Viajar a la Exosfera

28 oct. 2007




Los hermanos Joseph Michel y Jacques Étienne Montgolfier, nacidos en Lyon, demostraron al mundo el 21 de noviembre de 1783 que los sueños de los hombres están hechos de una materia incognoscible. Transcurrieron casi dos meses desde que el 19 de septiembre realizaran su apoteósica demostración, ante la presencia del Rey Louis XVI y la Reina Marie Antoinette, en Versalles.

En aquella primera ocasión, la tripulación la formaron: un pato, una oveja y un gallo. Los tres salieron ilesos y, seguramente, cuando fueron cocinados y comidos en la mesa de algun aristócrata, tuvieron el honor de perder el anonimato y ser devorados con el titulo de "los primeros viajeros" en surcar el cielo.

El primer "vuelo libre", es decir, sin que el globo esté anclado a la Tierra, fue tripulado por Rozier y el Marqués D'Árlandes. La expectación que los hermanos Montgolfier crearon fue tan grande como su sueño de volar. Un sueño universal que, hasta ese día, había sido intocable.

Me imagino como una espectadora más, entre el gentío vociferante, colorido y pintoresco que se ha acercado para ver el espectáculo. Miro detenidamente el globo, y pienso que se asemeja a mi alma en su funcionamiento.

Su bolsa de tejido resistente e impermeable es la coraza que me protege, la tela que viste la desnudez de mis sentimientos, volviéndoles privados y, sobre todo, seguros. La cesta o barquilla adosada mediante una red, es el lugar dónde mi cuerpo descansa, dónde invito a subir a aquellos a los que amo, mi mirador privilegiado de la vida.

El globo se eleva gracias a la fuerza ascensional proporcionada por un gas más ligero que el aire. La masa gaseosa se halla en el interior de la bolsa y puede ser regulada térmicamente mediante la llama de un quemador. ¿Cuál es el gas que eleva mi alma? Seguro que sus componentes son los sueños mantenidos contra viento y marea, las esperanzas sostenidas por la fe, el amor invicto ante los reveses de la vida. Y la válvula que manipula el gas y que permite su salida cuando se desea descender es mi prudencia --valor en desuso y con mala reputación en nuestros días--, mi respeto por los otros, mi sentido del equilibrio.

Pero para que un globo vuele hay que recordar el principio de la hidrostática de Arquímedes, según el cual un cuerpo experimenta un empuje ascendente igual a la diferencia de peso entre el del aire que desaloja y el suyo propio. Y entonces pienso que si no soy capaz de igualar ese peso en mi vida, no seré capaz de ascender; porque La Naturaleza parece saber siempre, de forma clara e intuitiva, que es lo que tiene que hacer para sobrevivir. Sin embargo, yo me pierdo en teorías que se descoyuntan en la práctica --¡Eureka!--.

Luego está el lastre, el piloto lo utiliza para ascender. ¿Pero que pasaría si yo no fuera capaz de desahacerme de incómodos, pesados y estériles sentimientos? Me arrastrarían, provocarían mi caída, me aniquilarían. A veces --muchas-- es necesario coger un cuchillo afilado y romper las cuerdas que nos impiden volar. Veo esos sacos de lastre y me imagino que cada uno de ellos tiene un nombre propio: rabia, rencor, desilusión, miedo... Y cuando estás allá arriba, a cientos de metros de distancia del suelo, si no eres capaz de tirar el lastre; te estrellas.

Creo que eso es lo que me está pasando. Acumulo un peso inútil en mi barquilla, soy la causante de mi propia inmovilidad. Necesito volar, alejarme de la gravedad de la Tierra, dejarme balancear por los vientos, asumir que el control funciona cuando hay una parte dejada a la inercia.

Y entonces, ascendiendo más y más, ya no necesito un globo, ni alas. Mis brazos en cruz, mis piernas firmes, la punta de mis pies mirando al suelo, mi cabeza echada hacia atrás sin peso. Troposfera, Estratosfera, Mesosfera, Termosfera, Exosfera... del azul más oscuro al negro del Espacio. La velocidad de rotación de mi alma es imperceptible, pero real. Estoy fuera. Estoy dentro. Soy.

14 comentarios:

CurroClint dijo...

Sueño, viaje astral, meditación profunda... Aligerar peso inútil para subir es la cuestión. Besos aerostáticos.

Susana dijo...

"¿Cuál es el gas que eleva mi alma? Seguro que sus componentes son los sueños mantenidos contra viento y marea, las esperanzas sostenidas por la fe, el amor invicto ante los reveses de la vida. Y la válvula que manipula el gas y que permite su salida cuando se desea descender es mi prudencia --valor en desuso y con mala reputación en nuestros días--, mi respeto por los otros, mi sentido del equilibrio."

Bonita metáfora. Sabes dónde reside el fallo que te mantiene sujeta, que te imposibilita los movimientos. Sabes qué necesitas para sentirte mejor. Es mucho. Ahora hazlo. Cierra los ojos y siente el viento contra tu piel. Vuela :)

by Alex dijo...

...Si fueras un Globo aerostático, estoy seguro, que serías uno con muchos colores y muy bonito.....
Pero, si consigues volar sin el globo.....es que eres un angel....
Un beso volador, Elbereth.

38 grados dijo...

Ufff....la exosfera.....eso suena muy lejos, no?
Me gusta que viajes, pero un poquito más cerquita, no sea que te trague un agujero negro y no vuelvas.

Tienes razón, lleva el mando de tu globo pero deja también que el viento haga su trabajo. Ah! y viaja ligera, que el globo y tu vida te lo agradecerá.

Doscientos achuchones y me quedo corto.

Alfredo dijo...

Me ha recordado a un pasaje de la novela Contact de Carl Sagan. En concreto, uno de los pasajes que más se han grabado a fuego de mis lecturas de adolescente. Si te apetece leerlo, aquí te lo dejo.

Cuando tenía diez años, la llevaron en verano a visitar a dos primos odiados, en un grupo de cabañas junto a un lago de la península de Michigan. No entendía por qué, viviendo junto al lago de Wisconsin, decidían viajar cinco horas en auto para llegar a un lago similar, en Michigan, máxime para ver a dos chicos antipáticos, de diez y once años. Unos verdaderos pesados. ¿Por qué su padre, que la comprendía tanto en otros aspectos, pretendía que jugara día tras día con esos idiotas? Se pasó las vacaciones esquivándolos.

Una calurosa noche sin luna, después de cenar, salió a caminar sola hasta el muelle de madera. Acababa de pasar una lancha, y el bote de remo de su tío, amarrado al embarcadero, se mecía suavemente en el agua iluminada por las estrellas. A excepción de unas lejanas cigarras y un grito casi subliminal que resonó por el lago, la noche estaba totalmente calma. Levantó la mirada hacia el cielo brillante y sintió que se le aceleraban los latidos del corazón.
Sin bajar los ojos, extendió una mano para guiarse, rozó el césped suave y allí se tendió. En el firmamento refulgían miles de estrellas, casi todas titilantes, algunas con una luz firme. Esa tan brillante, ¿no era azulada?

Tocó nuevamente la tierra bajo su cuerpo, fija, sólida, que inspiraba confianza. Con cuidado se incorporó, miró, a diestra y siniestra, toda la extensión del lago. Podía divisar ambas márgenes. "El mundo parece plano", pensó, "pero en realidad es redondo". Es como una gran pelota que da vueltas en medio del cielo... una vez al día. Trató de imaginar cómo giraba, con millones de personas adheridas a su superficie, gente que hablaba idiomas distintos, todos pegados a la misma esfera.

Se tendió una vez más sobre el césped y procuró sentir la rotación. A lo mejor la percibía, aunque fuera un poco. En la margen opuesta del lago, una estrella brillante titilaba entre las ramas más altas de los árboles.

Entrecerrando los ojos, daba la impresión de que de ella partían unos rayos de luz. Cerrándolos aún más, los rayos dócilmente cambiaban de longitud y de forma. ¿Lo estaría imaginando...? No, decididamente la estrella estaba sobre los árboles. Unos minutos antes había aparecido y desaparecido entre las ramas.

En ese momento, sin duda, estaba más alta. "Esto debe de ser de lo que la gente habla cuando dice que sale una estrella", se dijo. La Tierra estaba girando en el otro sentido. En un extremo del cielo, salían las estrellas. A eso se lo llamaba el este. En el otro extremo, detrás de ella, detrás de las cabañas, se ponían las estrellas. A eso se lo denominaba el oeste. Una vez al día la Tierra daba una vuelta completa, y las mismas estrellas salían en el mismo sitio.

Pero si algo tan inmenso como la Tierra daba un giro entero en un solo día, debía de moverse con suma rapidez. Todas las personas a las que conocía debían estar girando a una impresionante velocidad. Le dio la impresión de sentir el movimiento de la Tierra... no sólo de imaginárselo, sino de sentirlo en la boca del estómago. Algo parecido a bajar en un ascensor veloz. Echó la cabeza hacia atrás para que nada se interpusiera en su campo visual hasta que sólo vio el cielo negro y las estrellas fulgurantes.

Experimentó una gratificante sensación de vértigo que la impulsó a aferrarse del césped con ambas manos, como si, de lo contrario, fuera a remontarse hasta el firmamento, su cuerpo diminuto empequeñecido por la inmensa esfera oscura de abajo.

Lanzó una exclamación, pero logró ahogar un grito con la mano. Así fue como la encontraron los primos. Al bajar penosamente la cuesta, los niños notaron en su rostro una extraña expresión, mezcla de vergüenza y asombro, que rápidamente registraron, ansiosos como estaban por buscar la más mínima indiscreción para volver y contársela a sus padres.


Carl Sagan - Contact

No sé si sacas qué relación le doy con tu escrito. Tampoco voy a explicarlo. Además, ahora tienes que coger el cuchillo y cortar los lastres. Y ascender. Y expandirte.

Un abrazo.

Valkiria dijo...

Gran reflexión, Elbereth

Sí, es verdad, a veces son esos mismos lazos que nosotros mismos nos empeñamos en atar con nudos marineros los que nos coartan de esa libertad que tanto amaban.

Hay una frase que aprendí cuando era pequeña, un cuento que mis padres me contaban, sobre unos pequeños pájarillos, al principio del tiempo, cuando ningún bichito volaba. Ellos se animaron a volar
El cuento termina diciendo: "No sabían que era imposible y lo hicieron".

Yo quiero ser como esos pájaros.
Un beso, espero que seas apaz de despojarte de esos lazos.

BalaNegra dijo...

Si encuentras el secreto de cómo soltar el lastre, dímelo...

Pero recuerda que, al mismo tiempo, el lastre es lo que te une a la tierra...

Sara dijo...

Me encanta tu forma de escribir, tiene mucha fuerza y transmite mucha vitalidad.

Por cierto... ¿a dónde se dirige el globo?

Alan Murray dijo...

Me hablas de putas y me pongo cachondo. No puedo obviar los deseos de follar que tengo. Quizas puedo concretarlos mañana. Ahora simplemente sacare mi polla de su envoltura y le daré algunas caricias pensando en putas locales con las que me he divertido y se han cansado de mi sin que yo me cansara de ellas.

Alan Murray

by Alex dijo...

Parece que realmente te fueras a la "Exosfera" y no quisieras volver...
No sé el motivo, por el que te fuiste, pero, no tardes en volver...
Te hecho de menos...
Besinos desde el norte.

Susana dijo...

Te lo advierto, voy a convocar una manifestación o lo que haga falta para que

¡¡¡ V U E L V A S !!!

(vale, no es muy bueno el cartel, ajjajaja, pero fue lo que encontré)

Alfredo dijo...

Me uno a la manifestación. Es más, cuenta conmigo para convocarla, susana.

Y si hace falta, mandamos un grupo de okupas que se instalen en blogger permanentemente exigiendo la vuelta de Elbereth a la blogosfera, con la amenaza que si ella no lo hace, difundirán el video robado a Pedro J. Ramirez con aquella prostituta a riesgo de provocar ataques de pánico (y asco) entre los habitantes de la blogosfera.

He dicho.

Susana dijo...

Alfredo, me siento OKUPA, aquí estoy y de aquí no me mueven!! jajajaja

Elbereth dijo...

Muchas gracias a todos A Curro por no olvidarse de pasarse por esta pequeña morada; a Susana porque es mi amiga pequeña y grande, muy grande en su incondicionalidad y su acicate constante y dulce, a Alex por su ternura,por esa sonrisa que parece tener siempre en los labios, por echarme de menos y recordarme que sigue por aquí; a 38 grados por su lealtad, achuchones queridos y la lírica, el sentimiento de sus palabras,es muy grande; a Alfredo por su humor, inteligencia, su trocito de sí mismo que nos deja con cada comentario y cariño; A Valkiria por su fidelidad, sus ganas de vivir, su ímpetu y nobleza; A Bala porque sí, porque es mi amigo, porque es guapo, porque escribe bien y con eso sobra todo lo demás que pueda decir de él.

Y a Sara y Alan gracias por pasarse y dejarme unas pocas de sus palabras.

Un abrazo enorme a todos. Siempre.