Una pésima familia

5 may. 2007

Una plaza, un mediodía cualquiera. El viejo, tú y yo, sentados delante de una cerveza.


--Me ha pedido un poco de espacio...


Te miramos en silencio. El viejo hace una mueca despectiva, chupa su pipa. Yo no sé que decirte.


--¿Te ha explicado porqué?


El viejo se echa a reír. Así no se puede hablar. Con él delante, imposible.

--No, no lo ha hecho...

Miras al estrecho horizonte enfrente de ti. Tengo que encontrar palabras que te lleguen. Miro al viejo para hacerle callar. Comprende, y se remueve incómodo en su silla.

--Quizá no es tan mala idea. Puedes aprovechar este tiempo para ti, para pensar en lo que quieres.

Suspiras, me miras y sonríes.


--¿Tú crees?
--¡Pero que va a creer ella! ¡No le hagas ni caso, por Dios! Si quiere espacio que se tome toda la vida. Pero la suya, no la tuya, claro...


--Abuelo, qué animal eres...


--Práctico, niña, que con esas moñadas la única que gana es ella. Tu hermano se quedará colgado en las alturas...


--Os agradezco que habléis como si yo no estuviera delante. Es alentador...


--Lo siento...


--No te preocupes, tengo costumbre con vosotros dos...


El viejo y yo nos miramos. Algo hay que hacer. Pero antes de que me dé cuenta el abuelo me ha cogido la delantera.


--¿Te ha puesto los cuernos, hijo?

Por un momento, tú y yo nos miramos de hito en hito. No podemos creer lo que acabamos de oír. Después nos echamos a reír. Tímidamente al principio, de forma hilarante después. El abuelo nos mira muy serio. Y eso es mucho peor, claro.

--No le veo la gracia. Sois dos tontos, ya lo creo.

Te empiezan a llorar los ojos de tanto reír. De pronto, en seco, paras.

--¿Y bien, qué coño hago?

--Déjala, hijo.

--Queda con ella dentro de... digamos un mes. Un día, una hora, un lugar. Mientras tanto te olvidas, sigues como si nada...

--Esta niña está más loca de lo que pensaba. Hijo, por favor, no la escuches. Hazme caso, que para eso los dos somos hombres. Y sé lo que me digo.

--¿Y qué conseguiría haciendo eso de la cita futura?

--Nada, creo. Pero la idea suena bien... ¿no? A mi me gusta.

Ahora sois vosotros dos quien me miráis, muy serios.

--Será mejor que tome una decisión yo sólo...

El viejo y yo asentimos. Tú niegas con la cabeza, lentamente.

--¿Cómo puedo tener una familia tan pésima?

--Cuestión de mala suerte...creo. ¿Y si os mudáis a una casa más grande?, dije yo.

--La verdad, no creo que eso resolviera nuestros problemas…

--¿Pero no dijiste que quería más espacio?, pregunta el viejo.

Ahora somos los tres los que no podemos parar de reír.

0 comentarios: