¿Lo vas a permitir?

18 sept. 2007


Camino por un pasillo de suelo pardo, de fluorescentes parpadeantes en línea sobre mi cabeza, de paredes de pequeños azulejos con pintadas borradas y vueltas a pintar.

Al final veo un tramo de escaleras, ¿quince peldaños? El frío aire oscuro de la madrugada baja precipitado de dos en dos los escalones para envolverme. Y por un momento, mientras camino, cierro los ojos y te escucho decirme:


--A veces pienso en la vida, a veces en la muerte. Mientras vamos en el metro me dejo adormecer por el zumbido de los motores. Cierro los ojos, y siento que podría tumbarme allí mismo, en cualquier esquina, y dormir. Y olvidar. Sentarme como un vagabundo en esas escaleras pisoteadas, apoyar la cabeza en la pared y abandonar.

Me pone furiosa oír tales pensamientos dentro de mi cabeza y te digo:

--Pero hay que tener cuidado con lo que deseas, porque puede convertirse en realidad. Los dioses se divierten a nuestra costa. Y quizás si desearas no recordar, un día el médico de cabecera nos diría que tenemos Alzheimer. Y en ese justo instante, habrías deseado no desear.

Y tu callas.

A veces en el baño, inclinada sobre el lavabo, lavandome la cara con agua ardiendo --¡como me gusta el agua caliente!-- te veo por el rabillo del ojo. Estás erguida y me miras, al otro lado del espejo. Veo tus lágrimas y por un momento intento ignorarlas entre las gotas de agua y el jabón, cubriendome con las manos.


Pero cuando levanto la cabeza tu sigues ahí, firme, llorando sin cesar, como si te hubieran dado cuerda. Y lo peor de todo es que lloras en silencio. ¡Maldita sea! Lloras mientras plancho o tiendo la ropa, mientras me maquillo --me pones perdidos los ojos-- o hago la cama.
No me dejas otro remedio. Alargo los brazos y tu corres a refugiarte en mi, pequeña niña de corazón desgastado.

Así que cuando siento tu cuerpo tirando del mío para caer, no sé me ocurre otra cosa que atarte con un cabo fuerte a mi cintura y chantajearte. Si tu caes, yo caigo, ¿lo vas a permitir?


Y nuevamente un raudal de lágrimas --a veces me pregunto si estárás hecha solo de agua salada--, me miras dolida y confusa. Pero es suficiente, te yergues y continuamos juntas.
Luego te hago reproches, soy muy ladina contigo. ¿Le dejarías a él solo? ¿Me separarías de mi hombre sólo por ahogar tu desesperación? Entonces haces pucheros. ¡Lo que me cabrea eso! Intentas hacerme sentir culpable, y yo tengo un master en practicar culpabilidades propias y ajenas. ¡Soy un hacha!


Te hablo de sus ojos oscuros, de su mirada mientras dormimos. De sus manos suaves y pacientes. De su risa abierta cuando hacemos de payasitas para él. De su aliento en nuestra nuca cuando dormimos. De su cuerpo silencioso cubriendo el nuestro, acunandolo primero, arrastrandolo después, alzandolo sobre él. De su honestidad intachable, de su lealtad sin mancillar.


Ya lo sabes personita mía, no hay rendición que valga, hemos nacido para vivir. ¡Vaya usted a saber que quiere decir eso! Tiempo tendrás de dormir cuando te metan en un nicho de dos por uno. Ahora dedicate a vivir, como quiera que se haga eso. Déjame que ame, que toque, que bese, y posea a mi hombre. Y que el único olvido que se produzca sea el del resto del mundo mientras me cobijo entre sus brazos, agarrada a su cintura.


¡Por favor, las lágrimas para cuando nos corten en verano el agua!

8 comentarios:

casiopea dijo...

Que bonito lo q escribes, que de sensaciones atraviesan mi alma cada vez que te leo... cuantos pensamientos de medianoche veo reflejados en tus palabras...
Gracias por inundar mis ojos de lagrimas, por ponerme los pelos de punta, por gritar al aire mis sentimientos encerrados en esta yerma cabezita.....

.:Su:. dijo...

El frío aire oscuro de la madrugada baja precipitado de dos en dos los escalones para envolverme.

Y que el único olvido que se produzca sea el del resto del mundo mientras me cobijo entre sus brazos, agarrada a su cintura.

Qué maravilla de texto, delicado, sencillo, tierno, honesto, realista, nos abres de par en par las puertas de tu alma.

Cada vez que lo nombras es como si te volvieras a enamorar.

Somos tan vulnerables por dentro y tan distintos en el exterior.

Se pueden tocar los sentimientos en tus palabras.

Un besazo.

Elbereth dijo...

Casiopea no hay cabezas yermas, solo un poco olvidadas por nosotros mismos en primer y yo diría que último caso. :)

Un placer tu visita, y muchas gracias por esas palabras, me hacen sentir muy bien.

Elbereth dijo...

Susana Sip, yo soy de plastilina...por dentro...por fuera...no sé como soy...jajjajajjaja

Me puse cursi, y a cursi no hay quien me gane....esperemos que no aparezca la Quisquilla poniéndome verde.

A veces es necesario recordarse a uno mismo que es lo que merece la pena. :)

Un besooo goooordoooo

Pedro Chincoa dijo...

Dulce vicio realista que atrapa lentamente. Claman los visceralistas una molécula de muchas dimensiones.
Subo a bocados por la escalera y una mano me ofrece dos caladas de miedo y deseo. prospectiva engañosa. ojos que largamente morirán.

BalaNegra dijo...

Hemos nacido para vivir... esa frase es simplemente... todo, es todo... me ha gustado ese diálogo interno...

DémoNan dijo...

Precioso texto una vez más... pero es mejor que no nos llueva y tengamos sequía a tener que pasar por se continuo llorar. Cierra el grifo, que aún queda agua en los pantanos :-)

Elbereth dijo...

Pedro gracias por devolverme tu visita. :)

Bala ¿Nos atrevemos a vivir? ¡Vamos, coge la moto y a quemar la vida! ;-)

Démonan Grifo cerrado, a sus ordenes!!!

Gracias a todos.