Cuenta conmigo

23 feb. 2007


Cuando los amigos están tristes, es imposible estar alegre. Ayer leyéndoos a todos mi alegría se volvió fea.

Soy pesimista por naturaleza. La blogsfera es un agujero negro. No sé adónde van todas nuestras palabras. Las tuyas y las mías.

Blogsfera, un acantilado en el que nuestra voz es contestada por un eco ambiguo.

Estoy aquí, cuenta conmigo. En lo bueno y en lo malo.

Padre


Cuando era pequeña, mi padre me parecía sabio. El racimo de imágenes congeladas es abrumador.

Me veo aquella tarde de invierno, con un cuaderno, el destartalado reloj, y mi padre enseñandome cómo se leían las horas y minutos.

Me veo en el río, en Agosto, aprendiendo a nadar. Recuerdo cómo me sujetaba y cuando yo estaba desprevenida me soltaba y se reía.

Me acuerdo de cómo me hablaba de política. Veo su orgullo y mi deseo de no defraudarle.

Pasó el tiempo.

Normalmente los padres siempre se ven desilusionados a causa de la conducta de sus hijos. En mi caso, fue mi padre el que me decepcionó primero.

No vienen al caso detalles.

Paso más tiempo.

Y aquel que me había enseñado y educado, se volvió viejo y pequeño. Fue entonces cuando nos perdonamos los mutuos desencantos.

Ahora yo enseñaba, ahora yo le miraba con benevolencia, y una costosa paciencia.

Desmitificado, más humano, más comprensible y quizá por eso más lejano.

No hace falta ser padre o madre, para comprender qué oficio tan ingrato es. No tengo hijos, ni seguramente los tenga. Pero ahora comprendo esas soledades que los padres arrastran a causa de sus vástagos.

El otro día mi padre lloraba. El otro día tenía miedo de que le ingresáramos en una residencia, tenía miedo de que su cabeza le siguiera fallando.

Me llamó al trabajo, a primera hora. Se había quedado sólo en casa. Me dijo, me preguntó, entre hipos --apenas podía entenderle-- que yo no le haría tal cosa, ¿verdad?

Le tranquilicé. Después llamé a mi hermana y hablamos.

¡Qué vida! Vida que te obliga a llamar a un hijo, y a preguntarle invadido por el miedo si te piensan abandonar como a un perro.

El otro día me preocupé, pero el trabajo me absorbió y como no era la primera vez que me llamaba, lo dejé correr.

Le he estado dando vueltas, no sé cómo he llegado hasta aquí. Ahora mismo me duele y lloro.

Y no porque sea mi padre, sino porque precisamente le veo como a un ser humano asustado, que ni en sus hijas o esposa puede confiar. Triste.

¡Se ha ido deteriorando tanto con el tiempo!

Pero sobre todas las cosas, lo que más me lastima es ver lo infeliz que es.

Yo poseía la absurda idea, de que la vejez traía consigo serenidad y sabiduría. He leído muchas novelas.

Lo que está claro es que en la mayoría de los casos, lo único que trae es una acentuación exagerada de los defectos.

Trae un saco de frustraciones, pérdidas, dolores físicos, miedos, y una incógnita aplastante, solitaria, ignorada, maldita, sobre la muerte.

Demasiados adjetivos. Acabo de dejar de hablar de él, para en realidad empezar a hablar de mí misma.

¿Te has dado cuenta, no?

Eso es algo en común a toda la humanidad: los padres y la muerte. Principio y fin. (¡menuda brillante idea!)

Recuerdos

21 feb. 2007


Tenía diez años. La siesta traía consigo un silencio que ni la noche conseguía. Solo nosotros dos desafíabamos el calor. Gustavo y yo, jugábamos a las cartas en el suelo.

La casita de pueblo hacía un rincón en una calle cortada, creando el rincón perfecto para la intimidad.

El juego era El Tute. En un momento de la partida me lamenté de no poder cantar las cuarenta, a falta de un rey. Gustavo me miró a través de sus gafas y me dijo:

--Si te casas conmigo, te lo doy.

Me quedé callada, mirando fijamente las cartas, estupefacta y --aunque ahora no lo recuerde-- seguro que halagada.

Le insté --muy seria-- a que siguiéramos el juego y hasta el final de la partida, el único sonido que pudo oírse fue el de los grillos.

Después nos despedimos, y yo corrí a casa a contarles a mis padres que Gustavo me había propuesto el matrimonio.

Se sonrieron.

Gustavo era un niño dulce, bueno, pequeño y valiente. Llegó a desafiar la ira de mi hermana, defendiéndome delante de todos, recibiendo un tortazo de ella con la mayor dignidad. Mejor él que yo, debió de pensar.

Muchas veces me acuerdo de él. ¿Será feliz?

Pasamos juntos veranos de dulces uvas, pan y moras.

Íbamos a nadar a una piscina que habían hecho en el cauce del río. Nos sentábamos, y con la tierra mojada hacíamos bolas compactas: bollitos dulces que vender.

Gustavo siempre estaba a mi lado, presto a cumplir cualquier deseo mío. Sin embargo, yo por aquel entonces deseos no tenía.

En fin, el mundo a punto de irse al carajo, y aquí me tienes hablando de recuerdos.

Soy incapaz de "comentar" las noticias.

Más muerte en Irak, sombra que repta hacia Irán.

Presos sin derechos en Guantánamo.

Palestina olvidada, tragada por el ojo del huracán.

Autonomías, Estatutos, políticos, terrorismo, asesinatos...Todos en el mismo barril en el que unos pocos pisan las uvas de la ira.

Altos beneficios empresariales, altos despidos de trabajadores.

Especulación del suelo. Cada día una puñalada trapera a esta, mi tierra herida.

Olvido de continentes, sumiéndoles en una niebla de hambre, guerras, enfermedades.

Y yo hablando de mi primera propuesta de matrimonio...

Quizá esa es la cuestión. Por encima de todo somos individuos. Por encima de todo nuestras necesidades y dolor.

A nadie engaño.

Este mundo me parece una pesadilla, el día que muera me despertaré. Espero que me estés esperando.

Tu presencia

Vivo entre tinieblas pero tu sonrisa es luz. Vivo entre sombras y fantasmas, que hoy ya no me molesto en exorcizar pero que durante años he combatido una y mil veces con feroz estupidez.

Poseo heridas incapaces de cicatrizar. Mientras, mi alma me sostiene precariamente, poniendo en escena --como si de la mejor farsa se tratara-- mi propia vida.

No consigo engañar a nadie. Porque las bestias pueden oler el miedo, y yo tengo mucho miedo.

Busco incansable una parte de mí, que parece estar gritándome desde algún lugar pasado.

Hubo un tiempo en el que cada estación, cada tiempo poseía su propio lenguaje para hablarme.

Y yo escuchaba, y yo confiaba y yo emprendía mi viaje de búsqueda , tan irreal como verdadero, sin importarme los murmullos al darme la vuelta.

Caí y me levanté. Volví a caer y tarde más en levantarme. Me quedé sin comida, pero continué. Bebí la última gota de agua, y esperé.

Me quedé escuchando al viento y lo sueños me mantuvieron en pie.

Hasta que la rutina, los fracasos repetidos, la soledad de mis palabras rodeada de aquellos que se llamaban mis amigos, me venció.

Dejé de buscarte, te enterré con la pala del "día a día". Me escondí entre vagas diversiones, hice viajes en los que sólo huía. Me movía deprisa para no llegar a ningún sitio. Y lo más terrible de todo es nadie notó la diferencia.

Fingí amar, fingí entregarme. Yo misma silencié a mi voz con risas de cartón. No te olvidé, sólo me convencí de que no existías.

Pero un día --mientras me movía en mi cueva de oscuridad-- entró un poco de luz. Le dí la espalda, tan acostumbrada estaba ya a las tinieblas.

Pero tú seguiste llegando cada día con más luz, mostrando senderos que permanecían ocultos.

Te tuve miedo y deseo.

Probé a echarte de mi lado, pero regresabas más fuerte con cada uno de mis portazos.

Me sentí burlada por el Destino, tantos años buscándote y cuando al fin te descubría, mis ojos estaban ciegos para mirarte.

Te pedí que no te fueras, te pedí que me amaras, que me escucharas y comprendieras. Que no te cansaras de mi y mis quejas. Te pedí que sonrieras.

¡Qué pequeña me siento pero que grande me hace sentir tu presencia!

Enemigos

20 feb. 2007

No paro de aprender gracias a los demás. Y aquellos que ofrecen oportunidades más retadoras e inspiradoras, son los que "creen" no pensar como yo.

Es curioso, las personas asumen que sus opiniones son fundamentales... ¡a saber porqué!

No sé cómo te ha ocurrido a ti, pero cuando una persona se dirige a mí, descalificando mis ideas o acciones, la primera reacción es una oleada de calor en la boca del estómago.

Después, sonrío.

Tengo una imagen de la Historia de los Hombres. Es un círculo. ¿Dónde empieza?, ¿cuándo acaba?

Al pronunciar una palabra, hacer un gesto, tener un comportamiento, estamos creando un universo de reacciones en cadena, que nadie es capaz de preveer.

¿Quién insultó, ofendió, engañó, primero?

¿Quién robó primero?

¿Quién consintió primero?

¿Quién mató primero?

Y aunque no hubiéramos sido los primeros...¿eso nos daría derecho a hacer lo mismo?

¿Puede haber diferentes varas para medir mismos actos?

La política saca lo peor de nosotros. Me resulta sorprendente cómo hay personas que aún confían. Quizá sea cínica.

La mayoría de los que conozco son incapaces de apreciar lo "bueno" en aquellos que no entran dentro de su círculo de ideas.

Y no contentos con esto, en cuánto tienen ocasión arremeten verbal o físicamente contra el "enemigo".

Pero, ¿por qué enemigo?

¿Por qué o conmigo o contra mí?

Estoy hablando de una utopía, lo sé.

Me he equivocado muchas veces en mis opiniones, en mis juicios. He rectificado, era lo menos.

Tengo la sensación de que sólo existen dos movimientos: acusar al de enfrente y excusarse a sí mismo.

Y no sólo en política, sino en el trabajo, en la familia, en la pareja, en esta vida.

No consigo explicarme... Estoy demasiado cansada.


Los dos lados de la moneda

19 feb. 2007


Mi Montblanc --soy una snob--...El bien y el mal...He visto la entrada de Filo de Espada "A este lado" y me ha hecho pensar (me paso el tiempo haciendo publicidad de otros blogs).

Me obsesionan los dos lados de la moneda.

Sólo hay una cosa que puedo hacer: "no hagas aquello que no quieras que te hagan". A partir de este punto fijo, tomo mis decisiones, luego --desgraciadamente-- también mis inevitables opiniones o juicios.

Pof, pof...tic, tric, schof.. Esos son los sonidos de mi cabeza.

Cansada. Rodeada de hombres que no paran de hablar. Quien dijo que las mujeres eran unas cotorras es que no han convivido con hombres.

En el tren todos parecemos zombies.

Así no hay manera de sublevarse, rebelarse, pensar.

Sólo deseo llegar a casa, poner las piernas en alto, tomar una cerveza y unos pistachos.

Está lloviendo... Bien, así no tengo que regar los árboles.

Anoche grité mientras dormía, y me sacudí contra mis propios molinos de viento.

¿Porqué escribo en el blog? ¿Vanidad o soledad? ¿Ambas o ninguna?

He visto muchos blogs pararse en seco, como una frenada rápida, sin saber más de ellos.

Sé que si mañana no volviera a escribir, apenas suscitaría una interrogación de dos o tres días. Luego el olvido.

Quizá escribo para perdurar.

Quizá hay un deseo humano de dejar constancia de su paso, a cualquier precio, de cualquier forma.

Porque todos tenemos un precio. "Todo se compra y se vende, el traficante, el artista, intercambian sus divisas, el esclavo como el rey, tienen idéntica piel, y en el fondo se verá que todos somos igual" (Patxi Andión)

¿Cuál es mi precio de venta al público?

Refugio

18 feb. 2007


Tengo seis años. Vivo en una buhardilla en el centro de la metrópolis. Comparto habitación con mi hermana.

Cada noche permanezco despierta hasta que escucho como se quedan dormidos.

Es el momento. Un ave enorme golpea tímidamente el cristal del tragaluz. Ventana que se halla a más de dos metros del suelo.

Me pongo debajo de la ventana, levanto mi cabeza hacia arriba y espero. La ventana se abre--vaya usted a saber cómo-- y el pico del ave se introduce por ella y me coge.

Monto sobre ella y volamos. Me agarro de su cuello, largo, flexible, apoyo mi cabeza, sus plumas me tocan.

Me lleva a casa. Cada noche el mismo ritual. Cada noche escapo de mi casa real para ir a mi casa verdadera.

Por el camino apenas hablamos. Siento su calor sobre mi piel, me pregunta si estoy bien. Esa pregunta que nunca nos hacen de pequeños si comemos bien.

Llegamos a un explanada, la luz parece la de un atardecer. Da igual dónde mire, no se ve nada salvo una construcción blanca, con tejadillo y campanario en el medio de tan peculiar geografía. Silencio absoluto.

Se requiere un santo y seña para entrar. El pájaro gigante la día. Nos miramos a los ojos mientras esperamos. Me impaciento, doy una patada a alguna pequeña piedra, haciéndola rodar en vano.

Las puertas se abren de par en par, lentamente, con algún crujido.

Risas, abrazos, salgo corriendo y me lanzo sobre el primer pecho amigo que veo. Ante mí el Arca de Noé, festiva embarcación con toda clase de animales reales e imaginarios. Todos me están esperando.

Suenan las trompetas de plata, se agitan banderines multicolores, se anuncia el comienzo del Torneo.

Se divide el espacio en dos campos, los cuales a su vez se separan por filas, vanguardias y retaguardias.

Comienza la batalla, un oso de peluche le tira un tomate a un perro, mientras yo con mi espada de madera lucho contra un gigante de especie inexistente.

Jugábamos, era una niña jugando con sus amigos: osos, ciervos, caballos, perros... No había personas.

Al final de cada torneo, las dos camarillas se lanzaban en un abrazo y se dirigían al festín.

Después de cada escaramuza, nos esperaba una alargada mesa de madera. Los dos bandos -- ahora deshechos-- se sentaban juntos y comían. Risas, canciones, poesías, dulces.

Durante años viajé todas las noches a aquella casa en medio de la nada. Encontraba amor, creo.


Hace muchos años ya de aquello. Pero estoy segura que todos hemos tenido de pequeños un Refugio.

Estoy aquí para vivir hasta que muera

16 feb. 2007

No conoceréis al miedo. El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo estaré yo.

Dune, de Frank Herbert

Leo muchos blogs a lo largo de la semana. Todos tienen algo en común: un dolor sordo, lento, continúo. Un dolor que permite vivir, pero que envenena con el tiempo.

Leo la entrada del autor, después los comentarios. Me parecen monólogos, la mayoría de las veces.

Todos van a hablar de su "libro"--es imposible olvidarme de Francisco Umbral--, cualquier excusa es buena para dar consejos u opiniones eruditas.

Me pregunto que harían muchos de esos desconocidos sí les pusieran al alcance de la mano la posibilidad de comunicar con millones.

Me gustan los desheredados, lo que no me gustan tanto son aquellos que se hacen pasar por tales, en espera de ansiadas riquezas.

No escuchamos a los otros, apenas una frase pronunciada y ya estamos hablando nosotros, juzgando, opinando. No damos oportunidades, nos apropiamos de ellas para explayarnos con nuestra historia personal, sin importar qué nos vincula al ser humano que tenemos en frente.

Tenemos Miedo. Somos cobardes.

Cobardes temerosos de que les desposean de su "razón", de su "verdad".

Cobardes que no saben vivir con aquellos que piensan, hablan, comen, visten, aman, fornican, de forma diferente a la suya.

Cobardes que se miran en el espejo de los valientes.

Cobardes que sólo aman y viven con aquellos que se les parecen. Incapaces de crecer, reconocer errores, aprender nuevas lecciones.

Cobardes porque su vida está llena de patéticas justificaciones y absurdas excusas.

Cobardes que se mienten así mismos.

Cobardes que no se atreven a entregarse al perdón y el olvido de sus heridas.

Cobardes que lamen sus heridas como animales en una trampa caídos.

Cobardes vestidos de autocomplacencia, políticamente correctos, detractores de un mundo que crean cada día con su propias manos.

¿Cuántos pueden tirar la primera piedra? ¿Y lo que es peor, cuántos la tiran cada día?

Nuestras palabras nos delatan, nos acusan, nuestros hechos nos condenan.

Estoy aquí para vivir hasta que muera.

De carton piedra

12 feb. 2007




Cada día que pasa me importa menos lo que ocurre a mi alrededor.

Me he explicado mal. Vuelvo a empezar. Cada día que pasa la banalidad cotidiana me molesta más.

Lo he empeorado. Uf. Tercer intento. Me preocupo demasiado por el "mundo", me golpea lo que ocurre en él diariamente. Esto tiene un efecto rebote. Siento que no soy capaz de cambiar nada, sé que nada va a cambiar. Así que empiezo a aislarme del mundo.

Sólo tengo oídos para aquellas cosas que pesan sobre esta esfera colgada en medio del universo.

Este mundo de cartón piedra.

Deja vú. Tengo esa sensación muchas veces.

En ocasiones la aflicción es tan desmesurada, que sobrepasa la "delgada línea roja", y empieza a desdibujar la realidad.

Nosotros, los nuestros, el dolor, se difuminan, pierden consistencia y nada importa.

Esta canción marcó un tiempo de mi vida. La letra...esa letra. Me he acordado de ella después de leer la última entrada ( Locos) de Enkadenados.

"No era como esas muñecas de abril
que me arañaron de frente y perfil,
que se comieron mi naranja a gajos,
que me arrancaron la ilusión de cuajo..."

De Carton Piedra, Joan Manuel Serrat

Quizá te hable de la oscuridad, quizá me acompañes hasta el final.

Desencuentros

10 feb. 2007

Es curioso, después de leer un post de Sicopop -- (Jódete, mi amor)-- sobre rupturas y desencuentros amorosos, me he puesto melancólica y debería haber sido lo contrario. El post me ha hecho sonreír y aceptar sus palabras, a pesar de su acidez.

Después de ver su recomendación de: “Aria” de Pjotr Sapegin, he sentido nostalgia por Puccini. Quizá melodramático pero no por eso menos intenso.

Descubrí la ópera mientras vivía en Alemania. Tuve la suerte de asistir a varias y en todas ellas disfruté, y cómo diría yo...me elevé. No sé cómo explicarlo, para que no suene "kitsch".

La ópera me hizo sentir lo mismo que las sonatas de Valle Inclán cuando tenía catorce años. Las leí un verano, tumbada sobre la cama, y debajo de un gran ventanal de buhardilla. Lloré mientras las leía.

Me emocioné con quince años mientras leía El lobo estepario, y de fondo escuchaba a Tchaikowsky.

Me emocioné con "La pasión según San Mateo" de Bach, otro solitario verano.

Me emocioné con Ernesto Sábato, Roberto Arlt, Herman Hesse, Dostoïevski, Muñoz Molina, Góngora, Machado, Gorki, Primo Levi, Boris Vian, y yo que sé cuántos más...

Si se consigue elevar la tragedia, hacerla sublime, entonces... entonces también nosotros sentimos algo más que dolor.

¿Demasiado absurdo?





Suicidio


Según el INE, en el 2005, se suicidaron 3381 personas, 2557 hombres, y 824 mujeres. La franja de edad con mayores suicidios corresponde a la de los 40-44 años de edad, tanto en hombres como en mujeres. Le siguen después de 35 a 39 años, y después con casi la misma igualdad dos franjas muy distantes la de 30 a 34 años, y la de 70 a 74, aquí con diferencias según el sexo. Ver datos aquí.
Los hombres de forma abrumadora se decantan por la "lesión autoinfligida intencionalmente por ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación" a la hora de poner fin a sus vidas. Mientras que en las mujeres el método más utilizado es la "lesión autoinfligida intencionalmente al saltar desde un lugar elevado".

Dos países, Finlandia y Suecia, tienen datos sobre las tasas de suicidio que se remontan al siglo XVIII y en ambos dichas tasas muestran una tendencia ascendente con el transcurso del tiempo (12). Durante el siglo XX, Escocia, España, Finlandia, Irlanda, Noruega, los Países Bajos y Suecia experimentaron un aumento significativo de suicidios, mientras que Inglaterra y Gales (datos combinados), Italia, Nueva Zelandia y Suiza presentaron una disminución considerable. No hubo ningún cambio significativo en Australia (12). Durante el período comprendido entre 1960 y 1990, al menos 28 países o territorios tuvieron tasas ascendentes de suicidio, por ejemplo Bulgaria, China (Provincia de Taiwán), Costa Rica, Mauricio y Singapur, mientras que ocho mostraron tasas decrecientes, entre ellos Australia e Inglaterra y Gales (datos combinados) (12).

El suicidio es una de las principales causas de muerte en todo el mundo y constituye un problema importante de salud pública. El suicidio y el intento de suicidio son fenómenos complejos que surgen, de manera muy individualista, de la acción recíproca entre factores biológicos, psicológicos, psiquiátricos y sociales.

La OPS/OMS señala que el suicidio es una de las tres principales causas de mortalidad en todos los países del mundo entre personas de 15 a 34 años de edad. Estimados de la OPS/OMS indicaban que en el año 2000 murieron por suicidio aproximadamente un millón de personas. Pero la organización también enfatiza el hecho de que ese mismo año, un número de personas entre 10 y 20 veces superior intentaron cometer suicidio, representando con ello una muerte por suicidio cada 40 segundos y un intento de suicidio cada 3 segundos en promedio, respectivamente.

UN POCO DE HISTORIA

Los Galios consideraron razonable el suicidio por vejez, por muerte de los esposos, por muerte del jefe o por enfermedad grave o dolorosa. De igual forma, para Celtas Hispanos, Vikingos y Nórdicos, la vejez y la enfermedad eran causas razonables. En los pueblos germánicos (Visigodos), el suicidio buscaba evitar la muerte vergonzosa ("kerlingedale"), lo cual era loable y bien visto. En la China (1.800 ac) se llevaba a cabo por lealtad, en Japón se trataba de un acto ceremonial, por expiación o por derrota, y en la India por motivos litúrgicos o religiosos, así como por muerte de los esposos (éste último considerado hoy día un delito criminal).

Las Tribus Africanas consideraban maligno y terrible el contacto físico con el cuerpo del suicida, incluso se quemaba la casa y el árbol donde se hubiese ahorcado éste; el suicidio reflejaba la ira de los antepasados y se consideraba asociado a brujería; por otra parte, el cuerpo se enterraba sin los ritos habituales.

En los Antiguos Cristianos el suicidio era muy raro pues atentaba contra el V mandamiento. En La Biblia aparecen 8 referencias a suicidios: 3 de guerreros para no entregarse al enemigo, 2 en defensa de la patria, 1 al ser herido por una mujer, y 2 por decepción (Ajitófel y Judas). Existe también la referencia a dos suicidios colectivos, uno de 40 personas en un subterráneo de Jerusalén y el suicido de la fortaleza sitiada de Massada.

En Grecia y Roma las referencias a los suicidios son innumerables y por diversos motivos: por conducta heroica y patriótica, por vínculos societarios y solidarios, por fanatismo, por locura, por decreto (Sócrates), suicidio asistido por el senado. Durante la antigüedad clásica el suicidio del enfermo de "enfermedad incurable por necesidad" fuese una alternativa razonable; en Roma sólo se penaba el suicidio irracional. Prevalecía la idea de que quién no era capaz de cuidar de sí mismo, tampoco cuidaría de los demás, por lo que se despreciaba el suicidio sin causa aparente. Se consideraba que el enfermo "terminal" que se suicidaba tenía motivos suficientes. Se aceptaba pues el suicidio provocado por "la impaciencia del dolor o la enfermedad", ya que según decían se debía al "cansancio de la vida (...), la locura o el miedo al deshonor". La idea de "bien morir" (Eu thanatos) era un Summun bonum: "(...) porque es mejor morir de una vez que tener que padecer desdichas un día tras el otro" (Esquilo, Prometeo encadenado). Es más, "no es de buen médico entonar conjuros a una herida que reclama amputación (Sófocles, Áyax).

Las filosofías de los estoicos, pitagóricos, platónicos, aristotélicos y epicúreos tuvieron una gran influencia sobre el concepto romano del suicidio como liberación de un sufrimiento insoportable.

Para Séneca, "el suicidio era un acto enérgico, por el que tomamos posesión de nosotros mismos y nos libramos de inevitables servidumbres". Celebró el suicidio de Catón como "el triunfo de la voluntad humana sobre las cosas".

San Agustín (354 430 d.c.) describió el suicidio como "detestable y abominable perversidad". Agustín afirmaba que dios otorgaba la vida y los sufrimientos, y que por lo tanto se tenían que soportar. De igual forma, el Islamismo lo condena de tal forma que lo considera un hecho más grave que el homicidio.

FACTORES DEMÓGRAFICOS
(a) Edad: Aumenta con la edad: mayor riesgo en los mayores de 65 años; 70% de los intentos en menores de 40 años.
(b) Sexo: Más frecuente en mujeres pero más efectivo en hombres.
(c) Estado civil: Variable, puede ser más frecuente en solteros, viudos o separados.
(d) Ocupación: Variable, en desempleados y trabajos de mucha responsabilidad y estrés.
(e) Razas: Más frecuente en raza blanca, presencia de fenómenos de contaminación cultural; para 1996 UNICEF-, el mayor índice de suicidio fue en países como Finlandia, Lituania, Nueva Zelanda, Federación Rusa y Eslovenia.
(f) Grupos sociales: Variable según el país; los países más desarrollados tienen los índices más altos de suicido: Suecia, Japón, Suiza, USA.
(g) Religión: Una vida espiritual sana y consecuente parece ser un factor protector.
(h) Zona geográfica: Variable según el país.
(i) Período del año: Variable, parecen existir ciclos, más frecuentes en primavera y otoño y los días lunes.

Y DESPUÉS DE TANTOS DATOS...

¿Nunca has pensado en suicidarte? No es algo que se le cuente a la gente, ¿verdad?.

Uno no va diciendo por ahí esas cosas, sobre todo porque el suicidio parece seguir siendo una bestia negra. En nuestra cultura occidental, cristiana, y liberal, nos han inculcado que el suicidio es sinónimo de fracaso, pecado, debilidad. O al menos esa es mi impresión.

Pero yo me pregunto, ¿es tan maravillosa esta vida, la disfrutamos tanto, la vivimos tanto, cómo para no plantearse nunca la idea de abandonarla? O quizá las razones para no suicidarse, sean casi todas negativas, y no positivas.

No queremos dejar a familiares y seres queridos, apenados y dolidos por nuestro acto. No queremos dejar solos a conyuges, hijos, padres... No sabemos que hay después de la vida, la muerte sigue siendo una dolorosa incógnita. No sabemos si se nos castigará por habernos anticipado a nuestro destino.

La mayoría de los argumentos que he escuchado para no cometer suicidio, eran negativos. Apenas nadie decía cosas como: ¡Suicidarme, estás loca, con lo bien que estoy aquí, con lo que me río, divierto... Dónde iba a estar mejor que aquí!

Para mí esa sería la respuesta correcta, sin embargo no creo que sigamos viviendo por ese motivo.

Siento que seguimos viviendo por miedo. Y nada más. Vivimos con miedo y seguimos con vida por el miedo.

Otra pregunta más, ¿si supieras qué hay después de la muerte, con certeza, seguirías aquí? ¿Seguirías aquí, si por ejemplo, te sintieras sólo, cansado, angustiado, frustrado? O por el contrario, habiendo otra alternativa, decidirías poner fin a esta "realidad" para vivir en otra.

El instinto de supervivencia...Existen curiosos eventos que son considerados como el suicidio de algunas especies animales: rebaños enteros de ovejas que sin razón alguna se entregan al vacío de los acantilados, confirmando así, para algunos, aquello de que las ovejas son tontas. Ballenas y delfines que voluntariamente se varan en las playas o se rompen, tras repetidos intentos, las cabezas y las vidas contra las rocas de los arrecifes, o roedores siberianos que caminan desde sus casas subterráneas hasta el océano Glaciar Ártico para morir ahogados en el abrazo de sus frías aguas.

Algo que es desconcertante en la vida del Cóndor Andino--el más imponente ave de los Andes americanos es el Cóndor (Vultur gryphus) que pertenece al orden de los Falconiformes y a la familia Cathartidae-- es su muerte que de acuerdo a la tradición se debe llevar a cabo de un modo realmente peculiar: al final de su larga vida el cóndor se siente cansado y un tanto débil de fuerzas, cree que su vida ya no tiene sentido por lo que opta por el final preferido por su raza y practicado por milenios, decide su suicidio para lo cual remonta vuelo y trata de alcanzar una altura bastante grande para luego descender en picada a una velocidad extraordinaria y finalmente estrellarse contra la faz rocosa de una montaña, dando así fin a una centuria de reinado en los cielos andinos.

Quizá los animales no se suicidan porque su vida merece ser vivida.

Sólo una cuestión más y termino ya con este post tan aburrido. Imagino una balanza, en un lado, aquellas cosas que nos hacen disfrutar de la vida, en la otra aquellas otras que nos la amargan, coartan, entristecen, enfurecen...bla,bla, bla. ¿Qué balanza pesa más, en el día a día? E insisto en el día a día, porque esa suma de uno en uno, termina formando TODA nuestra vida.

¿Qué balanza pesa más?

Blogs: amuletos contra la soledad

8 feb. 2007


¿No te parece que todos nosotros nos sentimos solos? Y aunque digamos que no con la boca, nuestros ojos no engañan, ni la comisura de nuestros labios, ni nuestros pasos.

Y cada uno --con nuestras armas-- buscamos incansables la forma de acabar con ese vacío que todo lo llena.

Quizá los blogs sean un amuleto contra ciertas soledades. A pesar de que enseñamos de nosotros lo justo, lo que nos conviene, o lo que creemos nos hace interesantes.

Viuda es el estado civil de la vida. Y morimos solos, da igual de quién nos rodeemos.

La Muerte: única, común, e incuestionable referencia del universo, nos separa de todo y todos; hasta de nosotros mismos.

Quizá por eso, necesitemos tanto amar. Casado, viviendo en pareja, es el estado civil del amor.

¡Cuántas tonterías escribo! Que descanses, y hasta mañana.

Carezco de instinto primario

7 feb. 2007


Hoy tengo un mal día. ¡Y Quién no tiene un mal día, incluso dos, tres, cuatrocientos...! Lo sé, sólo es de mi incumbencia.

El lunes comienzo un nuevo trabajo. Es por eso.

Un trabajo que --irónicamente-- me lleva a 200 metros del que fue mi colegio.

A la edad de cuatro años comencé la escuela obligatoria.

Nadie de mi familia sabe qué pasó. Yo tampoco.

A los quince días de asistir, empezaron los vómitos por las mañanas y las lágrimas acongojadas en un rincón del aula.

Me preguntaron una y otra vez por la causa de tanta tristeza --mi madre sigue preguntando--. Nunca hablé.

He pensado mucho sobre ello. No tengo ninguna imagen, ninguna frase retenida en la memoria que lo explique. Sólo la impronta de un miedo carnívoro.

Decían que era introvertida, ingenua, buena. Debí creer que la escuela era el mismo mundo que mi hogar, solo que un poco más grande.

El aula donde estaba tenía de 40 a 50 niños. 40 almas libres para demostrar todo aquello que llevaban dentro. Desposeídos de reglas sociales, prejuicios, se mostraban abiertos, sinceros, crueles, egoístas, salvajemente humanos.

No había --no hay-- más ley que la de la selva.

Pero yo carezco de instinto primario. Como carezco del reloj biológico maternal o de instinto de supervivencia.

¿Cuántos amigos tienes?

4 feb. 2007


¿Cuántos amigos tienes? ¿Muchos? ¡Qué suerte! No entiendo como hacen las personas para tener muchos amigos. A mí me costó desde pequeña encontrar al menos uno sólo. Recuerdo mi idea de la amistad: era sagrada. Con el paso del tiempo, esa idea se ha vuelto agnóstica, casi atea.

Termino creyendo que los amigos no son eternos, ni tienen porqué serlo. La vida crece, envejece y sufre cambios con los años, --las personas no cambiamos tanto como quisieramos-- y en cada etapa aparecen las personas que nos acompañarán. La duración de la relación no es significativa, sólo la altura de los sentimientos en ese espacio de tiempo.

Hubo muchos a los que creí amigos y no lo fueron. Otros --en los que ni tan siquiera había reparado-- se mostraron más dignos que yo. Hubo algunos de los que nunca supe qué pensar, y otros que nunca me ofrecieron espacio para la duda.

Estuvieron aquellos que soporté como una especie de deuda por siempre impagada. Otros con los que desarrollé vida social y poco más. Y aquellos que abrieron puertas, dejando respuestas allá donde sólo había preguntas.

Si hiciera la pregunta: ¿tú tienes amigos? El 99,9% de las personas dirían que sí. A mi me interesa el 1 % que diría que no.

Quizá hay más gente que no tiene amigos, pero reconocerlo supondría un estigma, señal inconfundible de que se le debe quemar en la hoguera.

Conocidos hay muchos, personas que nos caen bien, con las que nos reímos, salímos, hablamos, nos desahogamos... Contactos humanos.

Sin embargo la amistad, como el amor, escasean. Reconocerlo no nos vuelve misántropos, sólo más humanos.

Hay días en los que las palabras enmudecen

2 feb. 2007


Hay días en los que las palabras enmudecen. Desprovistas de significado, el silencio ocupa su lugar.

Hay días en los que las palabras de otros se tornan en ruido.

Hay días en los que la ausencia de palabras marcan el destino.

Hay días en los que con una sóla mirada hemos aprehendido el universo.

Si no tengo nada que decir, lo mejor es callar.