Una oportunidad...

18 may. 2008

James Jean

A veces la Vida se cruza abruptamente con nuestra pequeña vida diaria. Es entonces cuando tenemos la oportunidad de cambiar las cosas, o de seguir dejándolas como estaban. Eso es lo que ocurrió aquella tarde, o eso es lo que quiero creer.

Era viernes, por fin. Todos salían del trabajo como si fueran presos fugados. Me vi expuesto a empujones, pisotones, y quejas por mi ritmo lento. No me importó.

Un hombre ciego intentaba buscar la salida, mientras, tres o cuatro personas le esquivaban y le adelantaban corriendo. Todos los días igual. Corredores sin podium, en una febril carrera para alcanzar un tren, un metro, un autobús. Un hombre casi se cae por las escaleras, tropezó con sus propios pies, como un bailarín demasiado viejo para llevar el paso. Una madre casi arrastraba a su hija de la mano, obligándola a ir más deprisa de lo que sus menudas piernas podían. Los ojos de la pequeña tenían las pupilas dilatadas, metía los pies para adentro al andar, y su pequeña mochila estaba a punto de descolgarse de sus hombros.

Ninguno era consciente de que nuestra vida se quedaba atrás mientras corríamos.

El tren estaba en el andén, aguardando: una bestia con la boca abierta, engullendo personas. No me apresuré, podía esperar al próximo. Sonó el pitido de aviso, las puertas iban a cerrarse. Pero no lo hicieron. Y me encontré delante de ellas, dudando sobre si subir o no.

Aquel instante marcó la diferencia. Un segundo después, adelanté mi pie derecho y entré en el vagón junto con el resto. Inmediatamente después, las puertas se cerraron. Entré por mi propia voluntad.

El vagón estaba hasta arriba. El maletín pesaba, había sido un error traerlo conmigo, pero ahora no tenía sentido lamentarse.

Un hombre mayor iba de pie, sujeto a una de las barras, ya nadie cedía el asiento. La mujer y la niña que me habían adelantado un momento antes, estaban en un rincón, rodeadas de gente. La pequeña se agarraba a las piernas de su madre. Cerré los ojos e intente controlar mi respiración. El olor a sudor, a colonia barata, el aliento de un hombre sobre mi nuca, la tos de la mujer con los labios pintados de rojo, la conversación interminable de dos adolescentes sobre ropa, la música saliendo de los auriculares de un oficinista de traje aparente y zapatos baratos. Todo hacía de aquel vagón una trampa sin salida.

De pronto, el tren frenó en seco. Las luces parpadearon, volvieron a lucir, para un segundo después apagarse definitivamente. Las voces se silenciaron de golpe, como si alguien hubiera puesto una mano sobre todas las bocas. Después, alguien gritó, y a ese grito le sucedieron todo tipo de exclamaciones y preguntas retóricas. El pánico se adueño de esos pocos metros cuadrados, sacudiendo de punta a punta el vagón.

Las luces de emergencia se encendieron, una luz mortecina iluminó los rostros asustados, deformados por la misma mueca de horror e incomprensión.

Un grupo de jóvenes tiró de la alarma, otros intentaron romper los cristales y abrir las ventanas. Yo permanecí quieto, mirando todo lo que ocurría a mi alrededor, como si se tratara de una escena de teatro, irreal, onírica, una pesadilla en color sepia.

Y entonces ocurrió. El hombre mayor se desplomó a mis pies. No sé como, pero todos consiguieron apartarse en un instante y el hombre cayó al suelo. Nos quedamos mirándole: muy quietos, sin movernos, temiendo tocarle. Una mujer se arrodilló a su lado e intento tomarle el pulso. Estaba a la altura de mis rodillas, y entonces lo vio: mi maletín.

—¿Usted es médico? ¡Su maletín, ahí pone que lo es!

Miré el maletín horrorizado. Negué con la cabeza lentamente, incapaz de articular palabra.

—¡Pero que le pasa? ¡Tiene que ayudarle! ¿No va a hacer nada?

Me arrodillé junto al hombre, cogí su muñeca entre mis dedos y le tomé el pulso.

—Vive.

—¿No puede hacer algo? ¡Usted es médico!

Todos me miraron con reproche, sentí una ansiedad aplastante oprimiéndome el pecho. Tuve ganas de llorar, pero lo que hice fue abrir el maletín y sacar el estetoscopio. Escuché el débil corazón del hombre latir. ¿Y ahora qué? El hombre abrió los ojos muy despacio. Estaba pálido y un sudor frío le recorría la frente.

—¿Cómo se encuentra?

El hombre me miró, apenas pudo balbucear una respuesta.

Sentí sobre mi nuca un cosquilleo, las miradas de todos esperando mi diagnóstico.

—Es sólo un mareo, una bajada de tensión. No tiene de que preocuparse.

Eché un vistazo al maletín y saqué una pastilla pequeña.

—Póngala debajo de la lengua. En pocos minutos se encontrará bien, se lo aseguro.

El olor agrio del miedo envolvía al vagón, ajadas vendas que cubrían el rostro de una momia. Miré a los que me rodeaban y supe lo que tenía que hacer. Me levanté, cogí aire y lo exhalé con lentitud. Con gesto sobrio, elevé la voz para que pudieran oírme.

—Por favor, escúchenme, soy médico. Necesito que dejen sentarse a los mayores, las mujeres embarazadas y a los niños. Los demás intenten colocarse de forma ordenada, sin estorbarse unos a otros. Necesito líquido para este hombre, cualquier bebida me servirá. Dos o tres de nosotros, se encargarán de ir abriendo las ventanas de emergencia. Intenten contactar con el exterior a través de sus móviles, si conseguimos noticias, estaremos más tranquilos.

Y me hicieron caso, me escucharon y obedecieron. Si hubiera dicho que era electricista o vendedor de seguros todos hubieran puesto en tela de juicio mis palabras. Pero era médico, un hombre que salva vidas. Necesitaban que alguien les salvara.

Una chica me acercó una botella de agua que dimos de beber al hombre. Le incorporé con cuidado, y la tomó a pequeños sorbos. El hombre me sonrió, agradecido.

—He tenido mucha suerte. ¡Un médico en mi vagón!

Le quitamos la chaqueta y le desabrochamos la camisa. El resto del vagón se había colocado tal y como les dije. Alguien consiguió contactar con el exterior y nos dijo que los bomberos estaban de camino, no había de que preocuparse. La gente sacó comida y botellas de agua que llevaban. Sentaron a los más débiles, y entre los demás se hacían turnos para permanecer de pie. Se escuchó a alguien hacer una broma y todos rieron. Nerviosos pero rieron.

Pasó una hora y cuarto hasta que nos sacaron de allí. Había sanitarios esperando en los andenes. Al primero que atendieron fue al hombre mayor. Me escabullí en silencio, aprovechando la confusión. Oí a mis espaldas cómo me llamaban, pero apresuré el paso y me marché a toda prisa de allí.

Llegué a casa y antes de meter la llave en la cerradura, mi mujer abrió la puerta.

—¡Estaba tan asustada! ¿Dónde has estado? ¿Qué te ha pasado?

Pasé por su lado y me quedé mirando la pantalla del televisor. Emitían en directo desde la estación de metro. Estaban entrevistando al hombre mayor. Decía que un médico le había salvado la vida. Todos hablaban de mí.

—¿Me haces un favor, querida? Guarda el maletín de mi padre.

—¿Te lo has traído contigo al final?

—Le traía demasiados recuerdos a mi madre. Esta tarde me pasé a recogerlo, por eso me he entretenido. Mi madre se puso a hablar de él, ya sabes.

Mi mujer se llevó el maletín y yo me dejé caer en el sofá delante del televisor. Mi padre había muerto hacía dos semanas. Siempre quiso que fuera médico, como él. Por una hora y cuarto lo fui.

Ha pasado un año desde aquel incidente. Ahora, la vida me espera cada vez que corro para llegar a la universidad de medicina desde el trabajo.

43 comentarios:

Maribel dijo...

Este emotivo relato, Elbereth, plantea interesantes reflexiones. Reflexiones que cada cual, pienso, debe efectuar a solas, en un intento de conocerse o tal vez reconocerse a si mismo.

Indudablemente, y posiblemente a diario casi, la vida nos sitúa en encrucijadas, de mayor o menor importancia vital, ante las cuales tenemos que tomar decisiones que sí pueden llegar a definir nuestro futuro. Pero para poder acertar en la elección, es preciso conocer con qué bagaje contamos.

Otras veces, en cambio, la vida nos impone, bajo la engañosa apariencia de varias alternativas, el camino a tomar. Y digo “engañosa apariencia” porque aunque siempre disponemos del libre albedrío, hay vías inaceptables e indignas que, si bien transitan por y hacia el bienestar personal y la libertad , son moralmente miserables.

Alguien podría hablar de cobardía y valor, pero no creo que el debate sea tan simple. También existen el deber y la ética.

No creo en las casualidades, sí en la libertad. Y como creo en ella, tanto respeto me merece el valiente que se atreve a cambiar su vida, como el denostado y aparentemente cobarde que quizás sea aún más valiente al sacrificar su bien personal en pro de intereses ajenos.

La historia es preciosa, aunque siempre me marcho de tu casa tragando nudos, jajaja

Besos mil :)

Elbereth dijo...

Hola Maribel... Como siempre, cada una de estas pequeñas historias, nos tocará en un lugar del corazón diferente, a cada uno de nosotros. Nos hará reflexionar y llegar a conclusiones diversas.

¡Y qué difícil es saber con que bagaje contamos! La mayoría de las veces, siento que aunque tome decisiones, finalmente el resultado parece ser independiente de mí. Ya sé que suena muy fatalista, lo sé. Pero es una sensación inevitable.

Las decisiones que tomemos no deberían entrañar daño alguno para terceros. Pero eso resulta complicado. Quiero decir que hay decisiones fáciles: lo que está bien o mal, queda claramente definidos.

Sin embargo, en otras ocasiones, la línea es confusa y casi invisible. Aquí es donde los errores pueden ser devastadores.

Me gustan los cobardes, seguramente porque yo lo sea. :))) Creo que los valientes están demasiado bien vistos...:))))

Y el sacrificio es un valor tan a la baja que ha perdido sentido, en este mundo.

No sé Maribel, sólo sé que además de no saber nada, lo que creía saber es una madeja mal liada.

Un fuerte abrazo, muchos besos, y GRACIAS.

guillermo elt dijo...

Elbi... te he contestado a cada uno de tus comentarios en mi blog.

De tu pequeña historia... No sé, pero cuando le dicen a tu persojane que es médico... digo yo para mí mismo (jeje) éste tio no es médico... Ya te digo. Que me lo he imaginado.

De su reacción en el metro, bueno, puede entrar dentro de una reacción normal de una persona que se ha criado en el seno de una familia donde el padre es médico y buena persona... consiguientemente buen médico... Que ese día estaba algo "ralajado" o "pasota"... o con angustia vital o... bueno, eso es lo de menos, lo importante es que sin querer, reacciono y "salvó" una situación...(sin entrar en valoraciones) Bueno es que se diera el "piro", porque sin ser médico, dar una pastilla... segurito que le meten un pleito que lo levantan en peso... jejejeje... sí, somos así de ingratos... por otro lado, bueno, tb. es cierto que podía haberse equivocado de pastilla.

Lo bonito de la historia para mí, es que, consciente o no de la situación, la salvó, y no le dió más importancia personal, ni siquiera al llegar a casa. Me gusta ese personaje y la historia, que al principio la veía cambiante entre cámara rápida y cámara ligera, según describías los planos.

Besicos, Elbi.

Diana dijo...

¿No es un poco raro que la gente en esa situación se ponga a comer? ;)
Me ha gustado mucho el relato. Yo creo que cuando tomas una decisión sí influye en el resto de tu vida, a veces parece que no controlemos el destino pero no es así. ¿Cuántos años tienes? A medida que uno se va haciendo mayor y puede mirar hacia atrás en su vida, se da cuenta de lo mucho que influyeron sus decisiones anteriores en ella y lo que determinaron su presente. Un abrazo.

Enredada dijo...

Elbi, es bello este relato...
y plantea dudas casi existenciales, lo que nos pone la vida frente a nosotros, ¿qué debemos hacer? huir como una rata o quedarnos y con una gran fuerza soportar lo que viene...
Casualidades?mmmm Creo que el personaje de este relato estaba en una terrible situación, el SER y no saber que se ES, y esto le dió fuerzas para dedicarse a SER.
Esa descripción minuciosa del tren, de como el hombre sintió pánico, miedo, desesperación... y luego, con seguridad pudo salir de ese estado y ayudar a los demás...
Algo que pasa en la vida, no???
Hacernos fuertes por los demás... por un amigo, por nuestros hijos, por desconocidos que nos necesitan...lo bueno sería hacernos cargo de nuestras propias vidas, y fuertes para nosotros mismos, ya que si lo somos, seremos fuertes para los demás.
Elbi, siempre te dije... sos una gran escritora... tendrías que publicar estos relatos.
En cuanto a un comentario... creo que la gente come, toma y hace mil cosas más cuando está nerviosa... es real... realismo puro.
TE QUIEROOOOOO, lo sabés... y muchooo.
Estoy necesitando a mi ángel.

Elbereth dijo...

Hola Guillermo!!!! Gracias por contestar a todos los comentarios, me gusta ponerme al día con todas las entradas que escribís, a pesar de que tarde en leerlas. :))

Y sobre la entrada de hoy... ¡adivinaste que no era médico! :)

Y bueno, ya sabes... era una metáfora como siempre el texto. Seguramente lo único que le dio fue una aspirina, recuerda que el maletín era de su padre, y sabía lo que llevaba...:)))

Aunque creo que como tu ya sabes, lo de menos, era eso. En realidad, la situación es sólo una excusa, para hablar de lo que haríamos si tuviéramos que enfrentarnos a nosotros mismos.

En realidad, el actúa casi por "obligación", una situación extrema le hace tomar una decisión. Decisión que en ese momento, marcará el resto de sus siguientes años o vida. Quizá es eso de lo que quería hablar. Del poder del momento, del instante fugaz, sobre nosotros.

De las oportunidades que nos brinda la vida para "salvarnos" a nosotros mismos.

¡ufff charla al canto! jajajajjajaja.

Pero me gusta, reconozco que me encanta leer vuestros comentarios. Cada uno de nosotros, obtiene una lectura diferente. Como la vida misma. :)))

Me he imaginado eso que me decías de cámara ligera y cámara lenta... Me gusta.

Muchos besos, Guillermo. Y cruzaremos los dedos para el comienzo de la semana.

Elbereth dijo...

Buena tarde,Diana Creo que si a ti te parece que es raro que la gente "coma" en esa situación, es que es raro. ¿No? Lo que siempre termina contando en esta vida, es lo que a nosotros nos parece. Sin duda. :)

Y sí,las decisiones tomadas en un pequeño momento, fugaz, se pueden convertir en la piedra angular del resto de tu vida.

Muchas gracias, y un saludo.

Elbereth dijo...

Mi pequeña Rox ¿Como estás? Te leo y me preocupo, y luego me digo que eres fuerte. Alguien con un corazón como el tuyo, a la fuerza, ha de ser muy fuerte.

Me ha gustado esa frase que has escrito :el SER y no saber que se ES, y esto le dió fuerzas para dedicarse a SER. Quizás, lo peor que nos pueda pasar es no saber quién somos, o que podemos llegar a ser. Desconfiar de nosotros mismos, de nuestra fuerza.

Parte de la historia se podría decir que es "real". En el sentido que he vivido situaciones de pánico, en las que una sola persona se impone por encima del miedo de las demás, y consigue hacerlas recapacitar, unir esfuerzos y seguir adelante en una situación difícil o extrema. Y a partir de ahí, son todos juntos los que lo consiguen.

¡Cuánta razón en que solemos hacernos fuertes por los demás! ¡Y cuánta más razón en que tendríamos que ser fuertes por y para nosotros mismos, también! Pero a algunos de nosotros, nos cuesta querernos. ¿No es cierto, mi pequeñaja? Otros en cambio se estima sobremanera. :)

El equilibrio es una utopía, una de tantas, una búsqueda.

Y aquí estoy, para lo que quieras. Ya lo sabes. Por cierto, yo me apunto a todas las cosas que me envías pero luego no tengo ni las más remota idea de que tengo que hacer después. Ja,ja,ja,jajajajjaja. Ya me explicarás, pequeña.

Yo también te quiero, mucho. :)))

¡Ay mañana lunes! UFFFFFFFFFFFF.

guillermo elt dijo...

No cruces mucho los dedos... no vaya a ser que se te hagan un nudo... jejejeje... levanta la cabeza con mirada desafiante... Quien tiene poder para joderte el día??? Bueno, vale... alguien más?...ya, y después... jejeje... vale, me entiendes, no??? Pues eso, que nadie ni nada nos fastidia el día si nosonotros no queremos.

Besicos... ya verás que la semana no te irá tan mal... confía en tí... más besicos.

Aldabra dijo...

Buenas noches, querida amiga. Antes de nada decirte que antes se me olvidé darte las gracias por poner el enlace del vídeo de Saramago, tengo que aprender para poder hacerlo yo.

Hablemos del relato. Está impecablemente escrito pero eso no es ninguna novedad. Mantiene la tensión hasta el último momento y aunque se intuyen cosas hasta el final no se desvela la verdad.

Siendo un poco crítica, yo sólo le pondría una pega. Yo terminaría el relato en: "Por una hora y cuarto lo fui"... pero es algo personal, es que me gustan los finales en los que cada uno piense lo que quiera sin que el autor me proponga ya un camino... pero bueno, es por ponerle alguna pega... y es algo totalmelnte subjetivo, ya te digo.

Me encantan como reflejas a los personajes sin decir apenas cosas sobre ellos.

Vamos, que he disfrutado leyéndolo.

MUCHOS BESIÑOS Y UN ABRAZO... QUE DESCANSES
Aldabra,

by Alex dijo...

Deprisa.....siempre deprisa.
Todo rapido....todo "para ayer".
Sin respeto y pisando al que se ponga por delante, para alcanzar....¿que?....
(Jajajaja, parece que estoy hablando de mi empresa)

Cuando veo por televisión, esas imagenes que nos relatas...de algun metro repleto de gente en alguna gran ciudad....me doy cuenta de lo privilegiado que soy, por poder vivir de otra manera....a un ritmo mas lento, sin ese agobio de grandes aglomeraciones y tremendos atascos.

Tienes razón, Elbi....siempre se considera al médico como una persona respetable, aunque eso, tambien se está perdiendo en las grandes ciudades....
Supongo que una situación como la vivida por el protagonista, te hace pensar en muchas cosas....y posiblemente, pensaría en todas las veces que su padre le animó para que estudiara medicina....pensaría, en cuantas personas estarian agradecidas a su padre, lo mismo que lo estaba el viejo del tren con él....
Saber que puedes ser util y que los demás lo reconozcan y agradezcan, tiene que ser muy gratificante.....¿No te parece, hermanita?...
Besos mil, cariñosos y de buenas noches

Alfredo dijo...

Me ha dejado mudo. Ignoro si es a causa del mono que tengo de tus relatos o si realmente sucede así, pero cada vez me engancha más leerte. Realmente eres una narradora, tienes claro lo que quieres contar y lo desarrollas en el espacio exacto, sin extenderte ni tampoco quedarte corta. Además tienes un estilo austero y directo que a mí me gusta especialmente.

Me apropio de lo que comenta Maribel, es cierto que este relato plantea cosas interesantes. Algo muy importante es el hecho de que vivimos siempre con la expectativa de que suceda algo que nos aporte algo o nos permita un cambio. Algunas veces es una cuestión externa que no depende de nosotros, pero tendemos a pensar que siempre es así, quizás por comodidad, por miedo a enfrentarnos a algo desconocido o por otras razones. Y, sin embargo, otras veces ese cambio está sólo en nosotros mismos. Sólo necesitamos un percutor para que se inicie un cambio en la actitud (que no es poco, ya que tiene que aparecer en un momento que nos permita reflexionar y, a la vez, tener la suficiente determinación como para movernos en ese sentido). Yo a veces lo veo como una fuerza que te arrastra a ello, irremediablemente, llevándote a asumir todo lo que venga. Aunque no siempre es así, claro.

En fin, mi comentario convertido en la pescadilla que se muerde la cola . Un fuerte abrazo, Elbereth.

Aldabra dijo...

tienes una nueva canción en mi blog.

bicos,
Aldabra

Enredada dijo...

hay algo en mi blog para vos...
te extrañoooooooooo!!!!

Elbereth dijo...

Hola de nuevo Guillermo!! ya estoy aqui!!! Esta vez, sólo para charlar un rato con vosotros y leeros. ¡Y eso ya es mucho! Crucé los dedos, los sigo teniendo cruzados, así que no imaginas que dolor...jajajjaja

Gracias, amigo, ahí estoy luchando contra los "pinches tiranos" como diría Castaneda. :))

Un beso muy fuerte, mucho. Y gracias.

Elbereth dijo...

Holita Aldabra...buena noche Lo primero de todo: gracias por la canción!!! Ahora me paso por tu blog y disfruto de las fotos...:)))

Y creo que ya has aprendido como hacer los enlaces...estaba segura de que lo harías por ti misma.

¿Sabes que estuve a punto de terminar justo ahí, donde dices, la historia? Pero creo que el final, ese final, lo escribí para mí. Lo necesitaba. Seguramente, literariamente, líricamente habría sido mejor como tú dices. Pero mi corazón me pidió que abriera la ventana al futuro. :)))

Muchas gracias...otro abrazo fuerte, y un beso...nos vemos en tu blog!!!

Elbereth dijo...

Alex...¿cómo van las clases de baile? ¡Seguro que podrías impartir más de una! :))

Y sí, tienes razón...siempre corriendo, sin darnos cuenta de que no se va a ninguna parte con prisas. Ya lo decían las abuelas: "vístame despacio, que tengo prisa!. :))

¡Y sí, eres un privilegiado! Tú y todos los que no tenéis que montar en el metro o en el tren. Y mucho. Además eso de que el roce hace el cariño, en el caso del transporte público es totalmente falso. jajajajajjaja

¿Sabes que en mi consulta,-- en todas las consultas de la zona-- están poniendo carteles avisando que agredir a un médico es delito? Sí, las cosas cambian..ya lo creo que cambian.

Y sobre lo de ser útil...ayyy, yo tengo ese defecto. Cuando siento que puedo hacerle algún bien a alguien, me siento bien conmigo misma. Ayudar, ser útil, provocar una sonrisa, sostener una esperanza, ofrecer un pequeño consuelo... Eso le da muchas veces sentido, al sinsentido de esta Vida.

Ahhhh, ¡como me enrollo! ¿Va todo bien? Del trabajo ni hablo, mis historias al lado de ellos son totalmente realistas...:)))) Vivo en un mundo "laboralirreal". Como todos, o casi todos.

Muchos besos, cientos o miles. O mejor: un gran beso, para mi hermano. ¡Vamos a por el miércoles!

Elbereth dijo...

¡¡¡Alfredo, mi buen amigo!!! Sabía que tú especialmente entenderías mis palabras, te llegarían y comprenderías. :)))

Lo primero de todo: gracias, muchas gracias por tus palabras. Entre tu y yo, creo que es ese "mono" el que te hace ver con tanto cariño mis historias. Pero aún así, gracias, me gusta mucho que te gusten.

Totalmente de acuerdo: voy a hablar por mí misma, dejándome de generalidades. Siempre espero que venga algo exterior, ajeno a mí, que me salve de mí misma. Fatal error. Es cierto que a veces una pequeña ayuda, es bien recibida... Pero los grandes, los cambios importantes, tienen que sucederse de dentro a afuera.

¡Y qué difícil es eso! Se podría escribir otra historia con esa idea que planteas...ya lo creo.

Yo creo que tú eres uno de esos pocos afortunados, que cogen sus miedos y se los echan a la espalda, que no dejan que les acorralen, que vive sus sueños, sea como sea.

Por eso te respeto tanto. Además de tener todo mi cariño, pero eso ya lo sabes. :))

Cada visita tuya es una alegría. Espero que estés bien. Un beso muy grande y un largo abrazo, amigo mío.

Elbereth dijo...

Enredadita mía Dentro de breves momentos nos vemos en tu blog.... estoy aquí...más liada que nada...pero estoy aquí, incluso cuando no estoy, estoy contigo.

un beso grande, muy grande y de color lila...¿se pueden dar besos de colores? ¿que te parece? ¡sé que suena tremendamente cursi! Lo sé, lo sé...pero...quizá te guste...Besos de color lila..para Rox... porque los besos con sabores son más obvios...también podríamos buscar besos con sonidos... ¿sería una buena entrada esa? :))))

Gracias, pequeñita, te veo en tu blog.

BELMAR dijo...

escribes muy bien, felicitaciones!

ButTerfly^kisS dijo...

LLegué a tu blog por guillermo, al que nunca me cansaré de dar las gracias, por haberme acercado a lugares tan estupéndos como este rincón.
He leído varias historias y todas me han encantado, son relatos que enganchan desde la primera frase.
Entraré a menudo para disfrutar con tan buena lectura.
Te incluyo en mi blog, que lo bueno hay que compartirlo con los amigos, bueno... con todo el mundo, no seamos avaros.
Besines alados.

natasha dijo...

Bueno, nunca comento, pero dicen, por ahi, y tu también que si nadie comentara no habria blog. Asi que comento.

Muy bien, Es un placer pasar por aquí.El relato corto me parece lo más dificil de hacer y es lo que más me gusta. Hay pocos que dominen esta faceta.Entre los grandes me refiero, y entre los demás también.Tu lo dominas.

Y ya está, ya he comentado.A escribir chica. Tu vales mucho

guillermo elt dijo...

Hola, Elbi!... ya ves, ningún teléfono cerca y...Nada, un poquito de mono de tus historias... Pues eso, hasta que vengas de nuevo.

Besicos

Aldabra dijo...

Mi querida Elbereth, ¿dónde estás metida?... te esperaba este fin de semana... te perdono que por semana nos abandones, a veces a mí el tiempo se me echa encima pero durante el finde...

ainsssss!!...

que se te echa de menos, mujer...

bueno, desearte que todo vaya bien.
un besito muy muy fuerte,
Aldabra

Spender dijo...

Espero que solo estés tomando un poco de aire para volver con cosas como esta.

Besos

lamaladelapelicula dijo...

Te he echado de menos, así que vuelve pronto, por favor.

by Alex dijo...

??????.....¿¿¿¿¿¿.....??????

Pichurri....¿¿¿¿onde andas????...

Menudas vacaciones te estas dando y toda la familia virtual reclamando tu presencia....hasta "La Mala"...que no pasaba por aquí desde.....¿Navidad?....jajajaja...
Espero que no se enfade con mi "sentido del humor"....aunque total, hace tiempo que "no me dirije la palabra"...no creo que me vaya a reñir por esta broma...

Yo me voy el jueves para Barcelona y regreso el sabado......otro Congreso....
Ainsssss...Cuanto sufrimos los padres...cada vez me gusta menos viajar....(de trabajo,claro)..jajaja

Mil besos....o más.

Mona Rmz dijo...

Y digamos que por esas razones inexplicables di con tu blog, lei tu historia y reí y estuve a punto de llorar. WOW excelente, me alegra dar con blogs interesantes como este. Te has ganado otro lector. Espero tu siguiente post pronto.
Saludos desde otro continente.

Aldabra dijo...

te espera en mi blog, tu canción de la semana

bicos,
Aldabra

guillermo elt dijo...

Elbi?!... Elbii??!!... Elbiii???!!!... Elbiiiiiiiiii??????????!!!!!

Cachisss!!!

Pues nada, te dejo colgado un besico en la mirilla de la puerta. Mira y lo verás.

ESCRIBIENTE dijo...

¿Será verdad que a veces los muertos vienen desde el más allá para dejarnos mensajes en forma de incidentes que provocan? ¿O sólo existen las casualidades? Un relato precioso, Elbereth. Un abrazo muy fuerte.

guillermo elt dijo...

Oooyesssss!!!... que mestás cambiando la casaaaa???... Aaaah!!!... maderita cálida!!!

Sabes... Tu ausencia tb. puede resultar un muy bonito post.

... pero siempre con la esperanza de volver a leerte... claro, faltaría más!!!

Besicos

Elbereth dijo...

Belmar Muchas gracias, y un saludo.

Elbereth dijo...

Bienvenida, ButTerfly^kisS Guillermo es de la familia...y sólo trae cosas buenas, de eso estoy segura. Gracias por visitarme, el enlace y sobre todo, por tus palabras tan amables.

Te debo una visita en tu blog.

Un abrazo.

Elbereth dijo...

Buena tarde, Natasha Es verdad, realmente pienso que si no fuera por el aliento, la calidez y generosidad de las personas que comentan, yo, al menos, no seguiría escribiendo. No al menos en un blog.

De forma que gracias, por haberte decidido a hacerlo.

Compartimos una opinión: el relato corto es lo más difícil de hacer. Pero he de reconocer, que a mí me gustan las historias largas, muy largas. Sin embargo, ni soy capaz, ni creo que este sea el medio adecuado para una de ellas.

Eres muy generosa conmigo. Hay días que estoy más acertada que otras. Y hay temporadas que no soy capaz de escribir palabra alguna. Ahora, es un ejemplo. Aún así, me hacen sentir muy bien tus palabras.

Creo que estoy en fase caracol, pero espero que se pase y siga escribiendo.

Saludos.

Elbereth dijo...

Guillermo, mío ¡Hola! y disculpas. Gracias, por estar ahí, sois realmente un regalo Ya habrás imaginado que ando metida en mi concha. Demasiada realidad aplastando mi imaginación, demasiadas iras, violencias, desatinos y mezquindades en una sala rodeada de espejos rotos.

¡Cuánta vana palabrería la mía! :)))

Sólo quería darte las "MUCHAS GRACIAS". Estoy aquí, hoy al menos. Esperemos que dure un poco más.

Un sólo y fuerte abrazo y beso.Duradero.

Elbereth dijo...

¡Ay, Aldabra mía! ¿Dónde me meto? En realidad hubiera deseado meterme debajo de las sábanas o de la cama, o en una cueva profunda de alguna montaña.

Pero no, he tenido que salir todos los días a esa mal llamada "realidad" y darme de bruces con ella. He intentado esquivarla, pero soy bastante mala.

¡La vida es como las columnas de los aparcamientos, siempre chocas contra ellas! :)))

Gracias Tengo mucha suerte de que os acordéis de mí. Están siendo días difíciles y llego a casa, siendo incapaz de encender el ordenador. Pero eso no significa que os olvide. Para nada.

Tengo que ir a escuchar la canción de la semana que me has regalado y a leeros. De forma que ....nos vemos en tu dulce y acogedora casa.

Nuevamente: Gracias, muchas, muchas gracias y un enorme beso, un achuchón muy grande.

Elbereth dijo...

Hola, Spender, ¿cómo va todo? La realidad es que estuve a punto de escribir una entrada diciéndoos que me iba ausentar por un tiempo. A punto estuve. Me sentía mal sin pasar por aquí. Pero es que ni tan siquiera encendía el ordenador.

Luego, bueno...uno nunca sabe y hoy he encontrado la fuerza para venir, sentarme a hablar con vosotros, escucharos y que me escuchéis.

Así de simple.

Un fuerte abrazo.

Elbereth dijo...

Dulce y deliciosa Mala ¡Gracias! Me alegro de verte, mucho. Hay ocasiones en las que una sólo desea echar a correr...aunque sepa que eso no la va a llevar a ningún sitio. :)))

Un fuerte y enorme abrazo.

Elbereth dijo...

Mi pichurrín Alex Ando como puedo, no muy allá, creo..:)))))

Así que estás en Barcelona ahora mismo...pero por trabajo...ufffff

"Trabajo" es una palabra maldita... mejor me voy a tapar las orejas con tu permiso y a ignorar el mundo laboral. :) Tu ya sabes.

Espero verte pronto...me iré dentro de un rato a tu playa, a pasear contigo y a olvidarme de todo y de todos.

¿Cuántos besos crees que eres capaz de aguantar?¡Pues todos son tuyos! :)))))

Regresa con fuerzas!!!

Elbereth dijo...

Mona Rmz Pues sólo decirte que gracias, y que me pasaré por tu blog, debo una visita. Y que sin duda alguna, será un placer si nos volvemos a encontrar.

Un saludo.

Elbereth dijo...

Escribiente No lo sé. Los muertos creo que no tienen muchas ganas de ponerse de nuevo en contacto con los vivos, a pesar de nuestra insistencia porque eso suceda. :))

Quizá sea nuestra conciencia, ese yo dormido o anestesiado, que de pronto despierta. ¡Quién sabe!

Un fuerte abrazo y muchas gracias.

Elbereth dijo...

GRACIAS A TODOS Y CADA UNO DE VOSOTROS POR ESTAR AHÍ, AQUÍ MISMO, A MI LADO