Vámonos

3 ago. 2007


Nubes oscuras se acercan desde el este.

En el parque los ancianos son los primeros en presagiar la lluvia y abandonar sus asientos calientes.

Las madres miran al cielo y comienzan a llamar nerviosas a sus hijos. Recogen apresuradas los juguetes, se despiden con apenas unas palabras de las otras.

Los hombres que juegan a la petanca han recogido sus bolas y marchan en grupos de dos o tres hacia la salida.

En quince minutos el parque queda vacío, salvo por un anciano sentando al amparo de un sauce.

La mujer camina despacio hacia él. Se sienta a su lado. El hombre no parece percatarse de su presencia. Ahora están solos. Algún que otro transeúnte pasa corriendo, tapándose la cabeza con un periódico.

La lluvia está mojando al anciano. Al principio, las gotas caen como manchas sobre su chaqueta, pero al cabo de poco tiempo se le ve mojado. Tiene la cabeza gacha y las manos apoyadas sobre las rodillas.

La mujer le mira detenidamente, se compadece de su dolor. Esboza una sonrisa y el hombre parece escucharla, a la sonrisa. Levanta la cabeza, sorprendido y la mira.

--¿Qué sentido tiene seguir viviendo, mujer?

--¿Sin memoria?

--Sí, si voy a olvidar quien soy, cómo coger una cuchara, como atarme unos zapatos, si no voy a poder vestirme sólo… ¿tiene sentido seguir viviendo?

La mujer extiende su mano hacia la del anciano, la coge entre las suyas durante un fugaz momento y la aprieta con fuerza.

--¡Míranos, anciano! Yo por el contrario desearía no tener memoria. Acallar el constante zumbido de abejas que son mis pensamientos, liberarles de la colmena de mi cerebro. Escucho constantemente su vuelo dentro de mí.

--Tus pensamientos no pueden ser tan dolorosos como la pérdida de los míos.

--¿Qué deseas pues?

--¡Recuperar mi memoria!

--No está en mi mano hacer tal cosa. Sólo puedo traer el sueño para ti. Puedo hacer que te quedes dormido en este banco, con tus recuerdos casi intactos, y que no despiertes más.

--¿Sólo me ofreces la muerte?

--¿Cuántos crees que pueden elegir ese momento?

El hombre calla, vuelve a bajar la cabeza. La mujer sabe que lo que cae de su nariz no son gotas de lluvia. Se lleva las manos a la cara y solloza silenciosamente. Sólo un suave movimiento de hombros le hace saber de su desesperación.

--No quiero ser una carga para mi mujer y mis hijos.

--Lo entiendo.

El hombre levanta la cara y la mira. Seca de su rostro las gotas de lluvia, las lágrimas le siguen mojando.

--Vámonos.

La mujer suspira suavemente, nuevamente le coge una de las manos. Los dos se recuestan y cierran los ojos.

La lluvia cesa de pronto. La mujer se incorpora, mira al anciano y sonríe. Después se levanta, y se va.

Un matrimonio que pasa con su hijo ve al anciano. Se le acercan e intentan despertarle tocándole el hombro, la cabeza del hombre cae sin vida sobre su pecho.

Mientras llaman nerviosos por teléfono, el niño se queda mirando fijamente la figura que avanza entre los árboles. La mujer se vuelve y se lleva un dedo a los labios, el niño asiente.

5 comentarios:

Susana dijo...

Al llevar más tiempo en la tierra, la conocen mejor, los ancianos.

--¡Míranos, anciano! Yo por el contrario desearía no tener memoria. Acallar el constante zumbido de abejas que son mis pensamientos, liberarles de la colmena de mi cerebro. Escucho constantemente su vuelo dentro de mí.

Seca de su rostro las gotas de lluvia, las lágrimas le siguen mojando.

No podemos elegir. Dejar de ser uno mismo o de valerse por sí mismo no sólo es duro para uno, sino para todo su entorno.

A finales del año pasado murió mi abuela después de muchos meses muy duros en casa para ella y para nosotros, te destroza y cuando termina sientes alivio, por encima de cualquier otro sentimiento, incluso la pena.

"El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional" (Buda)

"Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento" (Viktor Frankl)

Buenas noches

Balanegra dijo...

Sí, es tal como ha dicho Susana.

Creo que el anciano hizo una buena elección...

Cosichka dijo...

Tú eres tu memoria. Con los buenos y los malos recuerdos. Cuando la memoria se va escapando a retazos día tras día, finalmente sólo queda un cuerpo vacío como un libro lleno de páginas en blanco.

Y que doloroso para los que un día leyeron y escribieron en esas páginas.

Besitos.

Deikakushu dijo...

Un apropiado escenario, lluvia, frio, desolación, olvido. Sólo los viejos y los niños pueden ver a la muerte; bonita idea.
Un cruel destino nos espera a la mayoría, mientras llega vivimos sin pensar en ello. Sin pensarlo realmente, porque entonces no podríamos vivir, el sinsentido y la desolación se harían dueños de nuestras vidas. Así que vivimos ignorando la etapa final, el dolor, la muerte. Dios? desde luego si existe le deberíamos dar su merecido...

Elbereth dijo...

Susana, siento lo de tu abuela y es cierto, lo del sentimiento de alivio por encima del de la pena. Es egoísmo, pero somos así.

Las dos frases que has puesto son increíbles.

Abrazo y gracias de nuevo. La vuelta me ha traumatizado. :-) Me paso por tu blog...

Bala Nos hemos cruzado...
¿Una buena elección? :-) A veces no hay opciones o no debería haberlas.

Cosichka ¿Tú también lo crees? Yo no lo sé, realmente no lo sé. Sin duda fue lo mejor para los otros (...) así es la vida, ojazos. Besos.

Valkiria Cuando Tabyto lo leyó me dijo: me recuerda a Sandman, y yo le dije: yo no he leído a Sandman, y él me dijo: ya, pero me recuerda. Así que aplauso sostenido para ti.

Me bastaría con hacer soñar a una sóla persona, eso sería ya grandioso.

Deikakushu Yo pienso constantemente en la muerte. Y eso me ayuda a vivir, me recuerda quién soy y quién son los demás. Me sitúa.

Perdonad este retraso comentarista, la vuelta es traumatizadora, pero me alegra saber que todavía algunos estáis por aquí. Gracias



Publicado por Elbereth Apenas Una Palabra para Apenas Una Palabra a las 13/08/07 17:47