Un don

1 mar. 2007

Cuando era pequeña su abuelo la llevó un día de paseo. El bosque tenía, en la copa de sus pinos, nubes de niebla; al sol le costaba hacerse notar.

Se pararon un momento, él le ajustó el gorro y la bufanda. Le sonrió. Ella le miró seria y expectante. El hombre emitió un largo suspiro, era la hora.

--Tu madre me ha contado que el otro día te pusiste a llorar en el colegio. Creo que no hubo forma de hacerte hablar. Por lo visto, no es posible que ninguna niña te hiciera nada. ¿Estabais en medio de un dictado, no?

La niña asintió, con la mirada perdida.

--¿Qué pasó? Dime, qué sentiste.

La niña se agarró de su mano y casi tiró de él para continuar andando. Parada no podía hablarle.

--Era un dictado fácil, abuelo. Estaba concentrada prestando toda mi atención a la profesora, cuando oí voces fuera de la clase. Me giré y ví a mi hermana. Se marchaba, se iba a la calle con sus compañeras...

--¿Eso es todo?

La niña se paró. Levantó su carita hacia el hombre, y éste pudo ver sus ojos rojos, conteniendo un puñado de lágrimas.

--No, eso fue el principio. De pronto, la luz de la clase cambió. Hacía calor, y no era capaz de seguir ya la voz de la profesora. Sentí como el pecho se me encogía, apenas podía respirar. Y no pude aguantarme las lágrimas.

--¿Pero, por qué? ¿Por qué?

--Sóla. Me sentí sola.

El hombre calló. Se agachó a su altura y la abrazó. La niña rompió a llorar, emitía un lamento animal, un sonido gutural y repetido.

--Niña, no te va a ser fácil. Nunca lo es para ninguno. Intentaré explicártelo, estar a tu lado. Pero no quiero engañarte, es un estigma.

Ella le miro sin comprender.

--Bueno, lo que quiero decir es que es un don, aunque sólo sirve para sufrir. Eso es lo que quiero decir.

--¿Tengo un don?

--Sí, para tu desgracia, lo tienes. No sé muy bien cómo funciona, y sobre todo no sé para qué. Déjame que te explique... A partir de ahora, podrás "saber" que sienten los que te rodean. Será como un golpe de conocimiento. No tendrás evidencias. Simplemente sabrás.

--¿Y por qué es malo, abuelo?

--Porque intuirás más sobre ellos, que ellos mismos. Porque conocerás cosas que ellos no quieren que sepas, y se incomodorán. Porque se sentirán observados y no les gustará. Se sentirán descubiertos, y te rehuirán. Tus ojos, tu corazón, no podrán ocultar lo que sabes. Te delatarás.

--Y estaré sola...

El hombre asintió penosamente mientras echaba a andar de nuevo. La niña había dejado de llorar, los labios apretados, los chorretes de las lagrimas manchandole la cara.

El sol había conseguido disipar la niebla. La luz entraba gozosa en el bosque, alborotando a los pájaros y estos a los árboles.

--¿Habrá alguien que no me tema?

--Uhm... Sí, lo habrá. Pero sólo será uno, si te equivocas, no tendrás más oportunidad.

La niña frunció el ceño contrariada.

--¿Por qué sólo uno?

--Porque tu eres sólo una.

Habían parado de nuevo. El hombre se sintió, de pronto, terriblemente cansado. Los ojos de la niña se habían abierto ahora, permanecía alerta.

--¿Y qué pasara si elijo mal?

--Te perderás.

--¿Pero?, pero... ¿cómo lo distinguiré?, ¿cómo podré saber?, abuelo.

El hombre permaneció en silencio. Se llevo las manos a la frente, y se froto encima de las cejas.

--Te escuchará pensar.

La niña frunció nuevamente el ceño. No comprendía. Esta vez el hombre le sonrió.

--Imagínate que estais juntos en la cama, durmiendo. Pero tú no podrás dormir, te desvelarás, algún pensamiento te mantendrá ocupada. Pero no te moverás para no despertarle, ni un sólo músculo. ¿Sí?

La niña asintió con la cabeza.

--Bien, entonces cuando le creas dormido, su voz de pronto te sobresaltará. Te habrá preguntado bajito, al oído: "¿En qué piensas?". "¿Cómo sabes que estoy despierta?", preguntarás sorprendida. Y él te dirá: "Te escucho pensar"

El hombre se la quedó mirando con la esperanza de que ella hubiera entendido, a pesar de su corta edad.

De pronto la niña sonrió. Cogió la mano del hombre y volvieron a caminar.

Salieron del bosque a una explanada marrón y verde. Se habían formado cúmulos en el cielo, y soplaba un viento del noroeste. La niña le soltó de la mano.

--¿Y qué pasará con el resto?

El hombre negó con la cabeza, no quería seguir con aquella conversación.

--Al resto los condicionarás.