Dando la espalda al poniente

30 dic. 2007



Yo creía que con los años las personas --y para que mentir, sobre todo yo--, conseguían hallar el equilibrio en sus vidas, la armonía entre lo que son y lo que deseaban ser. ¡Mucho creer es ese!

Me doy cuenta de que he llegado al ecuador mental de mi vida con más dudas, desconfianza, y MIEDO, que cuando tenía veinte años. Me entristece, y mucho.

Y no quiero que sea así, no quiero moverme a mi misma como si fuera un bokor jugando con su zombie. Deseo que mi cuerpo y mi mente dancen suavemente sobre el hilo del tiempo. No se trata de ir de puntillas, se trata de burlar la gravedad oscura de la Vida, con las notas de música que resuenan dentro de cada uno de nosotros.

Miro a mi alrededor y nos veo a todos enredados en nuestras telarañas, panza arriba, intentando enderezar nuestras vidas, como tortugas a las que alguien hubiera tirado de espaldas. Y es nuestra "trampa", la tejemos a diario, inconscientes pero feroces aniquiladores de lo que podríamos ser, de lo que fuimos, de lo que aún somos.

Tengo miedo de mi misma, de mi pánico irracional, de mi ansiedad, tristeza, desaliento, escapados de la caja de Pandora que es mi mente.

Todo esto no suena nada navideño, lo sé. Pero dentro de dos semanas, se podrá leer lejos del furor de las campanillas, villancicos, mazapanes y polvorones, y sonará muy real.

Tengo que coger el tren que me lleve de vuelta a mi misma, agarrarme de la mano, y obligarme a dar la espalda a ese poniente anticipado que se cierne sobre mi horizonte.

El dolor --físico-- se ha pegado a mi como el moho a una planta, y cansa. ¿Y qué? Es tan sólo dolor, el miedo es tan sólo miedo, pero la Vida es UNICA.

Es el momento de cerrar los ojos para poder ver, de taparse los oídos para escuchar, de sellar los labios para cantar.

El tiempo corre veloz, incansable, atlético junto a mí. Me reta burlón, ganador sempiterno de nuestras vidas. No quiero alcanzarle, sé lo que hay al final de esa carrera, y ese es un viaje que deseo emprender "ligera de equipaje".

Hasta el último día, cada día es una oportunidad.