Un deseo...

10 feb. 2008

Un deseo: quietud. ¿Nada más? ¡Nada menos!

No es sólo una sensación, una bonita metáfora. Realmente siento que tuviera que cruzar un río de piedra en piedra, cada día. Aguas embravecidas, remolinos insospechados, ocultas sombras bajo las aguas, vientos que tumban y arrastran hacia un fondo insondable.

Pero hay algo más. No sólo está el río. Están todos aquellos que lo cruzan.

Detrás de mí: empujando, maldiciendo, agarrándose a mi camisa cuando tropiezan, intentando pisar la misma piedra que yo para adelantarme.

Delante de mí: retrasando su paso para entorpecer el mío, quitando piedras por las que han pasado para que la próxima vez me vea obligada a dar un salto más grande, más difícil, más mortal.

¿Exagerado? Subjetivo más bien.

En Japón, los monjes envían a sus novicios a la estación de metro para que, en medio del caos, pongan a prueba su serenidad. Creo que deben saber que Madrid es mucho mejor campo de prácticas que Tokio, les voy a escribir.

Lo de saltar de piedra en piedra no funciona, no para mí. Pero en ese caso, ¿qué solución me queda? Echar a volar no creo que sea factible, me faltan las alas, no soy ave ni tampoco ángel. Entonces, ¿qué?

¿Y si me bajo de la piedras y pruebo a cruzar el río a pie? Me voy a mojar lo sé, pero estar seca por fuera me está secando por dentro. Lo más posible es que no alcance la otra orilla, pero me he dado cuenta de que, cuando estás subido en las piedras, en fila india, no se es capaz de atisbar el otro lado. Damos por sentado que está allí, que vamos a llegar, que hay un final, cuando en realidad no vemos nada. Sólo lo creemos.

Quizás solo haya río, y río, y más río por cruzar.

Lo más seguro es que me ahogue. Que una corriente me arrastre hasta el fondo, y nunca llegue a cruzar. Pero... ¿qué hay en la otra orilla para que yo quiera alcanzarla? ... ¿...?

Así pues, de un salto me bajo de la piedra y caigo sobre las aguas frías y revueltas del cauce. No hago pie, así que me pongo a nadar frenética, pero la corriente me arrastra rió abajo, alejándome de la fila de piedras, con un centenar de ojos mirándome asustados, algunos enfurecidos, otros satisfechos.

Entonces sé lo que tengo que hacer: dejarme llevar. Cierro los ojos y dejo que la espuma de los remolinos rodee mi cuerpo vistiéndolo de algas. Pasado el primer impulso de nadar contra corriente, ahora es fácil: sólo tengo que mantener la boca cerrada para que los pulmones no se encharquen...

Al cabo de un tiempo el río pierde bravura, convirtiéndose en una balsa tranquila. Noto que puedo hacer pie, así que me incorporo despacio, tanteando el fondo.

Silencio. A lo lejos el rumor de las aguas, por debajo un pájaro piando, incluso el roce de La Tierra girando.

Camino hacia la orilla, sin prisas. Por el camino el sol seca mi pelo. Piso tierra firme. ¿Y ahora qué?

Ahora, nada. De eso se trata.

7 comentarios:

Enredada dijo...

¿qué hay en la otra orilla para que yo quiera alcanzarla? ... ¿...?
Dejarse llevar, eso al fin hae que se cruce el río y como decís vos, de eso se trata de fluir de mojarse de correr riesgos y por fin llegar.
Un beso enorme y me pareció bello lo que escribiste

by Alex dijo...

Se que no te gustan las "masas borreguiles"...tampoco competir por todo...ni que te "empujen y atropellen"...luego estan los "trepas" del curro.....los "listos" que se quieren saltar la cola....joder...que cansino...
Tal vez tengas razón y sea mas facil dejarse llevar por la corriente.....pero hay que ser muy valiente, para salirse de los "canones establecidos"....y correr esos riesgos de los que hablas....Tu eres una señorita y nunca dirias "tacos"....pero yo soy muy mal hablado y puedo decirlo por los dos....Muchas veces...dan ganas de "mandarlo todo a tomar por el culo"....¿Te parece bien, o es un poco brusco?...jajajaja
Un par de besos, hermanita.

Spender dijo...

¡Qué victoria! Lo conseguiste- Ha revuelto en tus cajones y has sacado todo lo que hacía falta fuera. Se acabó lo de nadar y guardar la ropa (nunca mejor dicho).
Enhorabuena por olvidar esa fila de piedras, ese camino hacia lo que se supone que debemos ser, ese camino que parece que estemos obligados a seguir. Es la hora de los niños y de los locos.
¡Qué victoria!

Elbereth dijo...

Hola de nuevo enredada... me alegra verte de vuelta...

¿Crees que hay algo para tí en la otra orilla? Quizás lo haya para algunos, no quiero dogmatizar...sólo que siento que para mí no hay nada, que ese no es mi lugar.

Quizás sea más cómodo para mí alejarme, dejarse llevar, u olvidar. El cansancio pesa...¡cómo pesa!

Muchas gracias de nuevo.Saludos.

Elbereth dijo...

Alex...holita, hola Bufff...llevo malos días...para que ocultarlo... Has descrito a la perfección como me siento.. Pero yo no creo--sinceramente-- que haya que ser valiente para salirse de los canones...el problema --yo lo veo como tal-- es que no soy capaz de cerrar la boca, o quedarme de brazos cruzados. Así que --incluso a mi pesar--disiento la mayoría de las veces.

Y eso tiene consecuencias, duras la mayoría de ellas.

Y me parece perfecto lo de a "tomar por culo"...yo creo que una señorita también puede decirlo. Quizá quede más remilgado en mi caso, pero puedo decírlo, ¡sí, señor! jajjajajajjajaja

¡Que haría yo sin mi hermano! Un par de besos y un abrazo...hay que derrochar cariño con los que se lo merecen...¡qué corcho! (uyss que finolis) :)

Descansa y buena noche. (mañana tengo guerra de médicos)

Elbereth dijo...

Spender Me has hecho sonreír...te he imaginado con el puño en alto y tú también sonriendo...y bueno, ha sido como un reflejo en el espejo.

Loca estoy un rato por cierto, sino ¿cómo se explica que escriba aquí tan a menudo? :) y niña...bueno, seguramente soy mucho más niña de lo que os imagináis. Soy muy pequeña, pero intento disimularlo, que luego viene cualquiera, se aprovecha y te hace daño. ¡Y eso sí que no!

Yo siempre ando mojada por la vida, lo de guardar la ropa, lo dejo para el armario...:)

Me ha alegrado tu canto victorioso: ¡Victoria, pues!

Un abrazo enorme.

Alfredo dijo...

...con un centenar de ojos mirándome asustados, algunos enfurecidos, otros satisfechos.

Me ha dejado helado esa frase. Principalmente porque es jodidamente cierta.

¿Sabes qué les diría, sabes qué le respondería a la vida/Dios/la gente? ¡Que sigan mirando!: Si a ellos les arrastra la corriente seguro que no sobreviven. Tu te vas a levantar y vas a caminar descalza por la orilla del río, sin dirección, sin perseguir nada en concreto. Tan sólo tendrás por rumbo el rastro de una nueva brisa que pueda erizarte el vello de nuevo.

Un fuerte abrazo, amiga.