Nada es real sino lo escribo...

22 ago. 2007


Londres 1925: 22 de Hyde Park Gate

Su esposo Matthew ha recibido una invitación para acudir a una cena en la residencia de Leonard y Virginia Woolf . Los contactos que ha tenido con Clive Bell, crítico de arte, le han abierto las puertas a este selecto grupo. Ella conoce a su esposa Vanessa, coincidieron en un té que dieron en casa de una conocida común. Poco más sabe de ellos.

Catherine se siente pequeña ante estas mujeres y hombres. Ha leído El cuarto de Jacob y Mrs Dalloway, y ha quedado profundamente tocada por las palabras de la Woolf. Sin embargo, ella no deja de ser un ama de casa gris: con tres hijos, dependiente de su marido, arrastrando una educación machista de la que no cree posible desembarazarse.

Esa mañana se ha despertado con el pecho oprimido, con unas terribles ganas de llorar. Así, nada más abrir los ojos ya tenía deseos de tirarse por la ventana y acabar con todo. Mejor dicho, acabar con La Nada que se ha instalado en su vida.

Pero ha escuchado a los niños pelearse en el piso de abajo, y a la doncella desesperada intentando contenerles. Se ha vestido y bajado al salón.

Es una buena casa, el negocio de su marido ha ido cada vez a más y les permite vivir con holgura. Pero Matthew apenas está con ellos. En el último año ha habido días que sólo le ha visto en el desayuno, y presentido su cuerpo en la noche cuando se metía en la cama de madrugada. Tiene una amante.

Una noche estuvo a punto de seguirle. Tenía el sombrero puesto, y estaba abrochándose los botones del abrigo, cuando descubrió a su doncella mirándola con tanta pena, que sus mejillas se arrebolaron por la vergüenza, y desistió. ¿Para qué? Se derrumbó sin tan siquiera quitarse el abrigo, en el sillón del salón. Sus sollozos llegaron a los criados que cerraron la puerta de la cocina, no sin antes haberle preparado un té caliente, que dejaron en silencio en la mesita a su espalda. Nada como el té caliente para aguar el dolor.

Desde entonces se ha interesado por el movimiento sufragista, pero no está segura si lo ha hecho por convicción o por fastidiar a su esposo. Es un hipócrita. Intenta simular que comparte su desprecio por la moral victoriana y la religión, pero no es cierto. Lo único que persigue es obtener más contactos para su negocio.

El derecho al voto para las mujeres mayores de treinta años se consiguió en 1918. Catherine sonríe amargamente cuando piensa en ello. Está claro que la mayoría de las mujeres de esa edad votarán guiadas por la mano de sus maridos o padres. La última vez que hubo elecciones fingió estar enferma para no tener que ir. Matthew ya había decidido su voto sin consultarla. Un fugaz comentario una semana antes, tomando el té.

Tiene que decidir que vestido llevar esa noche en la cena. Saca varios del armario, los coloca escrupulosamente –borrando toda arruga con sus manos-- sobre la cama. Sus hijos entran corriendo en su cuarto, ni tan siquiera les mira. Con un gesto automático los echa de allí y cierra la puerta.

Se sienta al borde de la cama. Mira hacia la ventana coloreada con la luz de la mañana. ¿Qué vida le espera?

Lea podría decírselo. Se ha acostumbrado a seguir a aquellas almas que han quedado fuera de plan alguno. El otro día se sentó con ella en el banco del parque. Comenzó a llover y Catherine ni se movió. Lea tampoco. La niebla londinense se enredó en sus pies y las hizo invisibles para el resto del mundo. La lluvia menuda mojó sus ropas, el sombrero de Catherine hizo de paraguas, pero por poco tiempo y las hojas del libro de Virginia Woolf necesitaron después muchas horas delante de la chimenea.

Ese fue el primer día en el que pensó seriamente en el suicidio. Ahora todos los días su mente encuentra un hueco para pensar cómo lo haría. Mientras ordena el armario, inspecciona la despensa, recibe invitados o compra un vestido; piensa en cual sería la forma más rápida e indolora.

Sabe que Matthew se afligiría hasta el entierro, y después en pocos meses se volvería a casar con esa mujer más joven a la que mantiene. Sus hijos son pequeños y varones, no cree que la echen de menos, al menos no por mucho tiempo.

¿Qué le queda? ¿Quién la recordaría para siempre? Nadie.

Lea posa una mano sobre la suya. Catherine siente por unos instantes una presencia reconfortante deliciosa. Después la habitación se torna indefinida y acuosa de nuevo. El vestido azul. El vestido azul será el que lleve a la cena. Obliga a su cuerpo a levantarse y recoge la habitación para dejarla en un orden perfecto.

Esa noche les recibe Leonard Woolf, el dragón de Virginia, su protector. Matthew la deja sola rápidamente y ella se encuentra vagando por el jardín de la casa, buscando alimentar su soledad.

Allí, en un banco, está sentada la Sra. Woolf. Se mira las manos que frota compulsivamente una contra otra. Catherine tose suavemente para avisarla de su presencia. Virginia levanta la cabeza y le hace un gesto amable para que la acompañe. Una vez sentadas, pasan en silencio varios minutos.

--He leído su último libro...

Virginia asiente, la mira fijamente a los ojos.

--Nada es real sino lo escribo. Tutéame, por favor. ¿Tú escribes, Catherine?

Catherine se echa a reír, con una risa tan sombría que la Woolf se estremece.

--No. Yo no escribo. ¿Le interesa la política?

--La verdad es que no. Siempre me lo están echando en cara. Pero es que no son las catástrofes, los asesinatos, las muertes y enfermedades lo que nos envejece y acaba por matarnos, es la forma de mirar y reír que tiene la gente, su modo de subir al ómnibus. ¿Me entiende?

--Perfectamente. Mi marido me está matando así.

Virginia calla y posa afectada una mano sobre Catherine. Lea esta allí de pie, observando la escena.

--La vida es un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos rodea desde el comienzo al final de la consciencia.

--Mi vida no tiene luz.

En ese momento aparece Leonard buscando a su amada esposa. Educadamente se la lleva adentro. No vuelven a verse. Lea aprovecha y se sienta junto a Catherine. Juntas aspiran el aire de las buganvillas.

El 28 de marzo de 1941, mientras Catherine se tumba sobre las vías en Paddington Station, Woolf se adentra, con los bolsillos llenos de piedras, en las calmas y frías aguas del Ouse, y desaparece.




15 comentarios:

Susana dijo...

Arrgg no lo entiendo, prefiere despreciar y deshacerse de su vida antes que enfrentarse al motivo de su desdicha? tanto le asusta empezar de nuevo?

Y Lea? se sentía impotente? no encontró forma de ayudarla o es que sabía que no podía hacerlo?

Muy bueno Elbereth, mucho.

Elbereth dijo...

Susana... Sí, se ve vencida. En aquellos años, a pesar de todo los cambios que se estaban produciendo, la situación de la mujer era muy diferente a la actual.

Resulta difícil comprenderlo desde nuestro punto de vista. Si mal no recuerdo hasta 1928 --no estoy segura-- no sé conseguiría el sufragio para todas las mujeres, sin distinción de edad, en el Reino Unido.

E incluso hoy, si miras a tu alrededor detenidamente, observarás que todavía quedan residuos de esa educación. No es tan lejano.

No es la misión de Lea. Como he dicho esta allí porque ha tomado la costumbre de observar a las personas que no forman parte del Plan. No tiene permiso para intervenir. No en su caso.

Gracias, Susana.

la secretaria dijo...

!Que hermoso texto¡, que hermosa forma de narrar, y mejor aún cerraste el cuento con una facilidad increíble, como si el final hubiese fluido. Cuendo leo narraciones como éstas, pienso que su autor no lo pensó, tan sólo se dejó llevar por las palabras que la inundaban.
Un beso y espero nuevas historias de Lea.

lamaladelapelicula dijo...

Es estremecedor. Te transporta, hasta quizá demasiado para mí.

La niebla londinense se enredó en sus pies y las hizo invisibles para el resto del mundo.

Y sí, aún hoy hay demasiada niebla en muchos lugares. Aquí mismo.

Un beso grande, gracias por regalarnos textos que transportan.

Cosichka dijo...

Había perdido totalmente la esperanza. Es muy triste.

Ojalá hubiera encontrado alguna razón para seguir luchando.

Hay tantas mujeres y hombres que todavía sienten esa nada en sus vidas aunque no sean los corsés de la época que les ha tocado vivir los que los oprimen... Es lo peor que se puede sentir.

Besitos.

BalaNegra dijo...

"Pero es que no son las catástrofes, los asesinatos, las muertes y enfermedades lo que nos envejece y acaba por matarnos, es la forma de mirar y reír que tiene la gente, su modo de subir al ómnibus. " Cuánta verdad en estas palabras, y qué pocas personas se dan cuenta de ésto...

Es muy triste esta historia de desesperanza, Elbereth, muy triste...

Elbereth dijo...

Hola Secretaria... Es cierto me dejé inundar por ellas, tanto que acabé con las ropas húmedas a causa del río.Gracias!!!!

Mala... Me gustan tanto cuando comentas!!! Esa es una época con un significado emocional importante para mí. Y si he conseguido transmitiroslo me siento tranquila.

¿Has caminado alguna vez por un día de niebla muy espesa? Y de pronto, la persona que iba contigo se ve engullida por ella y la pierdes de vista. Incluso la voz se amortigua. El resto del mundo se olvida de que existes, ponen niebla ante sus ojos para no mirarte.

Un abrazo,amiga.

Cosichka Sí la perdió, o quizá nunca existió una esperanza real. Cuando el mundo se muestra ante ella tal y como es, se ve derrotada.

Morir no es tan malo, el suicidio es un tren adelantado, me niego a verlo como un fracaso.

Bala ¡Qué bien leerte de nuevo! Me alegro mucho de tu vuelta.

Has escogido las palabras de Virginia Woolf, las cuales son eternas y cargadas de la Verdad de Vida. Sí, Bala, es muy triste,la historia me escogió a mí esta vez.

Un beso muy grande!!

Valkiria dijo...

En una época en la que todo está en contra de tu renacer es complicado salir a flote, es absurdo buscar luz, porque esa luz no existe.

Lo peor es lo que comentais, la realidad en muchos casos no difiere tanto de aquella época.
Sí, nos movemos en tiempos de transición, pero el mundo anda a la pata coja sobre unos derechos que engañan cuando dicen que son iguales para todos.

Comprendo la decisión de Catherine, a veces es la única salida.

Un beso. Me has vuelto a llenar.

Deikakushu dijo...

Bueno, ya que parece que lo que mas se comenta son las motivaciones de Catherine vamos allá; entiendo la situación y me parece muy consecuente el estado psicológico del personaje, es que en otros tiempos el enfrentamiento no entraba entre las posibilidades de una mujer. Lo único que puede hacer, sobre lo único que tiene el derecho absoluto es sobre su propia vida (aunque la religión trate de arrebetarlo, ya sabes, yo siempre con lo mío), y ese final es espectacular, un giro realmente bueno.
Tiene mucha relación un artículo sobre el nuevo libro de Punset, que estuvimos discutiendo en el blog de Entemec, en el que afirma que la única causa real por la que envejecemos es porque dejamos de enamorarnos...
O como diría Freddy Mercury, "who wants to live forever when love must die".
Muy buen post, Lea, Lea, Lea (imagínese en unos carteles y chillado por decenas de fans)
Besos

Alfredo dijo...

Como han dicho más arriba, estremecedor. Logras mantener la tensión hasta la última frase. Y la historia, tristemente real.

Un saludo.

Elbereth dijo...

Valkiria Absurdo buscar la Luz... Me has hecho pensar...Sí, creo que el personaje es esa la sensación que tiene, el adjetivo es totalmente acertado. Yo me siento así muchas veces, también.

Y tienes nuevamente razón cuando hablas de que este mundo va a la "pata coja". Sí.

Para ella es su salida, es su forma de dejar de sentir la Nada. ¿Te imaginas así un año tras otro y cada vez ese agujero negro más grande en tu alma?

Un beso muy fuerte, Valkiria. Y muchas gracias.

Elbereth dijo...

Deikakushu ¡Bueno podías haber comentado en otra dirección! Ja,ja,ja. Ese tuyo ¡Vamos allá! me ha sonado a coger aire y empezar a escribir. Ja,ja,ja.

Como a mí también me interesa el tema de la religión y el suicidio, te sigo.
¿Porqué crees tú que lo prohíben? En realidad, no hay tantos suicidios, numéricamente hablando, si pensamos en las circunstancias en las que millones viven. Entonces...¿Porqué esa obsesión por maldecir a los suicidas? ¿Porqué esa visión asociada al fracaso? ¿Vivir desde la frustración es más honroso?

¡Me he pasado! Lo sé...me interesa el tema.

Y sobre el otro tema...envejecer porque dejamos de amar...No sé a qué se refería el libro, imagino que a un envejecimiento del alma. Y desde ese punto, estaría de acuerdo. Pero tendré que buscar el tema. No puedo hablar sin conocimiento de causa.

Lo de los carteles me ha entusiasmado. La imagen es escalofriante, con una alfombra roja, saludando con la mano, y flash de fotos por aquí y por allá. ARghhhhh...Espera...Un momento...¡Pero si me están tirando tomateeessssss! Ja,jajajaja....

Además de darte las gracias, ¿necesitas algún tipo de remuneración ecónomica? Je,je,je.

Besos.

Elbereth dijo...

Buenas Alfredo ¡Me alegro de verte por aquí!
Sí, la historia es triste, la de las dos mujeres. La de V.Woolf también.

Hay que reconocer que la Historia y los Hombres, han tratado a la mujer de una forma despreciable. Y que lo siguen haciendo.

Sin embargo, hoy me quedo con lo positivo, los cambios habidos, los cambios por haber. Y personas como vosotros.

Un saludo y ¡gracias por pasarte!

Deikakushu dijo...

En cuanto a lo del suicidio pienso que, aunque no haya mucha incidencia, es un símbolo muy importante del control de la propia vida, y al fin y al cabo la religión lo que trata de controlar son los símbolos.
Pues lo del envejecimiento, en realidad se refiere al envejecimineto celular. Se supone que uno de los pistoletazos de salida para el envejecimiento celular masivo es la ausencia de uno de los componentes químicos que se segregan al enamorarse... no me digas que no es relativamente esperable, jeje.
Besos

Elbereth dijo...

Deikakushu Pienso lo mismo. El poder sobre otros, controlar su miedo. Si tienes eso tienes todo.

...

¿Pero a qué tipo de enamoramiento se refiere? ¿A la primera euforia del primer mes? ¿Al amor consolidado?
¿A la atracción sexual?

:-)

¡Cuánto pregunto!