Es la hora...

5 mar. 2008

Best Mountain

La sombra de los barrotes repta por la pared de la habitación.

Así que, guarda la sospecha de que además de ser una enferma, es una enferma prisionera. Claro que esa es una idea tan obvia que se le hace ridícula: todos los enfermos lo son, todos son cautivos, alejados de su salud por tiempo indefinido.

Recuesta la cabeza en la almohada y cierra los ojos. Le molesta que las sábanas estén tan meticulosamente planchadas, que las enfermeras tengan un horario tan estricto de comidas, y que los médicos --invariablemente-- no contesten ninguna de sus preguntas. Parece que lo tuvieran todo bajo control cuando es, obviamente, mentira.

La luz entra a regañadientes por la ventana. El motor de un coche acelerando llega hasta sus oídos, e intenta imaginar que tipo de persona irá conduciendo. Pero desiste, lo que ocurre en el exterior forma parte de otro universo.

Es hora de irse.

Cuando vuelve a abrir los ojos está sentada en un pequeño pupitre de madera. A su alrededor, colocados en filas de a uno, hay un buen número de ellos: todos vacíos. Siente un escalofrío y mira sus pies. Están desnudos, de puntillas para no tocar la nieve. Está sola, en medio de un valle custodiado por montañas nevadas.

El fino camisón la obliga a frotarse los brazos con firmeza. Comienza a tiritar, y por más que mira a su alrededor no ve ningún lugar donde refugiarse. ¿Cómo ha llegado hasta allí?

Levanta los pies del suelo y los pone sobre la silla. Se agarra las rodillas e intenta contener la respiración, el aire que inhala va creando estalactitas en su pecho.

Observa, de pronto, que enfrente suya cuelga del vacío una gran pizarra. ¿Estaba allí desde el principio? Se esfuerza por leer desde su asiento las palabras escritas en ella. Imposible, no desde esa distancia, quizá tenga que levantarse y leerlas. Pero la sola idea de andar descalza por esa nieve tan afilada la hace desistir a la primera.

A sus espaldas oye un ruido, alguien está partiendo la nieve con cada pisada de sus pesadas botas. Alguien que se aproxima hacia ella en silencio, sin llamarla.

El hombre que pasa junto a ella, rozándole el hombro, lleva un arpón en la mano; parece un marinero, pero allí no se ve ningún barco. Sin dirigirle una sola mirada, se sienta dos o tres pupitres delante de ella. ¡Se le ve tan grande allí sentado! Sus rodillas dan con la madera y termina por colocarse de lado. Es entonces cuando la mira.

--¿Sabes qué hacemos aquí, mujer?

Ella niega con la cabeza, sin dejar de tiritar. Sus labios están tornándose morados, y el color de su tez más pálida que la nieve blanca.

--Habrá que esperar... ¿Cómo te llamas, mujer?

--¿Esperar a qué?

--¿Cuál es tu nombre?

La mujer niega lentamente con la cabeza, ha olvidado como se llama, quizá venga escrito en la pizarra.

--¿Puede leer lo que hay escrito en la pizarra? Quizá ese sea mi nombre, no lo sé.

--No sé leer. Mi nombre es Nelson, nací a orillas del Turumak. ¿Lo conoces?

--No existe la orilla de ese río, eso sí que lo sé. No me pregunte cómo, pero lo sé, no es real.

--¿Y esto sí lo es? El ademán del hombre abarca todo el paisaje.

--Yo, tengo frío... mucho frío.

--Yo, sin embargo, no --replica el marino--. Y sé mi nombre, y de dónde vengo.

--Creo que he muerto...

--Pues yo estoy vivo...

La mujer exhala un resignado suspiro. Es hora de irse.

Cuando vuelve a abrir los ojos se encuentra tumbada en la cama del hospital. El hombre se acerca a ella y pasa los dedos suavemente por su pelo, con el dorso de la mano le acaricia la cara y la besa.

--¡Estás helada!

--Eso me temo...

12 comentarios:

Spender dijo...

Pues tú dirás lo que quieras, pero esta "distancia" te viene que ni pintada.
Qué bonito es este relato! Me ha hecho sentirme cerca de esa nieve en este día de verdadero invierno, pero es que además has creado un entorno que suene a fantástico pero que realmente nos es cercano a todos.

Otra vez me quito el sombrero...

by Alex dijo...

No será segunda parte, pero que bien as "entrelazado", esta historia con la anterior....
No será real, pero hay un momento de la historia que al leerla me ha entrado un escalofrio....
Entiendo que no quieras "pelear" con las editoriales, pero sigo pensando que es una pena....ellas se lo pierden....nosotros ya te tenemos....
Es un placer leerte, hermanita.
Un millon de besazos

Aldabra dijo...

¿cómo suenan los aplausos?... pla... pla... pla... ¿algo así?...
me encanta esa mujer...

es un relato fantástico... lo he visto todo como en una película, como en los otros relatos...

y ese fial... "eso me temo" es redondo...

enhorabuena, como siempre.

bicos,
Aldabra.

Elbereth dijo...

Buena noche, Spender Pues gracias, muchas gracias. En mi opinión es mucho más flojo que los anteriores pero es imposible estar satisfecha siempre...¿no es así?

Hay días que mi cerebro se seca...¡así es la vida!

Para mí esa nieve era real...y eso era "fántastico".

Un abrazo.Cuidate.

Elbereth dijo...

Hola, hermano mío Alex, no puedes imaginarte que día más malo he tenido... en fin... me dejo de quejas....

¿De veras, de veras, de la buena, que te ha entrado un escalofrío? :) Gracias, eso me hace sentirme bien, si pude arrastrarte hasta allí... a pesar del frío.

Gracias, hermano mío...estoy un poco ploffff...con un poco de suerte mañana estaré...¿cual es el sonido antónimo de "plof"? :)

Un trillón de besos, gracias por estar aquí, muchas gracias.

Elbereth dijo...

Aldabra ¡demonios que vergüenza! Gracias, pero como le he dicho a Spender me sentía poco inspirada, me costó escribirlo, y cambié cosas porque no conseguía expresar lo que yo había sentido. Porque la nieve y los pupitres eran reales, son, reales para mí.

¡Uy que charlas meto! Lo siento.

Gracias...me paso por tu blog.. Un fuerte abrazo.

by Alex dijo...

Haber, hermanita, que te lo tengo que enseñar todo.....grrrr...esto de ser el hermano mayor....jajajaja
El antónimo de ¡Plof!, es...."mañana estaré de puta madre"....me sentiré realmente bien....con un "subidon" de cojones....seré la chica mas guapa del lugar....no pensaré en el dolor....y nada se me pondra cuesta arriba....las musas seran mis amigas y compañeras....
Y si no se portan bien me lo dices que ya me encargo yo de ellas....jajajaja.....ANIMO....
(o!o)--(^!O)--(*!O)--(=!O)

Isaac González Toribio dijo...

Pues para no estar inspirada has conceguido helarnos a todos por unos instantes. La escena de los pupitres, la pizarra y la nieve, fantástica. Y otro detalle, abres y cierras perfectamente los relatos. Y eso es lo más difícil... Bicos

Enredada dijo...

el frío, la ambiguedad del sueño y la realidad.. tu relato es perfecto, todo...
y ¿no estás inspirada??? mmmm
besotes!!!!

Elbereth dijo...

Alex..jejejejje Te he contestado ya en la otra entrada..pero no me resisto a volver a hacerlo.

Gracias, hermano mío. ¡Necesitaba un hermano y ¡¡pufff!! apareciste tú: el más guapo. :)

¿Qué demonios son esos signos?
jajajjajaj

Un beso enorme.

Elbereth dijo...

Gracias, Isaac intento exprimirme la cabeza. Para mí es un reto, es la forma que tengo de luchar contra mis fantasmas, y a la vez conservar parte de mi alma, sin que el tiempo la arrastre y la descomponga.

Gracias, Un abrazo.

Elbereth dijo...

Hola Enredadita ¡pos no! no tenía ni la más mínima inspiración. Me costó, tuvo que retocar, estrujarme la frente...que no el cerebro. ¡No lo dije por decir, eh! :))

Un beso grande. :)