Viaje con nosotros...

15 nov. 2008


Si hubiera tenido dinero se habría embarcado en el primer avión rumbo a un destino desconocido. Como no era el caso, se montó en el circular, y estuvo dando vueltas duranté más de cuatro horas por todo Madrid. El conductor la miraba mal, pero en su caso, seguramente ella también hubiera hecho lo mismo.

Había llamado al trabajo diciendo que no se encontraba bien, y en parte era verdad. Cada día enfermaba un poco más, como en el juego del ahorcado, sólo que marcha atrás: cada día se despertaba con una parte menos de su alma. Si lo pensaba seriamente era divertido.

Le gustaría afirmar que no le importaba lo que pensara la gente de ella, pero del dicho al hecho hay mucho más que un trecho. Así que intentó colocarse al fondo, en una esquina, y pasar desapercibida. Y casi lo consiguió.

El hombre mayor se había montado hacia unos diez minutos, se había quedado de pie aunque le habían ofrecido asiento, y no paraba de lanzarle miradas de reojo. Ella pensó: "¡ya está, un viejo verde!" Se sintió como si el universo entero conspirara en su contra. Sólo quería un poquito de paz.

Recordó uno de esos libros que el título rezaba algo así como "tu tienes el poder" o "despierta al niño que hay en ti" y decidió que lo único que deseaba despertar era al cinturón negro que tendría que haber sido y no fue. Al final ocurrió lo que se temía. El señor se fue aproximando hasta sentarse a su lado.

--¿La molesto, señorita?

--Pues ahora que lo menciona: sí. Y mucho.

El hombre calló, y movió asertivamente la cabeza como para darle a demostrar que entendía perfectamente como se sentía. Aquello sólo consiguió alarmarla y enfadarla mucho más.

--Deseo estar sola.

--¿Desea? ¡Qué forma más divertida de hablar! Parece usted de otro siglo, señorita. Vamos, como yo.

Le fulminó con la mirada, pero nada. Hizo intentos de querer salir, pero el viejo no se dió por aludido y siguió en su asiento, con las dos manos firmemente aferradas al asiento delantero.

--¿Suele usted hacer largos viajes en autobús?

La mujer le miró completamente anonadada. Y no sólo ella, dos jovenes que escucharon la conversación se giraron curiosos para observarles.

--¿Le pone nerviosa que nos miren, joven?

--No soy joven, abuelo. O quizás sí, comparada con usted, claro. Oigame, sólo quiero estar sóla, déjeme tranquila y búsquese una señora de su edad. ¿Quiere?

--No veo que lleve ningún equipaje para un viaje de estas características. He de decirle que me parece poco prudente.

Suspiró. Ya está. Le había tocado el chalado de turno. No podía ser de otra forma. En ese mismo instante pensó que ese era el castigo divino por faltar al trabajo. Creía en los dioses, sí, ya lo creo que sí. Cuando se trataba de fastidiarla, todo un elenco de dioses hacia su aparición en el monte Sinaí de sus desgracias. Incluía también a los alienígenas. Encuentros en la tercera fase la marcó profundamente.

--¿Y qué clase de viaje cree que es ese?

--Su muerte, por supuesto.

No le dió tiempo a contestarle. El conductor no vió al motorista.Frenó, derrapó, y volcaron. Cuando recuperó la consciencia, el único que podía verla era el viejo.

--¡Joder! ¿Será verdad que he muerto?

--Sí, hija, creo que sí.

--¡Y ahora se enterarán en el trabajo que mentí! ¡Mierda!

--Lo peor es que no lleva usted ninguna muda. Espero que no le hagan esperar mucho antes de darle el paso al Otro Lado.

--Conociendo mi suerte seguro que me hago vieja allí, cosa que no he conseguido aquí... ¿Se refiere usted al Purgatorio, no?

--Bueno, sí. Aunque a mí me recuerda a las colas del ministerio de Hacienda.

--Ya... ¿y también admiten sobornos?

--Así en el Cielo como en la Tierra, querida mía...

La mujer suspiró y miró a su alrededor. Sirenas, ambulancias, el tráfico paralizado, una mujer sosteniendo en alto a un niño. Un hombre intentaba ponerse en pie por sus propios medios.

--¿Soy la única que ha muerto en el accidente?

--Sí, sólo usted.

--Si no fuera tan triste me daría por reír.

--Si lo hace seguro que la miran mal.

--¡Pero si estoy muerta! ¡A quién le va a importar!

--Hija, no está usted sóla en el Otro Lado. Ya se lo he dicho antes: Así en el Cielo como en la Tierra.

La mujer se quedó en silencio durante unos instantes. Luego se volvió triunfal hacia el anciano y le dijo:

--Viejo ¡esfúmate! Soy atea.

--¡También formo parte del Komintern!

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues si que es pesadito el viejo.¡Si cuando está para uno, está para uno!y lo grave no es morirse, sino que te pillen en una mentira.
¡Si es que la trascendentalidad es lo que tiene!.

Me ha gustado. Una sonrisa

guillermo elt dijo...

Mira, te das cuenta???... Al final no lo pude resistir... Aquí estoy y leido el post.

Sí señor, una chica preocupada por el qué dirán, hasta estando muerta. Y esque, genio y figura hasta en la sepultura.

Supongo que al ser atea, no iría ni al cielo ni al infierno ni al purgatorio... como una basurita espacial, tal vez??? jejeje.... Aunque, el no creer en una cosa, no supone, necesariamente, su inexistencia.

Besicos.

(((ahora sí que me voy a la cama)))

Spender dijo...

Otro de tus relatos geniales...cuánto los echaba de menos!
(gracias por aceptarme en el feisbuk!)

Aldabra dijo...

no tengo tiempo ahora para leerte, me quedan tan solo unos minutillos en el ciber, mañana si no hay novedad dispondré de más tiempo...

sólo querías pasarme y dejarte un abrazote grandote y un para de besazos... no soy ninguna heroína Elbereth, dar consejos y animar se me da bien pero sé como te sientes aunque ahora esté pasando un buen momento.

sé fuerte y si algún día me necesitas, búscame.

biquiños,
y hasta mañana.

Elbereth dijo...

Hola amigo anónimo es un lujo que me entre todos siempre encontréis una palabra amable para mis tonterías. De veras, gracias. El viejo parece muy meticuloso... ¿verdad? Se toma muy en serio su trabajo... La Muerte nunca falla... es el empleado perfecto. :)

Y tienes razón: menudencia esa la de morirse ante que le pillen a una en una mentira... ahhh la conciencia y el sentimiento de culpa...¡eso sí que es mortal!

Gracias por ser tan benigno conmigo y decir que te ha gustado. Muy lindo de tu parte.

Un fuerte abrazo.

Elbereth dijo...

Guillermoooooo boboooo, gracias por leerlo... mira que siempre lo digo: tienes ganados todos los cielos de mil y una confesiones existentes.
:-P

¿Me estás llamando basurita espacial? XD jajajjajaja Jó...como se nota que hay confianza.

Gracias de nuevo.. y un beso enorme.

Elbereth dijo...

Spender ¿Cómo estás? Eres muy poco crítico conmigo, pero en estos momentos lo agradezco. La verdad a veces no se necesita ni se quiere para nada. En cambio las palabras amables resultan bálsamo para el corazon cojito.

Un fuerte abrazo y Gracias!!

Elbereth dijo...

Ay Aldabra Vales tu peso en oro... y no sé cuanto pesas!!! :)

Esos besos y abrazos son lo único que necesito en estos momentos, así que gracias y no te preocupes por nada más.

Y ... qué decir...a mi cada una de vuestras palabras me ayuda. Contra el ruido de fuera, vosotros os volvéis "armónicos".

Gracias por estar ahí, por volver una y otra vez, con tanto cariño... muchas gracias.

Un beso muy grande...

guillermo elt dijo...

Tú!!!... basurita espacial???... jamás. Tú una joyica espacial.

;)

Besicos, niña.

Si me paso en confianza, me paras los pies y listo. :)

Besicos, repito.

Elbereth dijo...

Oh Guillermo Gracias!! Creo que nadie me ha dicho nunca que fuera una joya...¡ni mi madre! :) Pero lo de basura se lo pueden llamar a uno en cualquier momento...así que... ¡estoy encantada con la confianza! :) Me voy a tu casa...para que me des un té..o café...

Besos!

Aldabra dijo...

veo que el tiempo de descanso no ha influido para nada en tus letras, que están mejor que nunca.

excelente texto, Elbereth... ahora voy a por los otros dos.

biquiños,