada?

21 de junio de 2007 17:45
Elbereth y su silencio dijo...
Bala, Susana Haré algo mejor que eso. Llamaré al abuelo.

21 de junio de 2007 18:44