Ultracuerpos

6 jun. 2007



--¿Estás bien, Elbereth?

Asentí despacio con la cabeza.

--No lo parece. No realmente.

--Dame tiempo. Recordarse a una misma no es fácil, abuelo.

--Tengo la sensación de que vas a desperdiciar lo que te queda de vida.

--¿Y qué?

--¿No te importa?

Cerré los ojos y me encogí de hombros.

--Odio el verano, abuelo. ¡Tantas horas de luz! Así es mucho más difícil dormir.

--Te estás saliendo por la tangente, niña.

--Para salirse hay que estar dentro. Siempre estuve fuera.

El viejo calla y eso me mortifica. Cuando él me ofrece su silencio como respuesta, es que me está dando por pérdida.

--¿Sabías que en ese condenado tren, no ponen el aire acondicionado, abuelo?

El sol golpea encolerizado durante todo el viaje en las ventanillas. Si toco el cristal me quemo.

--Sí, fabulosa red de transportes...

--Intento quedarme muy quieta. Respirar despacio. Es inútil, me ahogo.

--Te lo he dicho muchas veces ya. Piensas demasiado, Elbereth.

--No, abuelo, pienso defectuosamente, que es diferente.

--¡Niña, te lo ruego, no me quites el privilegio de infravalorarte!

Sonreí. El abuelo me miró con ternura.

--Escucha, niña, antes de que te des cuenta te estarán enterrando.

--¡Ostia, abuelo, la alegría de la huerta!

El viejo hizo un gesto despectivo, algo así como "tú misma".

--Quiero que me incineren, abuelo. Y que mis cenizas se mezclen con la tierra de uno de mis árboles.

--¡La leche, qué macabro!

Me entró la risa, su cara era de sincero espanto.

--Bueno, a mi me parece cíclico, abuelo.

--No cuentes conmigo. Primero, porque pienso morir antes que tú, y segundo porque acabo de recordar aquella película de "La invasión de los ultracuerpos".

Fruncí el ceño intentando recordar.

--¡Ah, sí! Ya la recuerdo. Escalofriante la versión de los años setenta con Donald Sutherland.

--Por cierto, hija, cuando tu humor es como el de hoy me recuerdas mucho a aquellas vainas.

Me giré muy despacio hacia él.

--Abuelo, dime que se equivocaron en el hospital y me cambiaron de cuna. Dime que no soy tu nieta, por favor.

La risa del viejo sacudía todo su cuerpo.


--¡Más quisieras! Eres idéntica a tu padre.

--¡Traidora genética!

--En compensación, puedes pedir otro whisky.

--¿Has cobrado ya la pensión?

--No, pero Shlomo se dejó la tarjeta en casa, la ultima vez que vino a verme.

--Adoro a mi hermano.

--Quizá con él si se equivocaron en el hospital, niña...

1 comentarios:

Ssuana y Elbereth dijeron dijo...

Susana dijo...
Muy linda la voz de B.Gabriella, no conocía ésta versión de la canción de B.Straissand (para mí, inigualable), es de Gentle verdad?
__________

Qué cierto es que cuando ofreces silencio es que ya no sabes qué más puedes decir y tampoco es agradable para quien lo recibe.

Shlomo nunca conectó como vosotros y seguramente él también se da cuenta, no crees?

Qué tenían esas vainas?

Sabe mejor el whisky a cuenta de otro? jajaja ;-)

7 de junio de 2007 16:58
Elbereth y su silencio dijo...
Susana Si,Yentl :-)

¿Por qué dices que Shlomo nunca conectó con nosotros? ¡Quiero a Shlomo! Precisamente porque no tiene nada que ver con el abuelo y conmigo. Espero que cuando lea esto no se enfade. :S

¿No has visto la película, en serio? Me gustaría que la vieras, es un clásico, no quiero estropeártelo.

Ay, pobre Shlomo, no me hagas sentir remordimientos...:D XD

7 de junio de 2007 19:53
Susana dijo...
Claro que le quieres, pero la conexión que hay entre el abuelo y tu, no la teneis con Shlomo (o él con vosotros), a eso me refería, por lo menos por lo que yo leo.

Ah! lo de las vainas es de la peli La invasión de los ultracuerpos! ok

(Yentl, sabía que era algo así)

7 de junio de 2007 20:24