Schssss....

2 jul. 2007



--Abuelo, ¿quieres un café?

--Uhm, sí, por favor. ¿Qué tal estás hoy?

Me volví y le sonreí.

--Muy bien.

El viejo me miró con una sonrisa guasona, y nos echamos a reír. Le dí la espalda y me concentré en la cafetera.

--Te quiero mucho, abuelo.

-¿Pero tú sabes que no existo, verdad, Elbereth?

El tiempo se quedó en suspenso, contenido el fugaz aliento. No me giré, seguí mirando fijamente como el café caía lentamente. La manecilla del segundero se paró.

--Yo tampoco, abuelo. No soy real.

--Bien, somos dos quimeras.

--¿Si me giro estarás ahí sentado?

Oí una carcajada profunda.

--Tú prueba...

Me volví con una sonrisa en los labios, y ahí estaba él: sentado en el sillón, con su pipa en la boca.

--Hoy me siento bien, abuelo.

--¿Y sabes porqué?

--No, y eso es lo sorprendente del asunto. No tengo ningún motivo, pero mi cuerpo y mi alma se han puesto a caminar de la mano.

--Me alegro por ti, pequeña. ¿Crees que me seguirás necesitando?

--No lo sé. El tiempo lo dirá, ¿no crees? Supongo que sí.

Nos miramos a los ojos y nos echamos a reír, haciendo malabares para no tirar nuestros cafés.

--El tren se estropeó. El metro era un vagón de carga. En el trabajo todo han sido reuniones. Pero yo estaba contenta.

--¿Sabes ya hacia donde vas?

--Uhm, no, por supuesto que no. Pero sé adonde no quiero ir. Hoy me ocurrió una cosa curiosa.

--Dime, soy todo oídos.

--En el autobús se montaron unas niñas a mi lado. Las miré y no sentí envidia. ¡Me sentí más pequeña que ellas! ¿Puedes creerlo?

--Puedo entenderlo.

--No es de esos días que quieres abrazar a todo el mundo y en los que el mundo te parece maravilloso y bla, bla, bla. No, nada de eso.

--¿Entonces?

--Bueno, el mundo está ahí; sigue su curso, eso es bueno. Y yo estoy aquí y sigo el mío. ¡Eso es aún mejor!

--¿Juntos?--. Dijo el viejo achicando los ojos, burlón. Intenté no echarme a reír y seguir el juego.

--Bueno todos estamos en el mismo saco, ¿no?

Nos miramos muy serios, y de súbito, una carcajada a dúo rompió el duelo.

--¡Ni loca te crees tu eso, niña!

--Schssss o despertarás a las Sombras...

--¡Pensé que las sombras eramos tu y yo!

--No, abuelo, tú eres luz.

--¿Y tú que eres?

Le miré risueña.

--¡Ves, a eso me refería! ¡Me trae sin cuidado qué soy!

--¿Cuánto crees que te durará este estado?

--Me importa un bledo eso también.

--Ajá.

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