Una historia personal

25 jul. 2007



Una historia personal...

Con mis catorce años recién estrenados se produjo el temido cambio del colegio al Instituto. La adaptación fue difícil. Pasé meses intentando encajar en aquel variopinto grupo. La integración vino de manos del amor y la literatura.

Para todas aquellas jovencitas con las hormonas alteradas, yo era un “bicho raro”. En aquella época sólo me preocupaban la política y las artes. Rara, rara, rara. Lo de pintarse la cara, llevar faldas cortas y coquetear con chicos, quedó para más tarde.

Siempre he dicho que la edad del “pavo” me vino con un considerable y perjudicial retraso.

¿Cómo conseguí ganarme a esas féminas alteradas? Con “apenas unas palabras”.

Descubrieron que escribía. Hoy recuerdo como absurdos aquellos textos, plagados de adjetivos sin sentido y de expresiones retorcidas. Pero hablaban de Amor, lo único que aquellas niñas deseaban oír.

Empezaron a pedirme --como antiguamente-- que les escribiera textos para sus novios, o para ellas. Las complací. Era halagador. Y más adelante comenzaron las sesiones de cuentos. Historias barrocas y románticas.


Tal era el entusiasmo de todas, que durante una de esas narraciones --en la hora del recreo--, irrumpió en el aula una compañera y todas dejaron escapar un grito a causa del susto.

Emoción. Había conseguido mostrarles mi mundo. Aún recuerdo la sonrisa que se dibujó en mi cara.

El curso terminó y yo seguí siendo el “bicho raro”, o la “friki” de 1ºC. Pero me convirtieron en su bicho raro. Ese minúsculo posesivo salvó todas las distancias.

Al siguiente curso nos convertimos en 2º A. Yo añadí a mis intereses anteriores algunos otros: los chicos, por supuesto.

Cesaron los cuentos y las historias de amor. Pero seguí siendo su "bicho raro".

Nunca olvido aquella mágica interrupción, plagio de la mejor leyenda de Bécquer.

Soy la friki de los blogs. Bloguera errante. ¡Dios, qué titulo más bueno para mi próximo blog! ¡Temblad blogueros, temblad!

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