El primer amor

11 abr. 2007


Era verano, la playa, una niña de catorce años recién cumplidos viajaba por primera vez al mar.

El niño un poco más pequeño que ella ,vivía en el pueblecito.

Se conocieron, se sorprendieron. La niña se enamoró por primera vez, también.

El niño se asustó de lo que sentía, y cuando ella se lo demostró huyó.

La niña entonces, por primera vez herida, se retiró de la vista del muchacho.

El niño entonces buscó a su primo, y le pidió que intercediera. Tenía vergüenza. Pero quería que ella supiera que la quería.

La niña volvió a su lado. Y pasó los primeros quince días felices de su vida.

LLegó el final del verano, con el olor de las cartas prometidas, de las direcciones escritas en pequeños trozos de papel.

La niña llegó a la ciudad y muy pronto le escribió.

Pasaron tres semanas, y cada visita al buzón, era un arañazo en ese principiante corazón.
Pasaron seis meses, pero ella seguía visitando el buzón.
Pasaron siete meses y dejó de esperar.

Pasó un año. Volvieron al pueblecito de la playa. Pero la niña, ya no tenía primeras veces de las que disfrutar.

En un año se había hecho más vieja de lo que ella pudiera imaginar, más fea.

Su cuerpo también había crecido.

Había decidido que aquel niño que la había olvidado, aquel que ni una carta la había contestado, no era digno de ella.

Estaba descargando las maletas cuando una voz la llamó. Se dió la vuelta, con todos los nervios tensos, y una sonrisa ensayada, que sus quince años no le deberían haber permitido jamás.

Allí estaba el niño, con su sonrisa más feliz en los ojos, como si no hubiera pasado un año desde la última vez que la viera. Como si el no haber contestado las cartas, nada supusiera.

Y eso no lo esperaba ella. Y por eso no supo reaccionar. Por eso siguió actuando según el guión aprendido, según todos sus pensamientos de un año le habían aconsejado.

Y miró al niño con la mirada vacía. Y el niño no comprendió. Durante unos segundos se quedaron allí parados, mirándose sin verse. Al final, la niña se dió media vuelta y siguió con el equipaje.

Por primera vez el dolor que sentía, se lo había provocado ella misma.

1 comentarios:

Wilde dijo...

Wilde dijo...
Esto es un regalo como Dios manda, coño!!!... a un amigo digo. Es
afortunado pues, también lo era... pero lo más importante de la vida,
seguirlo siendo...merci! (llevo horas chapurreando frances por culpa
del curro grrr, no sé como consigo que me entiendan los jodios, pero...
lo consigo!!!)...muchos hasta prontos!!!

21 de abril de 2007 20:17
Wilde dijo...
Quizás simplemente el primer amor es realmente el último. El orden del amor rompe normas y órdenes, sin duda...

beso

22 de abril de 2007 19:59
Elbereth Gilthoniel dijo...
Sí, eso es...el primero es realmente el último.El primero es todos, y todos son uno.

Beso