Noche de sábado...

14 ene. 2008


Todo empieza con una llamada de teléfono. El sonido familiar se torna amenazador, irrumpe en la tranquilidad del atardecer, como una cerilla que prendiera en los planes de esa tarde. La conversación es breve, apresurada, preguntas que quedan sin contestar, respuestas que nadie ha pedido. En unos minutos nos vestimos apresuradamente, salimos de casa con la sensación de que nos olvidamos de algo, a pesar del reconocimiento rápido: llaves, móvil, cartera.

En el recorrido del portal al coche, el frío se adhiere a la suela de los zapatos, añadiendo plomo a las pisadas, obligando al cuerpo a realizar un esfuerzo extra. Decenas de pensamientos se pisotean en la cabeza, las ideas surgen para ser abandonadas a los pocos segundos por otras y así sucesivamente.

El camino hasta el hospital está minado por la incertidumbre. Cada palabra, cada silencio, hacen que la realidad se espese, con cada kilómetro se deforma hasta convertirse en un muñeco de barro sin boca.

La sala de espera está abarrotada. Hay carteles pegados en las máquinas expendedoras que piden silencio, pero los familiares de los enfermos o no saben leer, o están sordos, o no creen que el silencio tenga sentido en un hospital.

La iluminación es pobre. La mitad de la sala queda en sombras, lo que, por una parte, ayuda a dar una cabezada en medio de la madrugada y concede cierto grado de intimidad, pero también lo hace más sórdido e irreal.

Los niños se amontonan delante de las máquinas de comida, pegando la nariz al cristal, aburridos de la espera, ajenos a los ceños fruncidos de los mayores. ¡Dichosos ellos, que tal experiencia la convierten en aventura!

Hay dos tipos de pacientes: los enfermos y los que esperan con los enfermos. También ellos "pacientes", impotentes ante el dolor, mudos repentinos que no hallan palabras de consuelo. Sólo uno de ellos puede pasar con el enfermo, recorrer el pasillo iluminado siguiendo la línea azul del suelo, pasando al otro lado, donde las reglas conocidas se desdibujan ante el dolor y el miedo.

El personal médico se mueve por los pasillos con una venda de esparto en los ojos. Esquivando preguntas y quejas, con la mirada vagando por un horizonte ficticio. Los enfermos les siguen, con ojos ávidos, suplicantes, mendigos de salud. El acompañante, furioso, moviéndose incesantemente en el asiento, balanceando un pie de forma frenética, consultando el móvil de continuo. Uno suspirando, el otro resoplando.

La megafonía restalla con el nombre de un paciente, por unos segundos todos se tensan, el dolor en suspenso. Sólo uno es el elegido, los demás se vuelven en sus asientos, siguiéndole con la mirada vidriada, cargada de envidia.

Por los pasillos hay camas con enfermos, dejados allí como barcos fantasma a la deriva, a la espera de un rescate, esquivados como arrecifes en un mar embravecido.

La necesidad de salir de allí es apremiante. Se tiene la sensación de que si permaneces por más tiempo, la enfermedad te atrapará de algún modo, y quedarás allí encerrado para siempre.

Y cuando ya se ha perdido toda orientación temporal, viene el final. Siempre hay uno. Quizá no el que deseáramos, pero siempre hay un fundido en negro, esperándonos.

7 comentarios:

Spender dijo...

Los hospitales son sitios terroríficos. Me ha encantado no sentirme un raro: yo también siento la necesidad de salir de allí, y la siento tan pronto como entro.
Espero que, si es una historia real, el fundido a negro ocurriera después de un suspiro de alivio.

by Alex dijo...

He pasado por esta situación tan desagradable...lo que nunca sabría, es contarlo como tu lo haces...eres increible Elbi...
..."Los enfermos les siguen, con ojos ávidos, suplicantes, mendigos de salud"....que pasada.
¿Sabes?....tambien sé...que hay enfermos de 1ª y enfermos de 2ª...el "enchufe" funciona todos los dias...se que no está bien, pero cuando el enfermo es de tu familia, haces lo que sea y pides los favores que sean....y tambien sé que algunos médicos "pierden la humanidad", para protejerse y no "morirse" todos los dias un poco....
Elbi cariño, un placer leerte,
Besinos cariñosos

Alfredo dijo...

Yo también lo he pasado en algunas ocasiones, siempre como el segundo tipo de pacientes de los que mencionas. Y sí, los hospitales son lugares donde tienes la sensación que se te va la vida más rápidamente que de costumbre.

Estoy con el comentario de alex en lo que respecta a los médicos: muchas veces necesitan "perder la humanidad" para soportar permanecer dia tras día en el hospital y hacer su trabajo lo mejor que saben o pueden hacer. Los hay quienes lo han hecho con ese fin, pero también los hay quienes ese fin sea una mera justificación para mostrarse inhumanos. Los primeros me dan confianza, son profesionales. Pero espero no toparme nunca con uno de los segundos si algún dia tengo algo grave.

Y la justificación que hiciste en el anterior post por la demora en la respuesta, no es necesaria. Sólo deseo que sea en todo como la etiqueta que le has puesto al post (Pesadilla) y haya posibilidad de despertar de ella. Un abrazo fuerte.

Elbereth dijo...

Buenas noches, Spender ¿o son tardes? No puedo estar más de acuerdo, y para una persona con ciertas hipocondrías como yo, entrar en un hospital es bastante aterrador.

La historia es real...y me temo que el fundido en negro es así...negro. :)

Elbereth dijo...

Holita Alex Has tocado otro tema espinoso para mí: el enchufe. He visto como pasaban delante de mí a gente mucho menos grave pero con "contactos" allí dentro, recibiendo una atención no sólo más rápida, sino más amable, y eficaz.

También sé que es fácil hablar, pero que es muy difícil si nos tocara a nosotros. Pero me gustaría pensar que somos capaces de hacerlo..de veras.

Entiendo la distancia que han de poner los médicos, si no fuera así terminarían todos con depresión como mínimo, pero hay una línea que no hay que cruzar y que creo que se cruza más a menudo de lo que pensamos.

También veo médicos muy cansados, residentes explotados, tratados con suficiencia y despotismo por los que tienen más experiencia, años, etc... "clases sociales"...

Es un tema arduo, y sino te ves implicado no piensas en él. Normal por otro lado.

Me encanta verte por aquí. Un beso muy fuerte, Alex

Elbereth dijo...

Buena noche Alfredo Me alegra saber que hasta ahora solo has sido paciente de los del segundo tipo...y espero que siga así por mucho, mucho tiempo.

Sobre los médicos, es lo que le decía a Alex, hay profesionales como la copa de un pino, y los hay que parecen que han escogido esa profesión como habrían escogido ser dependientes, por decir algo.

Y realmente creo que un médico,una enfermera, un auxiliar, son personas especiales, porque la medicina es muy, muy dura, y con la dejadez que está produciéndose en los políticos respecto al tema de sanidad, tiene que ser muy desalentador para ellos pero nunca una excusa.

Sobre lo de la "pesadilla"..bueno es muy real lo que ocurre y...no tiene un final feliz. Tú sabes. La vida hay que enfrentarla y jugarla con las cartas que nos han tocado. Hasta el final.

Me pongo triste...así que lo dejo. Un fuerte abrazo.

Spender dijo...

En ese caso, muchísimo ánimo. Abrazos y besos.