La última victoria

24 ago. 2007

1875 Territorio de los Sioux Teton.

Cuervo Huidizo lleva toda la noche despierto, deambulando por el bosque, escuchando los árboles, volando con las águilas, corriendo con los lobos. Su padre, Toro Sentado, le puso ese nombre porque apenas habla, rehuye casi toda compañía, y caza solo.

Son malos momentos para su pueblo. Y Cuervo se ve asaltado continuamente por el lamento de La Tierra, por lo que está ocurriendo, por lo que va ocurrir.

Cuando su padre Toro Sentado era un joven guerrero, rodaban ya las primeras columnas de carromatos por el Oregon Trail hacia el Oeste. Sin embargo, aún se encontraban lo suficientemente lejos al sur de su territorio como para preocuparse.

Ahora, sin embargo, los tambores de guerra llevan mucho tiempo sonando. En realidad no han dejado de hacerlo.

El gobierno se reunió con los indios en Fort Laramie para negociar nuevos territorios para la reserva. Su padre se negó a asistir. Y él se sintió orgulloso de ser su hijo. Sabe que luchará hasta el final, se lo ha dicho el cóndor. También le ha dicho que el padre enterrará al hijo. Pero no siente miedo.

Ahora los soldados blancos —su piel siempre huele a muerto— han comprobado que no pueden frenar a los buscadores de oro. Llevan dos semanas intentado convencer a los Sioux de que vendan las Back Hills. Ningún indio osaría vender La Tierra Sagrada.

Los blancos son extraños, venden algo que jamás han poseído. Dicen amar la tierra pero la maltratan constantemente. Dicen ser libres pero están cercados de leyes extrañas que dejan por escrito. Su palabra no tiene valor, y entre ellos mismos se obligan a jurar sobre un libro. Son una enfermedad, una plaga que se extiende por las praderas y que ennegrecerá la hierba.

Su padre envió emisarios a los Sioux y Cheyennes para formar un consejo de guerra. Ahora, sobre la pradera de Rosebud Creek pueden verse las tipis de quince mil indios, levantarse desafiantes para los blancos.

La mujer del bosque le ha dicho que las contemple fijamente, porque nunca más volverá a haber ese número de los suyos juntos y vivos. Y Cuervo la cree. La primera vez que la vio pensó que era el espíritu de su tótem. Luego comprendió que ella era más grande que eso. Cuando le habló de su muerte en la batalla, de su próxima vida, no, vidas dijo ella, se prometió así mismo que descubriría a esa mujer luna tras luna, hasta unirse a su alma.

Los cánticos de guerra le sacan de su ensoñación. Su padre no es sólo un guerrero, también es shaman. Y esa noche, ha pedido ayuda al Gran Espíritu.

Cuervo contempla el ritual desde la colina. Un suave --casi imperceptible-- crujido de ramas le anuncia que ella está a su espalda. No se vuelve. Siente su aliento en la nuca y cierra los ojos.

--Lea...

--Sssshhh... El ritual...

Las hogueras arden, los tambores marcan el latido de la Madre Tierra, los cánticos hechizan las estrellas, una llamada desesperada de auxilio.

Toro Sentado ha pintado sus manos y pies de rojo. Su espalda a franjas azules representa el cielo. Un hermano guerrero se arrodilla a su lado, y con una afilada lezna levanta cincuenta pequeñas tiras de piel de los brazos de su padre, desde el hombro hasta la muñeca.

Va a entrar en trance, va a reunirse con sus dioses.

Mientras la sangre deja de manar y las heridas se cierran, Toro Sentado comienza el lento y rítmico baile. Se levanta y agacha sobre la punta de los pies, mientras dirige la cara hacia el cielo y reza.

--Bailará durante toda la noche y durante todo el día de mañana.

--¿Le escucharán los dioses, Lea?

--Sí, habrá una gran batalla, será vuestra mayor victoria.

--¿Mayor que la de Fettennan?

Lea asiente con la cabeza.

--¿Tienes miedo de morir?

--No, sé que tú estarás conmigo. Sé que me guiarás al Otro lado. Quiero morir luchando.

Callan, y sin intercambiar una mirada, echan a andar hacia el bosque. Sus pasos se escuchan como sólo uno, sin tropezar nunca, baile de movimientos sincronizados, roce de sus hombros, dedos extendidos para sujetarla un instante, el contacto del vello de su piel en el brazo.

En la oscuridad, Cuervo conoce a Lea.

En la tarde del 25 de junio de 1876, el campamento de los Sioux y Cheyennes es atacado por el Séptimo Regimiento de Caballería, a las órdenes del teniente coronel Custer.

Toro Sentado deja que Caballo Loco se enfrente al enemigo. Mientras él contempla la batalla sobre su caballo, planificando la estrategia, armado con un Winchester y un revólver del 45. Impertérrito, rostro de piedra para el bravo corazón de un guerrero.

La Batalla de Little Big Horn será la mayor victoria. Cuando se levanta el polvo, se ven los cadáveres amontonados de los blancos, a muchos de ellos les han arrancado la cabellera. Toro Sentado busca a Cuervo. Cuando no lo ve sobre su caballo, busca en el suelo. Su mayor victoria se convierte en la más dolorosa de las derrotas. Pero no lo deja ver a sus hombres.

Recoge el cuerpo de Cuervo y lo echa sobre su montura. Se dirige a las montañas. Cuando lleva cabalgando un rato se encuentra con la mujer. Sabe lo tiene que hacer. Baja el cadáver de su hijo y lo deja a sus pies. Después monta de nuevo y, sin mirar atrás, cabalga para celebrar la victoria de su pueblo.


17 comentarios:

Susana dijo...

Dicen amar la tierra pero la maltratan constantemente. Dicen ser libres pero están cercados de leyes extrañas que dejan por escrito. Su palabra no tiene valor, y entre ellos mismos se obligan a jurar sobre un libro. Son una enfermedad, una plaga que se extiende por las praderas y que ennegrecerá la hierba.

Y como siempre a lo largo de la historia, los salvajes eran los indios y los americanos los héroes.

Lo que tendrían que haber hecho los indios es esto

:)

Elbereth dijo...

Susana, tienes toda la razón La historia del pueblo indio me causa rabia y dolor.

Impotencia, también.

Sólo puedo decir que no sé cómo lo haces pero siempre escoges mi frase favorita.

La viñeta buenísima.

¡Menos mal que no era yo sacando la lengua! :D

Alfredo dijo...

No sólo un pueblo, elbereth. Eran más de 4000 tribus esparcidas por todo el territorio de Norteamérica. Algunas perecieron sin ser recordadas. Otras vendieron cara su piel y acabaron siendo exterminadas. Y, las pocas que sobrevivieron, a costa de integrarse con quienes llegaron a esas tierras y arrasaron de forma violenta a quienes se opusieron a dejar de ser libres.

Hace tiempo conocí una web con mucha información en relación a la historia de los antiguos pobladores de Norteamérica. Por desgracia, en cierta ocasión formateé mi disco duro y la borré de mis favoritos. Ahora, no sé si sigue existiendo pues no la recuerdo. No obstante, me daba rabia no aportar nada. Así que, googleando, me encontré con esto:

http://www.fortunecity.es/bohemio/alternativa/121/861_Pieles_R_Territorios.htm

No es tan completa como la que conocí, pero sirve para ir tirando. Ahí queda. Un saludo.

Elbereth dijo...

Alfredo, gracias La aportación es todo un regalo. Y sí, fue mucho más. Un genocidio acallado.

Se cometieron atrocidades que nunca sabremos.

Gracias por el enlace, y por tus comentarios, eres mucho más que bienvenido.

Saludos!!!!

Alfredo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
BalaNegra dijo...

Sin duda alguna, la historia de los indios de Norteamérica es la historia de un gran genocidio.

Elbereth dijo...

Buen día Bala Sí, es cierto, un GRAN genocidio y Olvidado, insisto. A los americanos se les da muy bien eso de manipular la Historia, una vez que han hecho con ella lo que han querido.

¿Recordáis las películas de los yankis? Se necesito muchos años para que el cine, les tratara dignamente. Y sólo el cine, porque la realidad de estos pueblos--en la actualidad-- es desoladora.

Siempre he sentido una conexión especial con ellos. Desde pequeña. Cuando estoy un poco fuera de lugar con el universo, me pongo su música. Salgo a la terraza, me siento en el suelo, cierro los ojos, y abro el corazón.

(Nadie puede verme desde mi terraza, inciso...)

¡Qué charla! Frio y lluvia en Madrid. ¿Verdad?

Besos.

Cosichka dijo...

¿Cuervo acompañará a Lea en su viaje?

A lo mejor me adelanto ;-)

Besitos.

Elbereth dijo...

Cosichka Ja,ja,ja...no puedo desvelarlo...habrá que esperar a mañana.... Un besazo!!!

lamaladelapelicula dijo...

Qué bárbara Elbereth, no puedo despistarme un día. Me encanta este nuevo tinte que ha tomado el leerte, esta forma de transportarme con palabras llenas de significado a antiguos significantes.

La historia de los indios americanos siempre me ha resultado tremendamente atrayente. Su cultura, su forma de vida. Si optara por tatuar algo en mi cuerpo, no dudaría en que fueran unas hermosas plumas.

un beso

Elbereth dijo...

Mala..:) Me gusta lo de las alas, volar...para tener otra visión de las cosas...para competir con el viento o dejarse llevar con él.

Despegar...

Beso!

Deikakushu dijo...

No te voy a decir que el texto es bueno porque ya lo sabes ;) Pero me gusta que vayas probando distintos registros, este relato es mas directo, con menos florituras pero muy elaborado. Lea, como te dije la última vez, es un gran personaje, que se va dando a conocer a tráves de las situaciónes y menos por los diálogos. El momento bien escogido, como siempre, quizá excesivamente romántico para mi, pero que se presta muy bien a la literatura.
Yo soy más de "Un hombre llamado caballo" que de "el último Mohicano", jeje.
Besos, un placer leerte.

Elbereth dijo...

Deikakushu, jajajajja Vaya, a mí como película sin duda me gustó más "Un hombre llamado caballo"...por cierto, ¡qué pelicula!

¿Así que no eres romántico? Uhmmm... je,je,je,Eso no está nada bien, no señor. ¿Es rómantico el texto? ¿Porqué?

Tengo que reconocer que soy terriblemente cursi en ese sentido...¡Perdón! :-) Pensé que había conseguido eludir la cursilería, pero veo que no...jajajajjaja

Besos, gracias por pasarte.

Valkiria dijo...

Es el olvido de los que en realidad fueron grandes lo que hace a los americanos ser como son.

Si aprendiéramos sólo un poco a amar la Madre como esas tribus, quizá rozaríamos lo que llamamos eternidad.

Me has vuelto a tocar.

Gracias, Elbereth.

Un beso enorme.

Elbereth dijo...

¿Sabes lo que me pasa, Valkiria? que me veo a mí misma como un ser vivo desconectado del mundo al que pertenece. Tengo la sensación de girar como una peonza, sin ser capaz de asirme a nada.

Creo que ellos, tenían el Poder, la Capacidad, de comulgar con su entorno, de vivir en equilibrio.

¿Me entiendes? ¡Seguro que sí! Un besote grante.

Deikakushu dijo...

El momento histórico, Elbereth, me refiero al momento. Cuando digo "demasiado" me refiero a que es un momento en el que es fácil caer en el romanticismo pasteloso, no que tu lo hayas hecho. De hecho me parece mesurado y es dificil tratándose de este tema. ¿Yo romántico? Lo intente o no, me temo que lo soy, quizá demasiado, quizá por eso lo rehuyo un poco ;)
Besos

Elbereth dijo...

Bueno, bueno, Deikakushu, me gusta esa palabra..."mesurado"..je,je,je..

Pero tienes razón --no me gusta darte siempre la razón ;-)-- es un tema en el que es fácil caer en tópicos.

Besos,"romanticón" :D

lo sé, lo sé, soy mala.