Lea

18 jul. 2007

Lea sube despacio los escalones.

Arrastra el abrigo gris color panza burro por los peldaños. Su cara está sucia y sus ojos enrojecidos por el cansancio.

En el descansillo del primer piso todavía hay una bombilla con su aplique. Al trasluz se pueden ver los cuerpos de varias moscas muertas. Alguna puertas están entreabiertas.

Del segundo al quinto han robado todas las luces de los pasillos. Aquí las puertas están todas cerradas. En las paredes hay desconchones, y en el suelo, trozos de yeso húmedo.

En el sexto vuelve a haber luz. Dos bombillas iluminan el pasillo. El final está tan negro como boca de lobo.

Al pasar por delante de la sexta puerta a su derecha casi pisa de puntillas. Le llega el sonido de un viejo televisor y puede ver parte de las imágenes cuando pasa por delante.

--¿Lea? ¿Eres tú?

¡Mierda!

--Sí, coronel. No quería despertarle.

--¡Bah! ¡Mientes fatal! Entra y cuéntame dónde has estado. No soy capaz de dormir, esta pierna me duele demasiado.

Lea abre la puerta con un suspiro. La habitación es pequeña, está mal ventilada, pero guarda cierto orden.

--¿Puedo abrir un poco la ventana, coronel?

--¡Haz lo que quieras! Pero antes acércame mi botella de whisky.

--¿Un vaso?

--¡Para qué!

Lea se sienta en una desvencijada silla de madera.

--¿Qué has hecho esta noche, mujer?

--Un hombre había sufrido un infarto a unos metros del centro de urgencias. El personal médico se negaba a salir y atenderle. Protocolo sanitario.

--¡Hijos de puta, malnacidos!

--Ya...

--¿Y qué hiciste?

--Les convencí para que le atendieran.

--Ja, ja, ja. ¿Ahora lo llamas así? ¿Convencer?

--Primero apelé a sus conciencias.

--¡Esa sí que es buena! ¿Y no te escucharon, no es cierto?

--No lo hicieron.

--Ya.

El viejo coronel da un trago a la botella. Con sus dos manos levanta su pierna izquierda con esfuerzo y la apoya encima de una silla.

--¿Hubo heridos, mujer?

--Hubo heridas.

--Bueno así es la vida, alguien tiene que darles hechos a las palabras.

--No me quedó otro remedio, coronel.

--Lo sé, lo sé. No me aburras con tus problemas de conciencia. Lo que importa es que salvaste al hombre. ¿Porque lo salvaste?

--Lo hice. He de irme, coronel.

--Claro, claro, ve. ¿Quieres que te despierte mañana?

--Por favor.

El viejo coronel hace un vago ademán con la mano a modo de despedida. Lea se levanta y coloca cuidadosamente la silla. Sale sin apenas hacer ruido.

En el pasillo se encuentra con una niña pequeña, de grandes ojeras, el pelo lleno de nudos.

--¡Lea! ¡Ven conmigo, por favor! De nuestro lavabo no paran de salir bichos.

--¿Has probado a matarlos?

--Sí, pero vuelan.

--Entiendo. ¿Está tu madre en casa?

La niña niega con la cabeza. Lleva una muñeca de plástico debajo del brazo. Le falta una pierna y el pelo está tan sucio como el de la niña.

--Bien, intentaré arreglarlo.

La casa es algo más grande que la del coronel pero aquí reina el caos. Huele a tabaco y a bayeta sucia. Lea está ante el lavabo. Del desagüe salen pequeños mosquitos que rodean su cara. Lea se gira hacia la niña.

--¿Tienes amoniaco? Tráelo.

Mientras tanto abre el ventanuco y espanta a los insectos. La niña aparece rápidamente con la botella en la mano. Lea vierte todo el contenido por el agujero y abre el grifo del agua caliente hasta que sale humo.

--¡Listos! Al menos, por ahora. Y dí a tu madre que compre un insecticida.

--Gracias, Lea.

--No hay de qué, Virgin. Y métete en casa y cierra la puerta. No son horas de andar despierta.

Sale de nuevo al pasillo. Novena puerta al fondo y en el centro. Sin vecinos a la derecha ni a la izquierda.

--¡Hogar dulce hogar!

Tristán se echa encima de ella y hace que se tambaleé.

--¡Mierda, me olvidé de tu hueso!


4 comentarios:

Susana dijo...

"Alguien tiene que darle vida a las palabras."

No podía faltar a la presentación oficial de Lea :)

Pd.Lamento que desapareciese la historia de los jarrones, era muy hermosa

Susana-Adicta al Jaque Mate dijo...

Un poco tétrico el edificio, desesperanza, abandono, bastante gris y, en medio de todo eso, una chica con luz propia.
Creo que nos irás descubriendo más vecinos e historias en cada nueva puerta, o eso espero.

El coronel..al principio también me recordó un poco al abuelo (como Bala), pero no, tiene algo diferente "dentro" (también pensé en house).. ya veremos

Salu2 :-)

Valkiria dijo...

Vuelvo a ver en tus lineas como la luz encharca la oscuridad.

Es increíble como hay gente que está dispuesta a "morir" por otra cueste lo que cueste, pero al fin y al cabo, con todo lo tétrico y oscuro que pueda parecer, el "hogar" de cada uno es el rincón donde esa luz brilla, aunque el mundo se hunda fuera.

Enhorabuena!!
Mil besos.
Publicado por Valkiria para Apenas Una Palabra a las 31/07/07 15:50

Elbereth dijo...

Vaya, esto se está convirtiendo en un paseo marcha atrás.

Susana Sí, la historia era realmente buena, y a mí me tocaba muy hondo.

Algunas las estoy pudiendo recuperar en caché pero otras no.

No importa, de esto se aprende mucho.

:D

Gracias