Compensanción

31 jul. 2007


--¿Puedo pasar, coronel?

--Adelante, Lea. ¿Te acordaste de mi botella?

--Sí, y no sólo. Le he traído algo de comida también. Le prepararé una sopa.

--Gracias, mujer. ¿Qué te preocupa? ¡Tienes el ceño tan fruncido que vas a partir tu frente en dos!

--Me llegaron noticias. Una multinacional animó a sus empleados a denunciar irregularidades de sus compañeros.

--Siempre es igual, nada cambia. Desde la Inquisición la delación se premia.

--Sí, recuerdo aquella época... Además garantizaban la confidencialidad del denunciante. Presuponían que la denuncia del compañero era hecha de buena fe.

--¡Repugnante!

--Ha habido un hombre víctima de estos "códigos de conducta" empresariales. Se ha suicidado después de una denuncia anónima.

--No hace falta que sigas. Después se demostró que era totalmente infundada...¿Qué has pensado hacer?

--Que he hecho. Obtener una Compensación.

--¿Hablaste con él?

--Hablé con él. Se mostró arrepentido. O eso quiso hacerme creer. Pero leí su pensamiento. Sólo había deseos de venganza, mezquindades del día a día con el otro hombre. No existía ni tan siquiera un gran motivo para todo aquello. Simple miseria humana.

--¡Bah! No me gusta la gente que practica la culpabilidad en sustitución de la responsabilidad. ¿Te va a bastar con eso?

Lea recuerda como ha sucedido todo. Le da la espalda al coronel y empieza a llenar un vaso de agua. No quiere que le vea la cara.

Le esperó en el garaje de su casa, sentada en el suelo, oculta tras una columna. Cree que tuvo que esperar mucho tiempo, pero no está segura. Cuando hace cosas como esa, su percepción de la realidad se altera, el reloj se para y, cuando todo termina, tiene que volver a ponerlo en hora.

Recuerda como le salió al paso cuando se bajo del automóvil. Camino despacio hacia él, severa. Cuando pronunció su nombre el hombre quedó clavado al suelo. Al principio quiso zafarse de ella. No era nada más que una vulgar mujer con insidiosas preguntas. Ella no quería ejercer el Poder. Ansiaba que la escuchara. Porque una vez que se mostraba a los demás, no había marcha atrás. Pero el hombre no le dejó otra opción.

Terminó de rodillas, manchándose con restos de grasa los pantalones. Sólo gimoteaba y balbuceaba excusas para lo que había hecho. El miedo le hacía sudar y oler a agrio. Creyó ver una mancha húmeda en el pantalón. Solo pensaba en acabar con la tortura que le estaba infligiendo a aquel desgraciado. ¡Una confesión y me iré! ¿Una confesión? No, ella no pretendía eso. Necesitaba una compensación... tampoco; en realidad no deseaba nada, hacía mucho tiempo que ella no quería nada. Así que, terminó por transformarse delante del hombre, muy a pesar suyo. Y el hombre conoció la Devastación y lloró. Y ella también lloró, pero sólo después de haberle abierto los párpados y mostrado el infierno.

--¿Lea? ¡Lea, me estás escuchando!

--Perdone, coronel, estoy cansada. ¿Qué decía?

--¿Cómo le va a compensar? ¿Con dinero?

Lea levanta una ceja, la pregunta le parece absurda e indigna del coronel.

--Ha presentado su carta de dimisión.

--¿Y ya está? ¡Por el amor de dios! ¿Crees que es suficiente?

--No.

--¿Entonces?

--Cómase la sopa que le he preparado, por favor.

--Antes contéstame.

Lea se recuesta en la encimera. Cruza los brazos y mira por encima del hombro del coronel. Hacia un punto invisible, de un horizonte que sólo ella contempla.

Lea mira al futuro. Al más próximo, y ve cómo el hombre sube a su casa asustado. Está solo, aún no han llegado su mujer ni sus hijos. El encuentro con ella le ha abierto el camino hacia su propia oscuridad. Le ve firmando con mano temblorosa la carta de dimisión. Le ve cogiendo una cuerda del trastero y echándola por encima de la viga del recibidor. Le ve sin aliento, con la camisa fuera del pantalón, despeinado, con los ojos negros y vacíos. Ve sus piernas agitándose mientras la soga le corta la respiración. Ve a la mujer y los hijos entrando con las bolsas de la compra en casa. Oye su grito. Y sabe que no es mejor que él, ni un poco. Incluso piensa que es mucho peor. Pero ella no eligió hacer lo que hace. Se lo impusieron. Y se da cuenta al momento de que se está excusando, como el hombrecillo.

--El hombre ha saldado su cuenta. Todo está bien ahora. Olvídese, no tendría que habérselo mencionado siquiera.

--¡En fin, no sé que quieres decir con eso, pero prefiero no saberlo!

--Yo también prefiero que lo ignore. Por ahora.

--¿Sabías que la ignorancia mata?

--Lo que mata es alimentarse tan sólo de whisky. Tendría que terminarse la sopa.

--Sí, tienes razón. Por cierto, mientras estabas fuera vino un hombre preguntando por ti.

--¿Qué aspecto tenía?

--Raro. Algo así como tú...

--Entiendo...

7 comentarios:

Cosichka dijo...

¿Sabes? Tristemente creo que las personas que son capaces de denunciar a alguien sólo por venganza, envidia o maldad no tienen conciencia.

Jamás se arrepentirían. Quizá al contrario, bailarían sobre la tumba de su 'enemigo'.

O quizá es que tengo poca fe en el alma humana.

Sigo intrigada la continuación.

Besitos.



Publicado por Cosichka para Apenas Una Palabra a las 1/08/07 10:11

Deikakushu dijo...

Es curioso como las empresas, los directivos generalmente, buscan irregularidades que puedan afectar los resultados del ejercico; al igual que, como muy bien señalas, la inquisición busca irregularidades para detectar los males que puedan afectar la vida casta y virtuosa. El problema es que suele ser esa cúpula el origen del problema, con sus vicios, emociones descontroladas y autoritarismo la que causa la gran mayoría de esas irregularidades entre sus subordinados.
Gran visión la de Lea, quizá sobreterrena, metafísica?
Suicidio. Para los romanos era una forma de morir con honor, aunque se hubiese llevado una vida rastrera y deleznable siempre existía la posibilidad de, al menos, morir con honor.
Besos



Publicado por Deikakushu para Apenas Una Palabra a las 1/08/07 12:05

Elbereth dijo...

Cosichka A las buenas, buenas...estoy totalmente de acuerdo, creo que por eso existen seres como Lea, para compensar, que no para impartir justicia, ¡cuidado! No creo en la justicia.

Y me parece extremo lo de bailar sobre la tumba de su "enemigo", porque como digo en el texto, por norma son pequeñas ruindades, no más.

Creo que vamos a tener que esperar a la vuelta de mis vacaciones..je,je,je..Bueno, no sé como se presenta el fin de semana...¡Haciendo maletas!!!! jajajjajjajaj

Besos: fui la primera en comentarte en tu blog. :-)

¡Pequeñajo! La historia es real, hace unos días nos pasaron en mi empresa un código de conducta exacto a ese pero ampliado, que habia que firmar. Yo quería montarla, pero antes llamé a Tabyto y me dijo que si quería que lo hiciera, que estaba de acuerdo conmigo, pero que no iba a conseguir nada...y me desinflé...Brrrrrr

Sí, sí, Si Esto parece el anuncio de un champú...perdón...Lo que quería decir es que así es como quiero que sea Lea...o como Lea es. :D

Me gustan tus apuntes a la Historia...

besos para tí y para Valkiria.



Publicado por Elbereth Apenas Una Palabra para Apenas Una Palabra a las 1/08/07 17:57

Susana dijo...

Parecía una buena samaritana y se ha transformado en un ser con Poder que se transforma no se sabe en qué, seguramente no es necesario saberlo.

Hay quien cree que la ignorancia da la felicidad.. pero también puede dañar

Yo también estoy intrigada por cómo seguirá la historia

Deik, tampoco nos olvidemos del harakiri japonés :-)



Publicado por Susana para Apenas Una Palabra a las 1/08/07 19:13

Elbereth dijo...

Susana Yo no sé porque a todos os resultó una santa. Me debí explicar fatal.Está claro BRRRR...Pensé que con esto quedaba claro aunque sútil...me equivoqué:

¿Y qué hiciste?

--Les convencí para que le atendieran.

--Ja, ja, ja. ¿Ahora lo llamas así? ¿Convencer?


--¿Hubo heridos, mujer?

--Hubo heridas.

En fin, pésimo escritor al que no le entienden, MEA CULPA.

¡Menos mal que al menos os he dejado algo de intriga!

Me hago el harakiri y vuelvo, un momento, por favor, jajajjajjajajajja



Publicado por Elbereth Apenas Una Palabra para Apenas Una Palabra a las 1/08/07 19:40

Susana dijo...

Jajajaj, no puedo contestar por los demás, pero personalmente creí que era un.. a ver cómo lo digo.. digamos que lo achaqué a tu sentido del humor, vamos, que no era literal.

Elbereth, es una historia por partes, hay que descubrir poco a poco, no fue defecto del escritor ;-)



Publicado por Susana para Apenas Una Palabra a las 1/08/07 20:34

Elbereth dijo...

Ays Susana la verdad es que SÍ es ese mi sentido del humor, je,je,je...pero aquí lo decía en serio....Estoy sangrando un poquito ahora mismo con esto del harakiri...cosa de ná!! Un momentito que pongo una gasita por favor, jajajjajajjajjaajjajajj



Publicado por Elbereth Apenas Una Palabra para Apenas Una Palabra a las 1/08/07 20:45