A las puertas...

9 ene. 2008

Abro una puerta, camino recto, con la cabeza gacha, siguiendo a mis pies, dejandome arrastar por ellos, sin fuerza para frenarles, para preguntarles hacia dónde caminan y porqué.
Me deslizo por un pasillo custodiado por gigantes de piedra, con legañas de moho en los ojos, y grietas en las mejillas a causa de las lágrimas heladas.

Levanto la cabeza despacio hacia el cielo --no hay techo--. El viento me retira el pelo de la frente y las nubes, celosas, se abalanzan unas sobre otras para mirarme. Se arremolinan para robar la atención del espíritu que las mueve, y llevárselo con ellas de vuelta.

Las estrellas apenas parpadean, cansadas de brillar para un universo tan viejo.

Ante mí, una niña juega arrodillada sobre el frío mármol. Decenas de canicas ruedan estrepitosas por las baldosas, negras y blancas, como un tablero gigante de ajedrez. Sus ojos negros sonríen al verme, y con una mano me indica la puerta que tengo delante.

Y detrás de esa hay otra, y detrás otra más, y otra, así hasta el infinito. Todas las puertas alineadas, medioabiertas, con una niña que va creciendo en cada una de ellas. Hasta vislumbrar en las últimas a una anciana sentada en una mecedora.

Por un momento estoy a punto de ceder al impulso de echar a correr y salvar la distancia de todas esas puertas. Pero siento un cosquilleo en el pie, y al bajar la vista, veo una tortuga enorme a mi lado, con sus diminutos ojos me habla, quiere que la siga.

Ajusto mi paso al suyo, y al cabo de un tiempo me doy cuenta de que también he ajustado mi respiración. La niña ha dejado sus canicas y me ha tomado de la mano. Me hace preguntas y nada más contestarlas olvido su respuesta. Quizá por eso sienta que nunca salgo de la misma habitación.

--Espera, por favor.

La tortuga parece sonreírme a través de su piel de roca. La niña suelta mi mano y se agacha junto a ella, apoyando su cara contra el caparazón.

Me paro delante de la puerta y, como la imagen de un espejo en otro, vislumbro mis futuros. En ese momento todas las niñas, todas las mujeres se alzan y me miran. Y al unísono, tomamos los pomos de las puertas y las cerramos.

Un golpe sordo hace temblar el silencio. Regreso junto a la tortuga y la niña.

--Ahora ya podemos seguir avanzando, amigas.

8 comentarios:

Alfredo dijo...

Este relato me ha evocado el estribillo de una canción muy conocida de Chambao: "Poquito a poco entendiendo que no vale la pena andar por andar. Que es mejor caminar pa´ir creciendo".

Has elegido una compañera de viaje que a mi, en concreto, me resulta especial: la tortuga. Cualquier día te explico las razones que me llevan a decir esto (quizás una de ellas sea que dos de mis mascotas precisamente son tortugas de agua, de 10 años cada una).

Un abrazo.

Spender dijo...

Al fin me decido a dejarte un comentario, después de estar leyéndote a escondidas un tiempo. Llego aquí vía "la mala".

Cosas como éstas cada vez hay menos en los blogs, y es precisamente lo que busco:algo que me remueva y me haga pensar.

Saludos!

Valkiria dijo...

Sii, Elb, a veces, vivir en el momento, sin ataduras al pasado, sin vendernos al futuro es la única forma de VIVIR, disfrutar de la historia en cada paso, contemplar el paisaje, ser nosotros en cada Ya, en cada Ahora.

UN beso

by Alex dijo...

Hola Elbi....ya de nuevo cerca de ti y tus palabras....en este caso ¿tus sueños?....¿tu imaginación?..
Da lo mismo....el placer está en leerte y sentirte cerca...
De nuevo cerca de ti.
Besos calidos.

Elbereth dijo...

Buenas noches Alfredo... y perdón por lo que he tardado en comentar...como ves están siendo días difíciles...

¡Conozco la canción...y me gusta mucho! Y las tortugas también, quisiera ser una, quizá o seguramente, porque soy todo lo contrario a una...:(

Estaré esperando esa razón de porqué las tortugas son tan especiales para ti.

Un abrazo muy fuerte.

Elbereth dijo...

Spender Gracias, de verdad, muchas gracias. Todos los que venís de casa de "mala" sois...especiales. No tengo dudas sobre eso, valéis mucho. :)

Tengo pendiente la visita a tu blog, que no pienso dejar pasar. Es sólo que "circunstancias adversas" me tienen más alejada del blog de lo que yo quisiera...

Un saludo y ¡nos vemos en tu blog!

Elbereth dijo...

Hola Val!!! ¡Cómo me gusta verte aqui, significa mucho para mí!

Ojala pudiera ser así, como tu describes. Pero no me rindo, ya habrá un tiempo para eso, un no-tiempo. Ahora toca poner buena cara al mal tiempo.

Tus palabras son siempre de aliento, gracias.

Un beso.!

Elbereth dijo...

AAAlexxxx!!!! ¿Estás bien? ¡me alegro mucho de tenerte de vuelta, ya te echaba en falta! :)

Era mi imaginación...mis sueños suelen ser bastante oscuros...más bien pesadillas, diría yo. Aunque a todo se acostumbra uno. :S

Me gusta leerte!!! un beso grande!!