En entredicho

21 ago. 2007


24 de mayo de 1430, Francia. Juana de Arco emprende el asedio de Compiègne.

Durante todo este tiempo Lea ha estado viviendo la contienda como una espectadora. No era su misión. Sin embargo, esa pequeña niña le produce tanta admiración y sorpresa que la ha seguido en sus batallas.

Ha visto a los ángeles que ella escucha. A esos que ella llama Arcángel Gabriel, Santa Catalina de Alejandría y Santa Margarita de Antioquia. La han mirado enfurecidos y le han repetido muchas veces que no puede intervenir. Y no lo ha hecho. Pero ellos no han dejado de mirarla con fiereza y desconfianza. La consideran una intrusa, y desprecian su comportamiento poco ortodoxo.

Siente pena por el final de esa mujer. Por la forma en la que la han manipulado y engañado. Ya nadie recuerda su voz bramando en medio de la batalla, alentando a los galos en la liberación del sitio de Orleáns. Portando su bandera blanca, eufórica, trascendiendo a todos los hombres que la rodeaban.

Lea sabe que no es más que una pequeña flor mecida por el viento, flor de una estación que toca a su fin. Y siente que eso no está bien, que utilizar así a los seres humanos es indecoroso. Cree que se está proyectando sobre ella, que la afinidad que siente no es real, sino fruto de sus propias dudas.

La Pucelle ha pasado el invierno en el castillo de Sully, después del abandono de la campaña en La Charité, donde ha sentido hasta que punto el Rey la está apartando. Lea que se ha convertido en su sombra, se queda horas a su lado, observándola. No consigue ahuyentar sus pensamientos sobre si existen dos bandos en este mundo o simplemente es nuestro egoísmo el que determina que está bien o mal. ¡Juana parece tan segura! Lea observa las maniobras de los ángeles desde un rincón, y se pregunta si hay algo que la diferencie de ellos. Su luz es cegadora, imposible resistirse. Y Juana no es más que una niña ingenua.

Cuando el Delfín fracasa en sus negociaciones con el Duque de la Borgoña, decide que es hora de volver a utilizar a la Pucelle. Está ansiosa por entrar de nuevo en combate y no duda en arrodillarse ante su rey, y ponerse al mando de un ridículo ejército para recuperar la Compiégne. Está hipnotizada por las voces, hasta el final será así.

El 29 de marzo derrota a las guarniciones y destacamentos borgoñeses, y en abril de 1430 llevará a cabo su última victoria: la rendición d'Arras. Al final de la batalla, los soldados ven a la Pucelle insatisfecha, ausente, sin compartir su alborozo. Lea sabe que es porque las voces la han abandonado. Sabe que Juana lo oculta a todos los que la rodean, que su nerviosismo va en aumento. Levanta la cabeza buscando a un lado y a otro, intentado seguir un rastro que ya no existe. Quizá presienta... hay seres humanos que tienen ese don.

La mañana del 23 de mayo de 1430 Juana eleva una plegaria. Ninguno de sus ángeles está cerca, sólo Lea. Arrodillada, sumisa, su imagen virginal y andrógina la conmueve. Portando su armadura plateada, e iluminada por el reflejo de las velas del altar, parece invulnerable. Nada más lejos de la realidad. Sus días de triunfos están contados. Termina de rezar y sale presurosa, nerviosa y excitada, en busca de Guillame de Flavy para trazar la última estrategia.

La batalla se librará en un puente, en el exterior de las murallas de la ciudad. Caen en una emboscada en la que participan los ingleses, y los armagnacs retroceden. La voz de Juana está afónica. Cabalga de un lado a otro arengando a los soldados, obligándoles a no ceder ni un solo paso, metiéndose entre sus filas, arrancando a golpes coraje a la cobardía. Tiene un mal presentimiento y con sus gritos quiere espantarlo como a un nido de avispas. Lucha contra él sola, desesperada.

De pronto los ingleses se posicionan entre el ejército de «la Pucelle» y el puente. Al mismo tiempo los borgoñones cogen por sorpresa al ejército franco, colocándose detrás. Quedan rodeados y con muy pocas opciones de resistencia.

Lea sabe que el ruido en su cabeza es ensordecedor, que masculla oraciones por lo bajo, que implora una visión, una voz, que nunca llegará.

Guillaume de Flavy, capitán de la ciudad, comete el error más grande de su vida. Lea puede ver las huestes de Las Sombras tapándole los oídos, acelerando su corazón con miedo. Atemorizado, ordena cerrar las puertas de la ciudad de Compiégne.

Juana y sus hombres quedan aislados. Comprende que es el final, asume valientemente las riendas de la batalla y se pone al frente con una bravura que ningún hombre hasta ahora ha igualado.

Lea la sonríe, y en medio del fragor iracundo de la batalla, intenta alcanzar a Juana y subirse con ella al caballo. Pero se lo impiden, los Otros la sujetan e inmovilizan. No es el Plan.

El enemigo da orden de capturarla, la quieren viva. Es sorprendida por cinco o seis hombres que la rodean, uno de ellos le pone la mano encima mientras los otros cogen las riendas de su caballo. La Pucelle forcejea y lucha salvajemente. Le gritan que se rinda pero ella se niega ciega de rabia.

Sus compañeros intentan llegar a ella pero es demasiado tarde.

El campo de batalla se oscurece con la presencia de los cuervos, sus graznidos anunciando la derrota.

Lea sale caminando despacio, esquivando los cadáveres del puente, las armaduras se han tornado escarlata. Ve manos y cabezas cercenadas. Heridas abiertas por las que se desangran los soldados. ¡Cuánto horror!

Sabe que le queda un año de vida a esa niña incauta. Ve a los ángeles marcharse y abandonar finalmente a Juana. Lea les grita en medio del campo de batalla.

--¿Vais a dejarla sola ahora?

Los otros tres ni se molestan en mirarla, despliegan sus alas y desaparecen. Lea oye los gemidos de los moribundos, los gritos de los ingleses y franceses, el chocar aún de los metales.

Y toma una decisión. Da la vuelta y echa a correr junto a Juana. Está con ella en el Castillo de Beaurevoir, cuando viste ropas de hombre porque dice que se lo ordenan sus voces. Lea sabe que no existen esas voces, ahora no. Lea consigue darle algo de paz, con la ayuda de Jehanne de Luxemburgo, Jehanne de Bethune y Jehanne de Bar. Tres compasivas damas que entienden que esa pequeña niña ha caído en una red de engaños tupida y mortal.

Jean de Luxemburgo intenta venderla a los ingleses, su mujer Jehanne se lo impide. Lea pasa las noches en vela hablándole al corazón de esa gran dama. Y la duquesa la escucha y mantiene una lucha diaria con su marido para evitar que la Pucelle sea vendida al mejor postor como ganado de feria. Pero muere en septiembre. Durante todo este tiempo Las Sombras han estado a los pies de su cama, y finalmente alcanzaron el cabecero.

Juana, a principios de octubre, decide escapar. Salta desde una altura de unos sesenta pies de altura desde la torre donde estaba prisionera, Lea la coge a tiempo y no se rompe ni un solo hueso. No puede dejar que se suicide.

Finalmente el ruin Jean de Luxemburgo la vende a los ingleses por 10.000 libras turnesas. Lea llora y se lamenta mientras que Juana permanece en estado de shock desde su caída de la torre.

En Ruán encierran a la Pucelle en una torre hexagonal, oscura, húmeda, y maloliente. El proceso contra ella comienza el 9 de enero de 1431. Durante la noche Lea coloca la cabeza de la muchacha sobre sus rodillas y le canta. No sabe si puede escucharla. Durante una de esas noches intentan violarla.

Los días del juicio son imborrables para Lea: duques, condes, inquisidores, acosan y torturan a Juana para que confiese. Ella sigue diciendo que escucha voces, que la hablan y le dicen que siga vestida de hombre. Lea sabe que está delirando, que la han utilizado y después abandonado, sabe que la única voz que permanece a su lado es la suya, y que no puede escucharla. La niña ha enloquecido.

El 23 de mayo recibe la última amonestación de parte de Pierre Cauchon, le pide que acepte el veredicto de la Universidad de Paris y de los jueces por su bien. Pero Juana contesta: «…si yo estuviera en el fuego, incluso seguiría sin decir nada más, y querría mantener todo lo que he dicho en el proceso hasta la muerte. No tengo nada más que decir».

Lea no puede luchar sola con las Sombras que reptan de parte de los ingleses. Son demasiadas. La Pucelle cae en la trampa final, la visten a la fuerza nuevamente de hombre y la violan. No hay marcha atrás.

Con apenas 19 años, esposada y escoltada, se la llevan a una plaza repleta de plebeyos. Diez mil personas y mil soldados ingleses están presentes. Juana se arrodilla y, durante media hora reza. Lea está agachada a su lado, le da todo el aliento que es capaz. No desea que al morir la desesperación la arrastre al otro lado. Un joven soldado inglés, de cara pecosa, acaba una cruz con dos palos de madera y se la acerca. Juana la besa repetidamente.

Lea ayuda al hermano Isambard de la Pierre a mantener erguida la cruz que Juana le ha pedido.

Por fin, la niña muere, con un último grito de: ¡Jesús! Lea se pregunta dónde estará ese Jesús, en que lugar del alma de esa niña entró para convencerla de tanta locura.

La plaza, al cabo de unas horas, queda desierta. Lea mira las cenizas de La Pucelle recogidas por el vérdugo. Al otro lado del patíbulo ve a Kyrian.

Sabe que él tampoco ha participado esta vez. Es otro espectador más. El rodea la pira y se pone delante de ella.

--¿Y esto lo han hecho los tuyos? ¡Vaya, con enemigos así no necesito amigos! Ja, ja, ja.

Lea calla. Al cabo de unos instantes le da la espalda y comienza a andar. Nada importa ya.

--¡Estás dudando, Lea! ¡Estás poniendo en entredicho el Plan!



19 comentarios:

Susana dijo...

Lea sabe que no es más que una pequeña flor mecida por el viento, flor de una estación que toca a su fin."

La frase es a modo de recordatorio, porque toda la entrada es impresionante. Creo que a partir de ese instante hay un antes y un después para Lea. Espero ansiosa las siguientes entregas.

Estoy pensando, buscará la compensación con los Otros?

Me encanta la voz de Noa :)

Elbereth dijo...

¿De verdad te ha gustado? Es porque yo sentía que es un tostón. Tabyto me hace críticas y me dice que debería profundizar más, pero yo le digo que un blog no es un libro....que la entrada ya es muy larga.

Y la gente tiene prisa...ya sabes.

Me consuela que te haya gustado, no me lo digas por cumplir ¡Coliflor! :D

Tengo mucho que aprender...

¡Dios! La aletargada soy yo hoy. El trabajo me deprime, mucho.

Doctor dijo...

Creo que nunca te he dado las gracias por leerme... y quiero hacerlo hoy: Gracias

Susana dijo...

Me ha gustado.. mucho, creo que deberías hacerle caso a Tabyto, a los que nos gusta leerte (voy a pluralizar de nuevo, un día de estos me van a parar los pies.. jajajja), si no nos da tiempo en cuanto publicas, lo dejamos para más tarde, pero siempre se puede hacer un hueco y, en tu caso, creo que merece la pena.

Verás, me gustan mucho (lo siento si no sé explicarte bien, se me hace difícil decir lo que me transmite algo cuando lo leo e ir más allá de decir que me gusta) las descripciones que haces, como con "las armaduras que se tornan escalata", o los sentimientos de abandono, manipulación, los datos históricos (creo que eso merece un reconocimiento, porque conlleva su trabajo), y todo lo que narras, sobre un hecho (sea real o ficticio) visto con los ojos y las impresiones de Lea.

Lo que me parece es aburrido repetir en cada una de tus entradas un "me ha encantado", pero vocabulario no es muy amplio al respecto y le cuesta demostrar mi admiración ante el talento.

Animo, el primer día es difícil, ahora irá cuesta abajo, y sino, desahogate por aquí, que para eso lo tienes, utilíza esas vivencias también para escribir.

Al final pondremos una floristería entre las dos :)

Susana dijo...

No sé si se ha entendido este párrafo, así que lo corrijo:

Me parece aburrido por mi parte repetir en cada una de tus entradas un "me ha encantado", pero mi vocabulario no es muy amplio al respecto y me cuesta hacerte unos comentarios tan "técnicos" como los de Deikakushu, por ejemplo, o los tuyos mismamente, a los dos os he leído más de uno de quitarse el sombrero y de los que yo aprendo (o lo intento).

Elbereth dijo...

Doctor No hay porque darlas, podría decirte un montón de razones por las que lo hago, pero sonaría a peloteo y me fastidia. Más en tu caso.

Gracias a ti pues, un saludo.

Susana buaaaaahhhh, qué pedazo de bajón tengo. Fíjate como ha sido que en el trabajo me han dicho que me habían cambiado. No he despegado los labios.

Sobre el texto gracias, escucharé atenta cualquier idea, las necesito. Y Tabyto es muy exigente, nunca está satisfecho con lo que escribo!!!!!

Tranquila te he entendido.
Ay que pedazo de floristería vamos a poner entre las dos!!!!! Para compensar puedes sacarme en alguna otra foto como la de la vaca, je,je,je.

Elbereth dijo...

Susana
Por cierto, me he pasado como cientos de veces a lo largo del día por tu blog, para ver si habías puesto una entrada nueva.

Ayyyyy, ¿quién dijo que el trabajo era salud? Levantarse a las 5:45 de la mañana no lo es. ¿Me estoy quejando mucho? ¡Sí, lo estoy haciendo! Perdón.

Susana dijo...

Habla cucurucho que no te escucho!!

jajajjaja ;)

Pd. Se siente, pero publicaré cuando tenga algo que publicar, que luego me sale el churro de final que le puse al relato, por forzar, jajajja

Elbereth dijo...

Ja,ja,ja...uy...esto yo pasaba por aquí.....es que te echo de menos....buahhhhhh ¿no te doy un poquito pena? No, va a ser que no. Eres muy dura, jajajjajajjaj

¿Qué es eso de churro y final? ¡Tonterías! Más bien creo que tú también querías terminarlo....¿me equivoco, cucurucho, ;_)???

Susana dijo...

No sueles equivocarte mucho y en este caso tampoco :)

Tengo una cosita para ti, a quién te recuerda? video

Elbereth dijo...

Ja,ja,ja....jajajjajajajaj Xd ¡que nadie toque a mi Horacio!!!!! Nadie!!! ese pecoso, feo y cuarentón es mioooooo, jajajjajajajjjaj

Xd....ays, ays, gracias, gracias, gracias, coliflor floreada de cucurucho, me has hecho POR FIN, reír hoy.....jajajjaj

Eso sí no soporto al Carrey....jejjejejejjejej

Susana dijo...

m'alegro :)

y ya me callo que esto parece un chat, jajajajja (por cierto, la última frase del vídeo es la típica de piolín "he visto un lindo gatito" (ahí se ha pasado con tu Horacio,jajaj))

(te acuerdas que te dije aquél día que colgaste un vídeo de Horacio que parecía que hablaba interrogando?.. pues Carrey no te gustará, pero lo borda, jajajajaj)

Susana no te ibas a callar!!

Elbereth dijo...

Soy muy pobre y nada me ofende...¡leches, es verdad que parecemos un chat!....Me voy a callar...SChssss. ¡Como te pasas con mi Horatio...eso sí, aunque duela, es cierto que habla así! ¡Un poco antinatural el chico! Ays nadie es perfecto!!!!

Valkiria dijo...

Habeis probado con el mesenger??;)
Je je.

La mezcla de lo histórico con tu savia es impresionate.
Me parece importante que post tras post Lea vaya siendo cada vez más humana. Un día sangró, ahora llora, siente pena y lo demuestra, y tú trazas ese camino y las palabras se hacen imágenes en mi cabeza loca.

Muy bueno, de verdad.

Deikakushu dijo...

Antes que nada... las 5:45!!! eso no puede ser bueno, ni legal, ni nada.
En cuanto a la longitud; parece que cuando uno abre un blog a ver que hay de nuevo y ve un post largo y empieza a bajar y parece no tener fin puede pensar "vaya tostón". Pero eso no es cierto, quien piense eso no le gusta leer. Es cuando comienzas a leer este post tuyo, estas viviendo la historia y se acaba y dices "ya?!, menos mal que mañana hay más" Eso es lo que diferencia un buen texto de un tostón, no lo que ocupe.
La ambientación es buena, das datos conocidos para que sea familiar y no tan conocidos para dar idea de realismo, es un equlibrio muy adecuado. El tema por supuesto apasionante, un gran y emotivo momento histórico abordado desde la perspectiva de un personaje cada vez mas profundo. Estas utilizando una fórmula que por lo menos a mi me fascina; novela histórica mezclada con mitología y mística, ¿puede haber algo mas fascinante?, jeje.
Me ha llegado especialmente un fragmento que puede parecer no muy destacado, pero me ha hecho reflexionar mucho. Cuando las voces la abandonan y Lea "sabe que Juana lo oculta a todos los que la rodean". Es que realmente vivimos en un mundo que NO SE PUEDE ser consecuente con la verdad. Por ejemplo en este caso, implicaría los anhelos y esperanzas de la gente si Juana lo fuera. Las circustancias de la vida nos van apresando y nos debemos a esas circustancias, no a la verdad.
Siento haberme extendido tanto ;)
Besos

Elbereth dijo...

Valkiria Esto...tienes razón, pero no tengo messenger. En casa está prohibido. Así que nos dá por explayarnos aquí. Perdonad. :D

Sí, yo no deseaba una Lea omnipotente. No creo en esa cualidad ni divina ni humana. Por eso poco a poco intentó ir formando un personaje divino y humano.

Un beso muy fuerte.

Elbereth dijo...

Deikakushu.. Gracias, por este comentario, de veras. Lo agradezco doblemente por las dudas continúas que me asaltan cuando escribo.

Sé que es absurdo decir que no quiero aburrir. Porque lo único que tiene que hacer el visitante, es cerrar la página, pero siento que si hago algo, tengo que hacerlo bien, con el alma puesta en cada palabra. Aunque el resultado no sea bueno, la honestidad tiene que ser absoluta.

Me has dejado tocada con tu comentario final. Lo haces muchas veces.
Las circunstancias de la vida nos van apresando y nos debemos a esas circunstancias, no a la verdad.

Es cierto. No puedo decir más. Juana no puede defraudar a aquellos que han puesto su esperanza en ella. Y en cierta forma, tampoco puede defraudarse a ella misma. ¿lo has pensado? No sólo están los otros, ¡está ella!. ¿Cómo reconocerse un fraude, una enferma?

No, antes la muerte en la hoguera.

No pidas disculpas por arropar con tus palabras la entrada.

Beso.

Cosichka dijo...

A mi el relato me ha enganchado (y eso que ya había decidido ir a dormirme ;-))

La canción de Noah, preciosa.

Respecto al contenido, puede que sea dura, pero siempre he creído que existen una gran cantidad de mediocres en éste mundo que aprovechan la fuerza de la ilusión y la inocencia de unos pocos para conseguir sus fines. Y esos mediocres, tristemente nunca pagan las consecuencias.

Besitos.

Elbereth dijo...

Cosickha niña de carita dulce...¡gracias! La duda existencial siempre me acompaña, es una joroba mental personal.

No creo que seas dura, creo que a veces es posible que tengas temor de expresar lo que sientes o piensas y no tendría que ser así.

Y sí, la mediocridad es enorme, ocupa muchas mentes. Estoy de acuerdo contigo. Es la mayoría y la mayoría siempre dicen tiene razón. ¿Quién se atrevería a contradecir?

¡Me alegro de tu vuelta, beso!