Segundo día de viaje

30 may. 2007

Los lunes son asesinos.

No sé qué ruta de castillos nos tocará hoy.

Lo que sé, es que si estuviera en Madrid, me tocaría trabajar.

Para aquellos que se quedan...

Ciegos que recuperan la vista

22 may. 2007



Estaba estudiando para un examen. Mi padre con las manos en la espalda, rodeaba varias veces la mesa, mirando de reojo.

Le ignoré, tenía que concentrarme.

En su tercera vuelta, se plantó a un lado y con voz queda me dijo:

--Me has decepcionado.

No pude contestar.

A partir de aquel día, el silencio hablaba con mi padre, porque las palabras no podían.

Él jamás pensó en los desencantos que provocaba en el resto de nosotros. El mundo giraba en torno suyo. Su política de conmigo o contra mía, la llevaba a todos los aspectos de su vida.

No se lo reproché. Seguí estando al pie del cañón cada vez que me necesitó.

Pero no volví a quererle. No pude desde aquel día.

El abuelo y yo hablamos de lo que había sucedido.

--¿Sigues enfadada con él?

Negué con la cabeza.

--¿Y entonces?

--Un padre no debería decir cosas como esas a un hijo.

--Un padre no debería matar, violar, maltratar, ignorar, a sus hijos. Pero se hace. La paternidad o la maternidad no hacen mejores a las personas. Eso es un mito.

-Bueno, tiendo a creer que aquellos a los que estimo se distinguen del resto.

--Que tu decidas querer a alguien, no le hace mejor persona, niña.

--Sí, tienes razón, abuelo. De hecho, amar a una persona te incapacita para ver sus defectos, su personalidad.

--Y cuando dejas de querer... lo ves todo de golpe.

--¡Y joder qué golpe!

El abuelo rió.

--¿Sabes qué es lo más triste de todo esto?

--Creo que sí...

--Que todo lo que sentí antes, lo convierte en mentira. No soy capaz de conservar en una caja de latón los buenos recuerdos.

--No hay marcha atrás, pequeña.

--Lo sé, lo he sentido así. Sin embargo, eso no me pasa contigo, abuelo. Y eso que te odio muchas veces.

Las carcajadas del abuelo salieron de un fondo desconocido para mí.

--¿Y sabes porqué?

Negué divertida con la cabeza.

--Por tu don. Tú sientes, percibes, lo que hay dentro de las almas, cabezas, llámalas como quieras. A partir de esa certeza todas las palabras que te digan, que se digan así mismos, sobran.

--Abuelo...

--Sí, niña...

--Estoy cansada.

--Pues esto es sólo el principio. Vamos a tomar algo.

--¿Un whisky, abuelo?

--Quizá sean dos.

¿Magia? No, Música.

15 may. 2007

El theremin (theremin, théremin o théreminvox), llamado en su versión primitiva aetherophone (eterófono), es uno de los primeros instrumentos musicales electrónicos, y el primer sintetizador de la Historia, inventado en 1919 por el físico ruso Lev Serguéievich Termen (quien luego afrancesó su nombre a León Thérémin).

Callejeros: él y yo

14 may. 2007

No sé si podré contar esta historia. Me temo que no. A pesar de eso, probaré a expulsar algún que otro demonio inferior.

Le llamé Daniel. Imponente. Ojos negros, pintados por una raya natural oscura, debajo de la mirada. Tímido. Ansioso.

La historia apenas duró una semana.

No voy a escribir sobre los pocos días que estuvimos juntos.

Cuando metí la llave en la puerta, lo supe. Una fugaz premonición, descartada con otra vuelta a la cerradura.

Avancé hacia el salón. No estaba. Vi a mis padres levantarse despacio. Me dieron la noticia.

No tuve una reacción, fue la Reacción la que me poseyó a mí. Nunca me ha vuelto a pasar.

Llore, grité, pateé. El luto se pegó al dolor, sin darle tiempo a respirar. Casi destrozo la casa.

En plena noche, finales de septiembre, salimos todos a buscarle. Ni la luna quiso estar presente. La lluvia nos acompañó, golpeándonos con cristales rotos de agua en la cara.

Me quedé afónica de tanto llamarle. Ni su sombra vi.

Después de unas horas, me metieron el coche, me metieron una o dos pastillas en la boca, me metieron en la cama y dormí.

En el primer instante de conciencia al día siguiente, creí que todo estaba bien. El segundo después, fue una avalancha de puños enfurecidos golpeando sobre mi cabeza.

Me levanté. Evité mi rostro en el espejo. Hice los carteles de búsqueda.

Los pegué por todo aquel parque. Paseo arriba, paseo abajo. Seguía lloviendo, me negué a abrir el paraguas.

Con un cartel en la mano, comencé los interrogatorios. Madres con niños, porteros de las casas cercanas, ancianos que paseaban.

Nada.

Tampoco hubo suerte con la ronda de llamadas a organismos oficiales.

Puse anuncios ofreciendo una recompensa. Hubo llamadas. Una de ellas a media noche. Salí disparada. Cuando llegué, ya se había ido. Desencuentro.

Durante las semanas siguientes seguí acudiendo, sola. Con mis carteles en la mano y mi carita de pena, preguntando.
No le encontré. Ni tan siquiera sé si está vivo o muerto.

Lo poquito que me quedaba de esperanza, se lo llevo mi perro.

Intenté salvarnos a los dos. A él, del albergue donde le habían abandonado. A mí, de mi misma. Sólo conseguí perdernos a los dos.

Cada vez que veo un galgo atigrado, mi mirada se vacía. Mis labios se aprietan en un rictus amargo.

Aquel amigo, cogió entre sus dientes un pedazo grande de mi corazón.

Aquella pena fue como una quemadura de primer grado. Una congoja que no se limpia ni con lejía.

El abuelo no estaba allí, para decirme qué hacer. El abuelo había muerto.



Mi pegamento de contacto

9 may. 2007





Cuando el tiempo pasa y nos hacemos viejos nos empieza a parecer que pesan más los daños que los mismos años al final.
Por eso yo quiero que mis años pasen junto a ti mi amor eterno junto a mi familia,junto a mis amigos y mi voz ...
Porque nada valgo Porque nada tengo, Si no tengo lo mejor Tu amor y compañía en mi corazón
Y es que vale más un año tardío que un siglo vacío amor y es que vale más tener bien llenito el corazón
Por eso yo quiero que en mi mente siempre tu cariño esté bien fuerte. Aunque estemos lejos o aunque estemos cerca del final
Porque nada valgo porque nada tengo si no tengo lo mejorTu amor y compañía en mi corazónVen amor...
Me siento débil cuando estoy sin ti,y me hago fuerte cuando estas aquí,sin ti yo ya no sé qué es vivir,mi vida es un túnel sin tu luz.
Quiero pasar más tiempo junto a ti . Recuperar las noches que perdí .Vencer el miedo inmenso de morir .Y ser eterno junto a ti
Porque nada valgo porque nada tengo si no tengo lo mejor Tu amor y compañía en mi corazón

No hablo de las mariposas en el estómago.

No hablo de la sonrisa involuntaria en los labios.

No hablo de encontrar música en las palabras.

Tampoco hablo del sexo. Adicción, perdida de conciencia, orgasmos como agentes desencadenantes de amnesia.

Para sentir siempre esas mariposas, hay que ir de flor en flor.

El sexo se goza en cualquier parte del Universo.

Pero el amor... Si tuviera que sustituirlo por otra palabra diría: complicidad.
........

Suena el despertador a las seis de la mañana. Invariablemente nos giramos en la cama.

--¿Has dormido bien?

--Uhmm..sí ...o...no (depende del día)

Pero la pregunta y el beso suceden TODAS las mañanas.

Mientras te duchas --con los ojos casi cerrados-- camino por el pasillo. Cojo tus zapatos y los míos. Saco de la nevera tu barra de cereales. Enciendo tu móvil y el mío.

Me siento en la penumbra, con el café en la mano y veo amanecer. Te espero.

Has terminado de arreglarte. Y como TODOS los días, te sientas a mi lado y me besas. Un largo beso con lengua.

Acaricias mi pelo revuelto y despeinado. Pasas tus dedos por las señales que las sábanas han dejado en mi piel.

Te acompaño hasta la puerta. Mientras esperas el ascensor, me besas de nuevo.

Espero con la puerta abierta, hasta que escuchó el ascensor abrirse en el portal.

Nos enviamos nuestros sms durante el día. Nos llamamos a la hora del desayuno, a la hora de la comida, a la hora del café. A las entradas y salidas.

Bajas a buscarme a la estación. Hablamos de como ha sido el día. Llegamos a casa, me pongo cómoda. Mientras me desnudo, tú te echas en la cama y me escuchas.

Nunca encuentro la funda de las gafas. Tú --en silencio-- la buscas y me la das.

Llevamos juntos la comida a la mesa. Tu llevas mi comida y cubiertos. Yo los tuyos.

Al final del día, nos sentamos con un whisky en la mano.

Subo las piernas un rato y me acaricias.

Pones la cabeza en mi regazo --otro rato-- y te acaricio.

Nos acostamos. Durante unos minutos apoyo mi cabeza en tu pecho y hablamos.

Después me giro, encuentro mi posición. Tu esperas a que me acomode. Entonces te acoplas a mí, me abrazas para dormir.

--Que descanses.

--Gracias, igualmente.

Eres mi pegamento de contacto. Todos los trozos de cortantes aristas, de esta perra alma, tú los pegas. A diario. En silencio.

¡Tienes una mujer tan imperfecta! Pero tú, hoy, me escribes: “Vivo para ver tu sonrisa, verte mover. Tu mirada en mí , es todo”

Cuando te escucho, elevo un deseo:

--Que nada malo le ocurra. Nunca. Cualquier dolor que vaya para él, enviádmelo a mí. Hacédmelo a mí. No a él.


A cuatro patas

8 may. 2007



A la especie bípeda le gusta sentarse junta en las terrazas, en los cines, en los parques, bares...

Ansían la proximidad física de los Otros. Las fiestas populares o eventos multitudinarios, les hace perder el sentido, ¿común?.
Si se trata de ideas o principios la situación empeora.
Quedarse sólos con "su" idea --frente al Resto-- les produce pánico escénico.
Por el contrario, cuando comparten ideas o sentimientos, se sienten gratamente reconfortados.
Exultantes, creyendo que Mayoría significa razón.
Permitiendo que Razón, de derecho al desprecio.
El Desprecio a la desigualdad.
La Mayoría convertida en dictadura, relegando al ostracismo la individualidad.
Bípedos, curioso... casi siempre caminan a cuatro patas.

Día de tornillos caídos

Al levantarme hoy, se me ha caído otro tornillo de la cabeza.

Hace tiempo me preocupaba. Ahora, le doy un puntapié y lo mando debajo del armario, de la cama, o se queda rumiando en algún rincón.

Sí, rumiando. Porque mis tornillos hablan. Sucumben a su propia y desgranada dialéctica.

En ocasiones --durante la noche-- he de mandarles callar. Sus sempiternas conversaciones me impiden dormir.

El tornillo de hoy , hablaba de lo que une o separa a las personas. En su opinión, no hay nada que una mas, que las cosas que no gustan.

Un momento, el tornillo se explica.

Cuando la gente se conoce, suelen hablar de aquello que les gusta. Cuando se conocen poco, también.

Pero cuando se conocen más, comienzan a hablar de lo que NO les gusta, o de quienes No les gustan.

¡Ahí se produce la verdadera unión!

Nada más fatídico para las relaciones, que uno diga que no soporta una determinada persona, música, autor, equipo, ropa, bla, bla, bla, y el otro esté en desacuerdo. ¡Zas, grieta al canto!

Por el contrario --cuando dos coinciden en aquello que les disgusta-- se produce un calor afectivo, de altas calorías.

Nada liga más a dos amigas, que criticar a una tercera que no soportan.

Ni a dos amigos, que un equipo de fútbol rival.

Ni a dos países, un enemigo común.

Al menos, eso dice mi tornillo caído.

Por cierto, no veo dónde se ha metido...

Para saber si una relación –del tipo que sea—puede tener futuro, hay que preguntar al otro, aquello “con lo que no puede”. Si se coincide, hay posibilidades de formar una bonita amistad, sobre sus odios comunes.

Quizá sea la necesidad compulsiva que tiene la especie bípeda de mostrar su desacuerdo, invariablemente.

Ningún bípedo que se precie, dejará pasar la ocasión de pronunciar su “no estoy de acuerdo” contigo.

¿Afirmación de un dudoso yo?

No suelo mostrar mi desacuerdo con otros, normalmente.

Primero, porque prefiero hablar de los “acuerdos” y fijar mis esfuerzos en estos.


Segundo, porque quizá esté equivocada—muy probable—y estar abierta a otros pueda llevarme a un cambio de opinión.

Y tercero, porque no necesito reafirmar mis ideas en oposición a las de nadie.

Mis circunstancias y yo, nos sobramos para contradecirnos, sin ayuda de nadie.

Y bueno, todo eso ha dicho mi tornillo caído de hoy.

Estoy pensando en poner una ferretería...

Una pésima familia

5 may. 2007

Una plaza, un mediodía cualquiera. El viejo, tú y yo, sentados delante de una cerveza.


--Me ha pedido un poco de espacio...


Te miramos en silencio. El viejo hace una mueca despectiva, chupa su pipa. Yo no sé que decirte.


--¿Te ha explicado porqué?


El viejo se echa a reír. Así no se puede hablar. Con él delante, imposible.

--No, no lo ha hecho...

Miras al estrecho horizonte enfrente de ti. Tengo que encontrar palabras que te lleguen. Miro al viejo para hacerle callar. Comprende, y se remueve incómodo en su silla.

--Quizá no es tan mala idea. Puedes aprovechar este tiempo para ti, para pensar en lo que quieres.

Suspiras, me miras y sonríes.


--¿Tú crees?
--¡Pero que va a creer ella! ¡No le hagas ni caso, por Dios! Si quiere espacio que se tome toda la vida. Pero la suya, no la tuya, claro...


--Abuelo, qué animal eres...


--Práctico, niña, que con esas moñadas la única que gana es ella. Tu hermano se quedará colgado en las alturas...


--Os agradezco que habléis como si yo no estuviera delante. Es alentador...


--Lo siento...


--No te preocupes, tengo costumbre con vosotros dos...


El viejo y yo nos miramos. Algo hay que hacer. Pero antes de que me dé cuenta el abuelo me ha cogido la delantera.


--¿Te ha puesto los cuernos, hijo?

Por un momento, tú y yo nos miramos de hito en hito. No podemos creer lo que acabamos de oír. Después nos echamos a reír. Tímidamente al principio, de forma hilarante después. El abuelo nos mira muy serio. Y eso es mucho peor, claro.

--No le veo la gracia. Sois dos tontos, ya lo creo.

Te empiezan a llorar los ojos de tanto reír. De pronto, en seco, paras.

--¿Y bien, qué coño hago?

--Déjala, hijo.

--Queda con ella dentro de... digamos un mes. Un día, una hora, un lugar. Mientras tanto te olvidas, sigues como si nada...

--Esta niña está más loca de lo que pensaba. Hijo, por favor, no la escuches. Hazme caso, que para eso los dos somos hombres. Y sé lo que me digo.

--¿Y qué conseguiría haciendo eso de la cita futura?

--Nada, creo. Pero la idea suena bien... ¿no? A mi me gusta.

Ahora sois vosotros dos quien me miráis, muy serios.

--Será mejor que tome una decisión yo sólo...

El viejo y yo asentimos. Tú niegas con la cabeza, lentamente.

--¿Cómo puedo tener una familia tan pésima?

--Cuestión de mala suerte...creo. ¿Y si os mudáis a una casa más grande?, dije yo.

--La verdad, no creo que eso resolviera nuestros problemas…

--¿Pero no dijiste que quería más espacio?, pregunta el viejo.

Ahora somos los tres los que no podemos parar de reír.

Estaba la rana...

2 may. 2007



Estaba la rana sentada cantando debajo del agua...

El hombre la ve. Su vestido largo, marfil, se pega a su cuerpo. No tiene la impresión de que ande. Más bien parece deslizarse por el suelo. Sobrevolarlo.

Cuando la rana se puso a cantar vino la mosca y le hizo callar...

La mujer se para delante de él. Ladea la cabeza y le mira fijamente. ¿La decepcionará? La garganta se le seca. Olvida las palabras.

Cuando la mosca se puso a cantar vino la araña y le hizo callar...

Ella se mueve con soltura. Le sonríe. Le pregunta. ¡Parece frágil y dura a la vez!

Cuando la araña se puso a cantar vino el ratón y le hizo callar...


Le gusta su sonrisa. Abierta, franca, dueña de sus labios. A él le cuesta mover los músculos de la cara.

Cuando el ratón se puso a cantar vino el gato y le hizo callar...

Es verano. Van a un parque. La observa comer unos sándwiches. Ha comprado una bebida para él. Imposible tragar. Se la bebe ella.

Cuando el gato se puso a cantar vino el perro y le hizo callar...

No tiene reloj que le oriente. Pero su corazón le dice que está dejando escapar los minutos. No es capaz de decirle "apenas una palabra" de lo que siente.

Cuando el perro se puso a cantar vino el hombre y le hizo callar...

Es hora de irse.

Cuando el hombre se puso a cantar vino la suegra y le hizo callar...

No va a dejarla ir sin más. No. A cámara lenta ve como se aleja. Le hace un gesto con la mano. Ella acude. La besa. Su primer beso.

Cuando el Amor se puso a cantar ni el mismo Diablo le hizo callar...