Tu nombre

11 jul. 2007

--Me he quedado sin inspiración.

El hombre va conduciendo y dirige una mirada de soslayo a Elbereth.

--No será para tanto. Espera y verás.

--No, creo que no. No tengo ideas. Quizá sea a causa de mi ZONA Nirvana. La felicidad casa mal con la creación literaria.

La mira seriamente, aguantando el tipo para no echarse a reír.

--Bien, sí es por eso, puedo darte algún motivo de disgusto.

--Puedes burlarte lo que quieras. Soy una incomprendida.

Elbereth se lleva la mano a la frente, echa la cabeza hacia atrás y suspira trágicamente. Después se incorpora, mira al hombre y los dos ríen.

--No sé como escritora, pero como actriz, no se te da nada mal. No señor.

--No soy escritora. Escribo. Es diferente.

--¿Cual es la diferencia?

--Uhm... ¿Puedo poner música?

--¡Claro, adelante!

Elbereth busca despacio una emisora de radio...

--¿Esto mismo...?



El hombre asiente con la cabeza.

--Bien, ¿por dónde íbamos? Ah sí, el "arte de escribir". Creo que se puede poseer técnica, estilo, inventiva, incluso pasión; pero eso no hace a un artista.

--¿Y entonces...?

--¿Te estoy aburriendo, verdad? Lo siento, echo de menos al abuelo.

--Sigue, te estaba escuchando Elbereth.

--Un artista es aquel que no puede vivir sin su "oficio". Pintor, escultor, escritor, músico...

--Así que tu piensas que si puedes vivir sin escribir, no merece la pena lo que escribes. ¿Me equivoco?

Elbereth calla y sonríe al hombre. El atardecer le arranca un suspiro, se queda un rato mirando por la ventanilla. No parece que fueran tan deprisa.

--Sí, eso es.

--El viejo ha sido muy duro contigo. Aprende a relajarte. Haremos una parada en la costa.

--Recuerdo la sensación de los granos de arena enfriándose después de un día de calor. ¡Estará bien ver el mar después de tanto tiempo!

--¿Subo el volumen...?

Elbereth asiente con la cabeza. Y mira detenidamente al hombre.

--Tienes que tener un nombre. Aunque yo no lo recuerde. ¿Por qué no me lo dices?

--Porque ya lo sabes.

Ella sonríe y la música se posa suavemente sobre cada palmo de asfalto.

No vuelven a hablar durante todo el viaje. Cuando el atardecer se convierte en noche menuda bajan del coche, y caminan descalzos y en silencio hasta la playa. El hombre se tumba y cruza los brazos bajo su cabeza.




--Leto. Ese es tu nombre.

--¿Y sabes lo que significa?

--Sí. ¿Y tú?

--¡Claro!

--Bien...

--Sí. Muy bien...

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