Padre

27 oct. 2008



Mi padre murió el 8 de octubre a las nueve de la mañana...Gracias por todo, padre.

Cuando las fuerzas de ocupación entraron en la ciudad, yo ya había muerto. Desecha mi alma en migajas sucias, mojada por la lluvia, ni los pájaros la querían comer. Asemejaba a un borracho ciego, al que su perro lazarillo se le hubiera muerto a los pies.

Hay veces, muchas más veces de las que confesamos a los demás, que desearíamos estar muertos. Y sin embargo, por alguna absurda razón, seguimos en pie, sufriendo.

Hay gente para todo, incluso para salir a recibir a un ejército que acababa de destruir una ciudad a golpe de misil. Algunos, aquel día, se encerraron en lo que quedaba de sus casas, apostillaron las ventanas, y se reunieron en silencio en torno a la mesa del salón. Mientras, las botas de los soldados, pisoteaban con furia mucho más que el asfalto.

Deseaba estar lejos de ese carnaval militar. Formaba parte de los vencidos, como siempre a lo largo de mi vida. ¿Donde refugiarse en una ciudad que ha sido azotada por la guerra? Caminé hasta el cementerio, las verjas estaban destruidas. Nunca fue más fácil entrar en el reino de los muertos aquí en la Tierra. Los pájaros, posados en las ramas de los cipreses, agitaban las ramas convertidos en un viento con plumas. Y mientras, el verdadero viento, exhalaba un trémulo suspiro entre lápida y lápida profanada.

Me senté sobre la piedra fría, con el dedo índice repasé las letras esculpidas del nombre de mi padre. El enemigo a las puertas de la ciudad, y él decidió que era un buen momento para morir. ¿Quién se lo discutiría? Su muerte me despojó de todo el miedo acumulado durante el asedio. Me arrancó de cuajo angustias y cobardías. Me dejó desnudo, con mi tristeza de huérfano vencido.

Padre era un hombre triste, encolerizado con la vida, decepcionado, como si alguien le hubiera engañado para nacer. Por eso su muerte me produjo tanta pena. Lágrimas que arrastraban un lodazal de compasión que prometía enterrarme con él.

Con el paso de los años dejé de oírle reír. Las enfermedades esculpieron su rostro, convirtiéndolo en piedra. Parkinson, demencia, corazón, cataratas, depresión... Cuando murió me esforcé por traer a mi cabeza su risa, en un intento por conservar lo mejor de él, lo mejor de mí.

Me enseñó a leer el reloj, a jugar al fútbol, a nadar, a bailar, a montar en bicicleta aunque él no sabía. Me llevaba los fines de semana fuera de la ciudad, para que conociera algo más que aquella sórdida urbe de cemento. Preparábamos juntos el belén y el árbol en navidad. Cargaba conmigo a cuestas en pleno verano, por un camino de tierra, para llevarme a una pequeña piscina.

Luego nos distanciamos. Peleamos, nos herimos, e intentamos curarnos. Hay palabras que nunca tendrían que ser dichas, que ningún padre o hijo tendría que escuchar.

Me dejó solo muchas veces. Se tapó los oídos para no escucharme, me mostró falsos caminos que se empeñaba en que siguiera, haciendo oídos sordos a mis sueños.

Apareció a mi lado cuando menos lo esperaba, espantó mis miedos ocultándome los suyos, calló para que la verdad no me doliera.

Aquel día, el de la ocupación, supe que mi pena era tan negra porque una parte de mi, se reconocía en aquel hombre. Me sabía como él, y pensaba que mi vida podría convertirse, si no lo había hecho ya, en la suya. Autocompasión.

La muerte de un padre o una madre es como una enfermedad infecciosa. Algo de ella se nos contagia, se convierte en moho creciendo en una esquina de nuestra alma. Se llevan consigo lo mejor que pudimos ser, y lo peor que fuimos.

Me torturé pensando en todo aquello que no debería y sí debería haber dicho o hecho. Mi pena estaba hecha de tópicos, pero eso no le restaba dolor.

El ejército enemigo entró en la ciudad, Padre salió de mi vida. Quizá antes de morir ya lo había hecho, atrincherado en su silencio, en su derrota, dándose antes de tiempo por vencido.

Fue en ese instante cuando sentí un arma apuntándome en la nuca. Fue entonces cuando pensé que morir ante la tumba de mi padre era una amarga ironía. Y pensé que quizá al morir podría volver a verle. Y pensé que la muerte no le habría cambiado la forma de ser, sino lo consiguió la Vida.

Me volví, miré el cañón que me apuntaba y sonreí.

24 comentarios:

Elbereth dijo...

Es raro...no sé escribir acerca del dolor que siento.Imagino que es normal.

No se agolpan los recuerdos en mi cabeza, simplemente es la "ausencia", la "no presencia", la que me acorrala.

Sé que muchos habéis vivido una muerte así en vuestras vidas. Entenderéis que es lo que no consigo decir.

Quería dar las gracias a todos los que habéis estado ahí, a los que no os habéis olvidado:
Aldabra, Roxana, Alfredo,Guillermo, Isilrod,Spender,Isaac,Dersu,Escribiente... y a todos los que se han pasado y me han leído. GRACIAS.

Me gustaría volver a escribir de nuevo. Espero que sí. Pero no sé cuando. Territorio devastado del alma...

“Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo: tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado"

Gracias de nuevo, no sé qué decir...

Anónimo dijo...

Nunca he sabido que decir en estas ocasiones. Solo estaba allí, si había mucha confianza coger una mano, nada más.
Tiempo para hablar y tiempo para callar.
La muerte, lo unico cierto y seguro en la vida está proscrita y eso me parece mal. hacemos como si no existiera y existe, y existirá.

Y a nuestros antepasados ya casi hemos dejado, ya no de venerarlos sino incluso de recordarlos y tambien me parece mal. No debemos olvidar nuestros origenes, sino nada habremos aprendido y todo se repetirá y repetirá...como se repite todo.

Me gustaria poder decir.....pero no me sale nada, solo acompañar con mi silencio.

Pero creo que escribir te vendría bien para echar fuera...lo que sea, no te lo quedes dentro

Spender dijo...

Ojalá tuviese algo que ofrecerte...
Como el anterior comentario, tampoco yo sé que decir en estas ocasiones. Pero sí puedo asegurarte una cosa: estas cosas siempre (y digo, siempre) llegan en mal momento. No debes pensar en lo que debiste decir o hacer, porque estoy seguro de que tu padre sabía todo eso sin que hiciera falta ni una palabra ni un gesto. Es algo que conozco de tus escritos, que no tienes ni un gramo de maldad, que tu mente está limpia.

Ahora que lo pienso, sí tengo algo que ofrecerte: es mi voz, mis textos, mi lectura atenta de los tuyos, mi atención y mi compañía aquí, porque después de todo, solo puedo decir cosas buenas de ti (a estas alturas tus textos forman parte de mi vida).

De gracias nada. Sólo quiero reunir todo mi ánimo para mandártelo. Y aquí hay un hombro.

BESOS

guillermo elt dijo...

Elbi... HOLA!!!... Qué alegría!!!

No, no digas nada. No te preocupes, tómate tu tiempo. Es tuyo y de nadie más. Sabremos esperarte... como te lo mereces y porque te lo mereces.

Como siempre, fue muy bonito leerte.

Besicos grandes

.eze.182. dijo...

En casos como este lo mejor para decir es NADA. Solo guardar y compartir el silencio que nos ahce reflexionar, pensar, viajar y encontrar a nuestros seres queridos, aquellos que nos estaran esperando en algun otro punto del universo, para compartir un te y una salida de sol.

No se como escribiste en un momento como este, pero demuestra mucho temple de tu parte, y amor a montones.

Siempre es bueno un homenaje.

Elbereth dijo...

Anónimo Gracias, yo tampoco sé que decir. Todas las palabras parecen sobrar y a la vez ser insuficientes. Gracias.

Mi madre es incapaz de decir que mi padre "murió". Para mí, sin embargo es necesario. Cada uno vivimos como podemos.

Tengo el retrato de mi abuelo, el padre de mi padre, en la librería. Ahora, su hijo también está allí. Es extraño, pensamos más en los muertos que en los vivos, a veces, sólo a veces, sólo algunos, no todos.

El silencio suele ser el abrazo más rotundo. Silencio es mucho.

No encuentro las palabras, no las encuentro, no las encuentro.

Gracias, una vez más. Nunca son suficientes.

Elbereth dijo...

Spender Me he acostumbrado a consideraros mis amigos. Quizá sea presuntuoso de mi parte, pero eso me ayuda.

Volver después de tanto tiempo y encontraros, fieles, preocupados, sinceros... hace que el mundo sea menos hostil.

Por supuesto que tengo vuestros textos, vuestros blogs, vuestra voz, os tengo de alguna forma a vosotros y ese es mi consuelo.

Spender gracias por tus palabras, las necesito todas.

Elbereth dijo...

Guillermo Gracias. Intentaré estar aquí de nuevo, en la medida de lo posible. No quiero ausentarme tanto tiempo. Espero que las circunstancias no se vuelvan en contra.

Un fuerte abrazo.

Elbereth dijo...

Eze Gracias. Escribir es mi forma de acorralar en una esquina el dolor, el miedo, la decepción, el deseo de rendirme.

Sólo eso.

Muchas gracias.

ESCRIBIENTE dijo...

Elbereth saber de tí me ha llenado de alegría; te he estrujado entre mis brazos virtuales.

Pero al leerte, se me ha puesto la tristeza en el tórax y se me están empañando los ojos.

Cientos de veces pienso en la pérdida de mis padres y me desconsuela. Sé que llegará, como otras, e idiotamente creo que entrenándome en el llanto, será menos cuando tenga que serlo.

Creo que las lágrimas han de correr a raudales, porque para eso están en estos casos. Y pienso que es natural pensar en lo que se hizo o dijo y en lo que se dejó de hacer o decir.

Pero pienso que lo que de verdad importa no se dice con palabras; ni siquiera con gestos. Es otro lenguaje que simplemente se percibe; y tu padre lo percibió.

Te percibió en lo bueno y en lo malo; te percibió en tí misma y, por eso, te amó desinteresadamente. Y no hay nada más grande que esa fuerza; nunca muere.

Y siempre que esté en tus recuerdos, en tus palabras, en tu escritura, en tus fotos......estará inevitablemente en tu vida; sólo se muere cuando se desaparece de todos esos sitios.

Lloro por tí, Elbereth y por mí y porque la naturaleza es hermosamente cíclica, y una muerte aquí, es un nacimiento allá y una agonía en el otro lado y un enamoramiento en aquel otro. Nunca estamos solos en nuestra humanidad. Abrazos, Elbereth.

Tu texto es sublime. Un abrazo muy fuerte.

ESCRIBIENTE dijo...

¡Ah¡ Lo olvidaba, Elbereth:
¡Pásate por mi casa; no suelo hacerlo, pero he querido dejarte algo¡

Aldabra dijo...

Venga, Elbereth, sigue adelante... cuando puedas, cuando lo sientas... yo te esperaré, ahora ya lo sabes...

comparto tu dolor y tu tristeza...permite al tiempo que te cierre las heridas y no te encierres en ti misma.

lo siento de veras,
biquiños y un fuerte fuerte abrazo.

Enredada dijo...

No se que decir. Creo que no puedo decir nad.
Recién ahora puedo leerte.
Me siento mal por no haberlo hecho antes.
Sabés que sé lo que sentis.
Sabes que contás conmigo.
El dolor es inmneso.
También te espero amiga del alma, querida Elbi, mi ángel.
Te quiero, más allá de las distancias, de la vida y de todo

lamaladelapelicula dijo...

Hola Elbereth
Sólo decir que lo siento mucho y de verdad. Sé que hay que ser muy fuerte para estar bien en tu situación, pero se lo debes a tu padre, así que firme y alegre te necesito ver :)

El cuerpo somatiza el 100% de las emociones y en un tanto por ciento altísimo son estas las que hacen que un enfermo sane. Seguro que ya lo sabes, pero a veces se nos olvida (y es normal).

Te pido un favor, encuentra un libro que se llama "El sentido de la vida" de Viktor Frankl. No es un libro de autoayuda ni nada por el estilo,(particularmente los aborrezco). Se trata de un libro que me mandaron leer en los años de Facultad y te aseguro que te cambia la percepción de las cosas. Creo que podría ser bueno que lo leyeras. Es sólo un consejo, pero por supuesto te mando toda la fuerza y el cariño

http://es.wikipedia.org/wiki/El_hombre_en_busca_de_sentido


un besazo y gracias por agregarme a facebook :)

Aldabra dijo...

un beso fuerte, Elbereth, aunque no escribas sigo acordándome de ti.

Los malos días pasarán, ya verás.

P.Chincoa dijo...

Un fuerte abrazo Elbereth.

Aldabra dijo...

un beso fuerte.

besitos,

Aldabra dijo...

te dejé una nueva canción, Elbi... un besiño.

Elbereth dijo...

Perdon por la tardanza, Escribiente ya sabes que estos días ando más lejos que cerca, sin saber muy bien que quiere decir eso.. por supuesto.

Estoy enteramente de acuerdo, las cosas que de verdad importan no se pueden decir con palabras o con gestos... por mucho que lo intentemos.

Gracias por estar ahí, por darme esa canción y esa foto... son un regalo... Sólo siento haberla recogido más tarde de lo habitual.

Un beso muy grande.

Elbereth dijo...

Aldabra GRACIAS...por no olvidarte de mí.Ese gesto de pasarte y dejarme un pequeño mensaje cada vez es muy GRANDE.

No me olvido de vosotros, pero me siento cansada... físicamente y...

No encuentro palabras,sólo vacío. Espero que pase...

Un beso muy fuerte.

Elbereth dijo...

Enredada No importa...yo sé que estás ahí siempre...no hace falta disculparse...¡ni se te ocurra! Cada uno tenemos nuestros problemas pero siempre acudimos cuando se nos necesita como tú ahora.

Un beso enorme... Me paso para verte, pequeña.

Elbereth dijo...

Gracias, Mala No sé muy bien que deciros, como le he dicho a Aldabra, me siento cansada, parece que todo va bien y de pronto uno se echa a llorar y al siguiente instante sigue con lo que estuviera haciendo.

Creo que lloramos por los que se han ido y por los que nos quedamos.

Gracias por la recomendación del libro...lo había leído hace tiempo... A quien he leído y me ha encantado estos días es a Jonathan Samuel Carroll; os lo recomiendo a todos, aunque no creo que sea un escritor que guste a todo el mundo.

Ya os dejaré parte de él por aquí...

Muchas gracias y fuerte abrazo.

Elbereth dijo...

P.Chincoa Muchas gracias. Y un fuerte abrazo.

Neverknowsbest dijo...

¡OH!

Lo siento mucho. No sé qué decir. Te escribiría algo bonito, pero creo que no viene a cuento tampoco.

Fuerza, Elbereth.