Niños

26 jul. 2007


Hoy he tenido mi visita semanal de la enana.

Confieso que mi instinto maternal ha sido siempre muy selectivo. Hay niños que han cogido mi corazón y no me lo han devuelto. Pero hay otros que si no fuera por la presencia de sus padres los habría cocido a lo Hansel y Gretel.

No soy de esas mujeres que cuando ven un niño empiezan a hacerles toda clase de moñadas o les ponen ojitos. Los bebés no me atraen mucho. Los niños sí. Acostumbro a mirarles muy seria, les trato como adultos e intento deducir en qué clase de persona se convertirán.

Hay que educar. Siempre. Se es niño por pocos años. Creer que éstos encontrarán por sí mismos actitudes, valores y principios dignos, es irrisorio.

Soy intolerante con los padres vagos y dejados con la educación de sus vástagos.

En realidad, todo esta colgadura es consecuencia de haber llevado sentados a mi lado, a un padre y su hija durante el trayecto de vuelta a casa. El "papi" en lugar de hablar con su hija, le ha largado su móvil para mantenerla callada. La niña--sin culpa de nada--no cesaba de poner una y otra vez a todo trapo una grabación, dónde el papá y la mamá cantaban a voz en cuello:

"Que viene maaamaaa paaatoooo,
A chis...
que vienen los paaaatiiiitooosss,
A chis"

Esto durante treinta minutos, doy fe.

Me he acordado de la madre, del padre y de los hijos del Topo. ¡Válgame el cielo!

¡No soporto a los padres!

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