Ultimas palabras

13 ago. 2007

Conduce con la ventanilla bajada, su espalda está empapada de sudor, la camiseta se le pega al cuerpo, delante el asfalto se convierte en un espejismo.

Para en una gasolinera con un bar de carretera al lado. Empuja la puerta con el brazo, no quiere tocar el tirador con sus manos. El local tiene aire acondicionado y da gracias por eso. Se sienta al final del pasillo, en un recodo al lado de la ventana. Desde allí puede controlar la puerta de entrada y el resto del sitio.

La camarera la mira de reojo desde detrás de la barra, y comprende que va a tener que levantarse para pedir su consumición. Deja pasar unos minutos y contempla la carretera abrasada por el sol. Apenas transitan coches por ella.

La radio y el televisor están encendidos a la vez. Se superponen el telediario y una cuña publicitaria sobre productos de adelgazamiento. Hay dos hombres sentados a la barra, la miran desde el otro extremo del bar. Cuando les enfrenta la mirada, estos la retiran. Una familia ha hecho una parada técnica y parece que han aprovechado para comer unas hamburguesas de aspecto intragable. La camarera termina impacientándose:

--¿Va a tomar algo, señora?

--Sí, gracias. Un whisky sólo con mucho hielo.

La mujer detrás de la barra hace un gesto imperceptible de disgusto. Se gira hacia los hombres acodados en el otro extremo y la escucha decir “qué se habrá creído esa”. Los hombres dejan escapar unas risitas y beben un trago de sus cervezas. Tarda más de la cuenta en llevarle su bebida. Lea le sonríe afablemente y le pide que se cobre.

--Puede quedarse con el cambio. Gracias.

La mujer se queda mirando el billete, sorprendida. Piensa que se ha equivocado.

--Está bien así. Créame. ¿Hace falta llave para entrar en los baños?

--No, están abiertos. Pero yo que usted no entraría. Si puede esperar, hágalo.

Lea le sonríe nuevamente y le da las gracias. Quiere que la mujer se vaya. En el mismo instante en el que la camarera se da la vuelta, entra por la puerta un hombre con una mujer joven. Lea se incorpora en su asiento.

La chica se sienta enfrente de ella mientras que el hombre le da la espalda. Puede leer el miedo en sus ojos, tiene una mejilla algo amoratada, el pelo revuelto, y la falda que lleva es demasiado corta. El hombre ha pedido una cerveza para él y una coca-cola para ella. Ni tan siquiera le ha preguntado que es lo que quiere.

No se hablan. El tipo es corpulento, lleva barba de dos o tres días y tiene aspecto de no haberse lavado. Se levanta con un mapa de carreteras en la mano y se dirige hacia la barra para preguntar a los hombres sobre la dirección a seguir.

Sin la espalda del hombre tapándoles, la chica y ella se miran. En la mente de Lea estallan los insultos, las vejaciones, las palizas, las violaciones. Después, una muda súplica.

La familia ha terminado de comer y el padre se ha levantado para pagar. El chico, un veinteañero rubio y afectadamente descuidado pasa por delante de la muchacha para ir al baño. A su altura se queda mirando el pronunciado escote sin disimulo. La sonríe. Y ella, tímidamente, le corresponde.

El hombre lo ve todo desde la otra esquina. Vuelve a su asiento y le susurra unas palabras cargadas de rabia. Ella niega con la cabeza, apenas esboza una protesta, la mirada clavada en la bebida, las manos nerviosas jugando con el mechero.

Cuando el chico regresa del servicio no la dedica una segunda mirada. Se oye un bocinazo, el resto de la familia está ya dentro del coche y el chaval se apresura en salir.

Lea ve como el hombre le da una patada por debajo de la mesa. La chica se encoge en silencio. La camarera también lo ha visto y se mete en la cocina. Los dos hombres les dan la espalda con sus botellas en la mano y comienzan a ver la televisión con repentino interés. El hombre apaga su cigarrillo en la mano de la chica. No se queja, no chilla, sólo llora.

Lea se bebe de un trago el whisky. Se levanta lentamente y se dirige hacia la pareja. A la altura de él se para y coloca una mano sobre su hombro. Acerca la boca a su oreja:

--¿Crees que serías capaz de hacerme eso a mí?

El hombre al principio queda paralizado por la sorpresa, pero al segundo se zafa de su mano y la increpa.

--¡Puta loca!, métete en tus asuntos sino quieres cobrar tú también.

--Inténtalo. Soy toda tuya.

El hombre se levanta bruscamente y suelta su puño contra la cara de Lea. El impacto es brutal. Pero Lea se ha puesto fuera de su alcance. Una milésima de segundo, unos centímetros de espacio: lo suficiente para evitar el golpe. La chica no puede evitar una risa, el hombre no sale de su asombro.

--Uhm, ¿no eres muy rápido, verdad?

El tipo enfurecido se abalanza como una mole sobre ella. Lea levanta la palma de su mano y le frena. Es como si hubiera chocado de bruces contra un muro invisible. Baja la palma de su mano y el tipo cae al suelo. Los dos hombres se levantan y se marchan a toda prisa. Alguien cierra la puerta de la cocina. Lea se agacha y le susurra al hombre:

--Vaya, parece que nos dejan solos. ¿No te parece romántico? Niña, coge las llaves del coche y espera fuera.

La muchacha obedece. La costumbre.

--No tengo mucho tiempo para ti. ¿Últimas palabras?

El tipo saca una navaja en un ademán brusco e intenta clavársela. Pero Lea agarra suavemente su muñeca y la navaja cae sin más al suelo.

--Me he cansado. Hace demasiado calor aquí. Sin embargo, me han dicho que el infierno es frío. ¿Quién lo habría dicho, verdad?

Apoya la mano sobre el pecho del hombre y cierra los ojos. El rostro del hombre comienza a surcarse de pequeñas venas azules, las fosas nasales se dilatan, abre la boca en busca de aire, la lengua se le hincha y las encías le sangran copiosamente. Los ojos se salen de sus órbitas y un líquido amarillo resbala de sus oídos.

--Compensación.

Lea aparta la mano del hombre y se levanta. Ve a la camarera de pie, detrás de la barra mirándola. La mujer aparta la mirada avergonzada. Lea sale en busca de la muchacha.

--¿No va a salir?

--Eso parece. Toma su cartera y vete de aquí.

--¿Le has matado?

--Sólo le he devuelto lo que había estado dando. Lo llaman compensación.

12 comentarios:

Valkiria dijo...

Bienvenida de nuevo, Elbereth!

Toda vuelta es trumática y el síndrome post-vacacinal...en fin es una realidad.
Veo que regresas con fuerza, saldando cuentas, poniendo a los malos a punto.

Me encantaría que la realidad fuera como tú la dibujas.
A veces sueño que soy dios y actúo como Lea y me lleno las manos con la vida de los cobardes y matones para devolver a sus víctimas latidos nuevos y un poco más de aire en sus pechos doloridos. Después despierto y veo como el mundo sigue loco y los fuertes no protegen, sino que subyugan.

Perdona la paranoia taciturna de mis desvelos.

Me alegra que estés de vuelta.



Publicado por Valkiria para Apenas Una Palabra a las 13/08/07 18:11

Susana dijo...

No reconocía la canción por la película (que me encanta), pero me ha gustado mucho.

La imagen del infierno frío me ha sorprendido, muy original.

Esta chica, Lea, es realmente desconcertante (me gusta esa palabra). Parece fría y, sin embargo, sus actos reflejan lo contrario.

Cuánta cobardía y miedo y cuánto malnacido..

Creo que todavía estoy algo afectada por tus palabras, jajaja, no sé qué más decirte.

Bienvenidos :)



Publicado por Susana para Apenas Una Palabra a las 13/08/07 21:55

Elbereth dijo...

Susana... Esa película me tocó en su momento. Creo que yo habría hecho lo mismo en su situación, habría saltado...

La canción es genial. ¿Viste la letra? Aún mejor.

Desconcertante... ¿Puedo adoptar esa palabra, por favor? A partir de ahora intentaré usarla en nuestras conversaciones. Creo en el lenguaje creado para dos. ¡Cosas mías!

No es fría, no lo es. Pero puede serlo. Quizá por eso también sea desconcertante.

La "gente" no prueba a ser diferente, no se reta así misma. Se conforman con lo que son. Ufff, tendría que escribir sobre eso...probaré...

Hay mucho malnacido hijo puta...yo tuve una experiencia oscura una vez. No es para contarla por aquí. Reaccioné y me libré.Pero bien podría no haberlo hecho y la situación hubiera sido muy diferente.

Bien Hallada!!! :D



Publicado por Elbereth Apenas Una Palabra para Apenas Una Palabra a las 14/08/07 10:55

Valkiria dijo...

El infierno es lo que cada uno teme, si, de acuerdo, pero yo, cuando me imagino el Infierno y juego a crear en la mente trazos deifusos, lo imagino helado, frío como un témpano, desquiciosamente gélido...y no es que yo tema el frío, vaya, me crie en nieves y heladas.

¿me preguntas si he estado allí? Pasé algún tiempo de mi vida, sí, prefiero no recordar, aún sufro secuelas...

El infierno...a veces no es el peor lugar.



Publicado por Valkiria para Apenas Una Palabra a las 14/08/07 11:23

Valkiria dijo...

Sí, ya sé, lo de fuertes era más metafórico que otra cosa...

También creo que fuerza y fortaleza deben tener connotaciones diferentes.

Curioso lo que menciona Susana...para mí el infierno siempre fue un lugar frío. La mente humana nunca deja de sorprenderme.

Un beso



Publicado por Valkiria para Apenas Una Palabra a las 14/08/07 9:29

Deikakushu dijo...

Me gustan los relatos sobre Lea. Tienen ese realismo característico tuyo y un toque suave de capacidades sobrehumanas (si, si, suave). Es la mezcla que mas me gusta. Sólo que me pregunto, todo gran poder conlleva un gran dolor, sufrimiento, pago o como le quieras llamar; que ofrece o pierde Lea para poder actuar así. Quizá sea mi concepto de equilibrio, pero es lo que observo en la realidad.
Besos
P.D.: como decía mi admirado Schopenhauer, "Para millones y millones de seres humanos el verdadero infierno es la tierra"



Publicado por Deikakushu para Apenas Una Palabra a las 14/08/07 12:06

Susana dijo...

Nunca he querido pensar demasidado en el infierno, no sé si es porque tiendo a ser de mente positiva y a ver el lado bueno de las cosas (ésto puede ser una tontería) o a falta de profundización en el tema por mi parte.
Creo que lo importante no es cómo lo ve cada uno, sino que aún siendo diferente, nos entendamos y aprendamos de los demás.
Aunque son metáforas y pueden ser infinitas, no creeis?

Desconcertante. Esa palabra siempre ha sido tuya, y de todos. Pero entiendo lo que quieres decir.

Yo también estoy deseando saber más de Lea.

Pd.me fijaré en la letra



Publicado por Susana para Apenas Una Palabra a las 14/08/07 13:17

Elbereth dijo...

Valkiria Gracias por ser la primera en darme la bienvenida.

Los hombre han tenido por costumbre ejercer la fuerza física como arma de dominación. Y cuando no pueden, se sienten muy, muy nerviosos, rabiosos diría yo.

Afortunadamente, no todos son iguales.

Fuerza-Fortaleza, me quedo con Fortaleza, sin duda.

Y el infierno son los otros, no hay duda, Deikakushu

Elbereth dijo...

Susana... un comentario largo...una respuesta larga...compensación. :-)

Creo que lo importante no es cómo lo ve cada uno, sino que aún siendo diferente, nos entendamos y aprendamos de los demás. Una de los lazos más profundos, por no decir irrompibles, es compartir el Infierno con otro.

Aquellos que han vivido experiencias reales como la guerra, la cárcel, la tortura, la persecución, la violación...tienen un lugar común en el infierno donde este se vuelve menos amenazador.

Desconcertante Vida...La mezquindad nunca deja de sorprenderme. ¿no es hermoso?

Beso.



Publicado por Elbereth Apenas Una Palabra para Apenas Una Palabra a las 14/08/07 19:40

Elbereth dijo...

Valkiria.... ¿El infierno a veces no es el peor lugar? Bien, entonces te confieso mi deseo de leer una entrada tuya en la que me hables de eso...:-)

beso.

Deikakushu Siempre aciertas, no pareces hombre, tienes mucha intuición. ...;-)

Sí, hay un precio que pagar, siempre lo hay sin duda. ¿Merece la pena? Ahhhh, no lo sé.

Un buen día alguien llama a tu puerta y te dice que puedes ayudar a cazar asesinos. Eso sí, tu vida dejará de tener olor, color, gusto, tacto.
¿Aceptarías, pequeño?
Imagino que sí, pero con el tiempo se volvería una carga. Y el TIEMPO no tiene marcha atrás...

Creo que no llegaste a leer esta entrada del otro blog...quizá te resulte clarificadora.

Schopenhauer...tenemos la misma admiración entonces.

Besos y gracias.

http://1-2-3-blogs.blogspot.com/2007/05/la-banalidad-del-mal.html

Elbereth dijo...

Valkiria No me hagas caso, son cosas mías....estaba bien lo de los fuertes. El quid reside en que yo le doy valor a los matices. Creo que son todo.

Estoy convencida de que tal y como hablas así piensas. El lenguaje condiciona y matiza tu pensamiento. Si solo tienes una palabra para expresar un sentimiento o emoción, sólo podrás sentirlo de una forma. Por el contrario si tienes 100 palabras, tendrás 100 caminos para sentir.

Uffff....lo siento...es mi forma de pensar....

El infierno... ¿Has estado allí, Valkiria? El infierno puede ser frío o caliente, desertico o selva, solitario o bullicioso.

El infierno es aquello que cada persona teme. Es un espacio de matices oscuros.

Beso,Luciérnaga.



Publicado por Elbereth Apenas Una Palabra para Apenas Una Palabra a las 14/08/07 11:01

Elbereth dijo...

Valkiria Gracias!!!!! Es un trauma la vuelta, en serio. Pero, es lo que hay...ya estoy planeando mi nuevo viaje. Eso sí, nada de verano. Bueno, al menos me queda otra semana de vacaciones, aunque sea en casa. La aprovecharé....muy, muy, muy bien.

Después despierto y veo como el mundo sigue loco y los fuertes no protegen, sino que subyugan.

Yo creo que hacen uso de la fuerza pero no son fuertes. La fortaleza lleva implícita--para mí, obvio-- una altura moral.

Creo que no tienen escrúpulos, ni respeto, sólo odio dentro de sí. Y es verdad que el odio posee una "fuerza" devastadora. Pero se puede frenar, lo sé. Sólo es necesario utilizar la fortaleza.

No es una paranoia...al contrario... Gracias por estar aquí, sois un lujo.



Publicado por Elbereth Apenas Una Palabra para Apenas Una Palabra a las 13/08/07 20:5