No cerré los ojos...

8 dic. 2008

Fotografías de Paco de Alcaudete


Parecía un borracho. Y aunque en realidad aún no lo estaba, era cuestión de media hora más. En una mano sujetaba la botella de whisky metida en una bolsa de papel, y del brazo le colgaba el abrigo hasta el suelo. La otra mano estaba ocupada en intentar abrir la puerta de su habitación.

La habitacion olía a humedad, a algún tipo de desinfectante, y a un ambientador peor que el rastro de humanidad pegada a la moqueta.

Había tomado una de esas decisiones pasadas de moda, fruto de sus lecturas de novela negra: si la inspiración se había esfumado, bastaba con encerrarse en una habitación con una cantidad de alcohol nada despreciable y esperar a las musas.

Rídiculo.

Miró la mesa y movió de un lado a otro la cabeza, al fijarse en la Underwood polvorienta, que le había arrancado a su editor. Nada de ordenadores. Teclas duras, con historia, en las que hiciera falta la fuerza de los dedos y del alma para arrancarles una buena historia.

Ahora se arrepentía, vaya que si lo hacía.

Se tumbó en la cama de golpe y contempló, entre las cortinas medio echadas, las luces chillonas de un anuncio de neón. ¿Cómo había creído que conseguiría inspiración de esa manera? Abrió la botella y echó un trago largo. Tampoco le supo bien.

Exhaló un suspiro de rendición. No escribiría nada en aquel tugurio de mala muerte. Lo mejor sería emborracharse, dormir la mona, y a la mañana siguiente salir pitando de aquel antro.

No supo cuánto había dormido cuándo le despertó el "click" del retorno de carro al alcanzar el final de línea. Levantó la cabeza bruscamente pero no encontró a nadie sentado ante la máquina. ¿Entonces... había soñado ese sonido?

Se levantó despacio, tambaleante, y se acercó a la mesa. La máquina estaba frente al típico espejo de motel: viejo y gastado de tantas caras que en él se habían reflejado. Evito mirarse porque lo que vió de refilón consiguió deprimirle.

Allí estaba la máquina. Y tenía un folio dentro. El carrete en el extremo de la línea. Pero sin nada escrito. No recordaba haber puesto ninguna hoja. ¿Lo había hecho? Un retortijón le hizo agarrarse el estómago. Intento pensar qué había cenado.

Era hipocondriaco. Muy hipocondriaco. Sin pensárselo dos veces, salió disparado hacia recepción. Tenía que saber si había un médico cerca, por si se ponía peor. Podía pasar la noche en urgencias en previsión. En realidad, tampoco tenía otra cosa mejor que hacer.

Decidió seguir las indicaciones del recepcionista y dirigirse al pueblo más cercano. El frío le golpeó como un chicle que le hubiera explotado en medio de la cara. Justo cuando iba a entrar en el coche, vió de refilón luz en su habitación. ¿Se había dejado la luz encendida?

Por un momento dudó. Decidió volver a la habitación y apagar la luz. Entró despacio, como si algún tipo de sexto sentido le estuviera avisando. La primera impresión al abrir la puerta es que un hombre estaba sentado a la mesa y tecleaba frenéticamente sobre la máquina de escribir.

Pero eso fue la primera impresión. Porque en la segunda lo único que vió fue su chaqueta colgando del respaldo de la silla, y la hoja de papel aún en la máquina. ¿Cuánto whisky había bebido? Negó con la cabeza y se quedó allí en medio, con la mano en el pomo de la puerta, mientras se escapaba el calor de la habitación.

Sin darle la espalda a la habitación, cerró lentamente la puerta. Se quedó allí parado, dejándose azotar por el viento helado y copos de nieve duros y malintencionados. A grandes pasos se dirigió al coche y se metió rápidamente en él.

Tenía la mano en la llave de contacto cuando se le ocurrió mirar por el retrovisor. Y allí estaba: una mujer de ojos negros con una máquina de escribir sobre sus piernas, mirándole fijamente. El grito que dió le asustó a él mismo. Dio un respingo, se protegió la cara con las manos, y se quedó inmóvil esperando lo peor.

Cuando volvió a mirar por el espejo --fue incapaz de darse la vuelta en el asiento-- allí no había nadie. Notó el asiento húmedo. Dejó caer la cabeza sobre el volante y comenzó a llorar quedo. ¿Qué estaba pasando?

Sacó la llave de contacto y salió del coche. El motel estaba a un lado de la carretera comarcal. Se quedó allí de pie, mirando a un lado y otro, como si el silencio de la noche pudiera resolver sus dudas. En frente de él crecía un bosque oscuro. Oyó un ruido de ramas, sobresaltado aguzó la vista, pero no logró ver nada. No hasta que estuvo frente a él, inmóvil en medio de la carretera.

El ciervo era hermoso, con una cornamenta que apenas había sufrido los embates de ninguna pelea. Parecía una estatua, un sueño, un mensaje indescifrable. Se acercó despacio a él, y vió que tenía en un costado tatuadas unas letras: "Despierta". El claxón del camión le salvó la vida, tuvo el tiempo justo de echarse precipitadamente a un lado. Estaba seguro de que el animal no había tenido tiempo de huir. Pero cuando el camión hubo pasado no había rastro de él.

Agotado, dirigió sus pasos de nuevo hacia el motel. La recepción estaba vacía, avanzó hacia la cafetería. Allí tampoco vió a nadie en un primer momento. Cogió una silla que estaba encima de una mesa y se sentó frente a la ventana. El cristal estaba velado. Y así se quedó hasta el amanecer: mirando por una ventana ciega al universo.

Mientras, apoyado en la barra, un camarero octogenario tecleaba lentamente en una máquina de escribir la palabra: "Despierta".

8 comentarios:

Aldabra dijo...

el relato está muy bien escrito y se mantiene la tensión hasta el momento final... lo malo es que no entendí ese final, Elbereth... no entiendo lo del camarero octogenario... ainss....

bueno, permaneceré a los comentarios, tal vez me aclaren las ideas.

besitos grandes grandes.

guillermo elt dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
guillermo elt dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
guillermo elt dijo...

Yo, yo suprimí los dos comentarios porque es que tengo un teclado que voy a tener que tirarlo por la ventana... ahora va el bueno, espero. Y no es la primera vez que me pasa.

Bueno, pues voy payá.

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Elbe, qué buen estilo tienes para escribir, y qué narraciones!!!

Disfruto con ellas porque... es que me sumerges en ellas... No, yo no... eres tú la que lo hace.

Le decimos a Aldi qué representa el camarero???... jejejeje... Qué chulito y qué presuntuoso soy... jejeje... es broma. No se trata de que yo le descubra nada, ya que solo sería una interpretación, y nadie más que tú sabe dársela al 100%, ya que tú eres la creadora.

...

Vaya obsesión con la maquinita, qué fijación... Claro, si no se hubiera comprometido con el editor...

Hay que ver que, de una simple idea de escribir... algo para un editor, has montado toda una historia y... como solo tú sabes hacerlo. Con la intriga y la oscuridad que solo tú sabes crearlo.

Yo solo veo figuras que adornan su sueño, figuras que atormentan la necesidad de despertarse, a pesar de la borrachera, para escribir.

Veo el reflejo de su obsesión por escribir y su desconfianza en él mismo.

Borracho y dormido para huir de la realidad... "Despierta", porque, a pesar de todo, él es consciente de que debe ser fiel a su profesión, a pesar de sus miedos.

Luchar.

Elbi... joder, para que veas que yo tb. me monto mis elucubraciones mentale... jajajaja... Ya, ya sé que ya lo sabes.

Ah, del camarero... bueno, resulta que el vejete es un tio segundo suyo que muríó peleado con él. Y como veía que no se despertaba... porque todo fue un sueño, dijo: "a este lo despierto yo "acongojándolo"... Total, hija... que se le plantó en el sueño con la dichosa makinita de escribir y volvió a decir para así "ésta es la mía"... Y empezó a teclear la máquina con todas sus fuerzas y escribió . "Despierta, leches!!!...(questo de leches se te olvidó a ti, Elbi, ponerlo... jejeje)... Total, que al ver a su tio muerto, en sueños, pegó un bote en la cama y se plantó en la máquina y empezó a escribir.

Bueno, perdón, este final me lo he inventado yo... pues me imaginé que podría pasar esto nada más terminar de leerlo.

En fin... que ya te he dejado mi, cómo no, rollito de turno.

Besicos, niña. Ya sabes que es todo un gustazo verte-leerte.

Besicos.

Soledad dijo...

Yo no podría escribir borracha...tengo que estar en mis cabales o no me sale nada...tampoco me he emborrachado nunca eso si hay que decirlo xdd

Elbereth dijo...

Hola Aldabra</b De semana en semana nos vemos, bueno menos es nada. :) No te preocupes por el final, no había nada que entender, de veras, son imágenes que se encienden en mi cabeza como una chispazo y las recojo, nada más.

Estaba escribiendo el final, veía al hombre sentado ante un cristal en el que nada se veía, e imaginé a sus espaldas al típico camarero viejito, con una pajarita, y su chaleco... y luego pensé que el también querría "despertar".

Siempre siento que estoy viviendo una pesadilla, que esta vida no es real, y que en algún momento despertaré. :)))

Un beso muy grande, te veo ahora en tu blog.

Elbereth dijo...

Hola, Guillermo :))) Siento que tuvieras que escribir tres veces los comentarios Y GRACIAS por hacerlo, de veras...

¡Vamos allá con las interpretaciones!

Sobre el viejito...lo dicho...yo escribo de forma compulsiva, no suelo por norma tener una idea de lo que voy a escribir. Me pongo delante del teclado y empiezo. Las letras, las ideas, van adueñándose de la pantalla en blanco... Y yo las dejo hacer...:)))

Y sí... ¡has interpretado muy bien! :))) Necesita despertar, y escribir, porque quizá si consigue escribir consigue despertar... jajajja ¡Vaya tonterías que te digo!

Eso sí...lo del parentesco...no sé yo, no sé yo, jajajjaja Es posible que todos estén durmiendo, no sólo el protagonista, sino también, el camarero, el recepcionista, la chica del coche...todos productos del sueño de sí mismos...jajajjajajajaj ¡La culpa de estas tonterías es tuya, que conste! ¡Si es que me provocas! :)

Y el gustazo es mío, el placer también, y sobre todo la gratitud que siento al leerte esas palabras tan bonitas que siempre me dices. Eres muy ...muy... uhmmm... tiene que haber algún adjetivo que te resuma... voy a pensarlo y el próximo día lo hablamos... :))))

Gracias, Guille, muchas gracias.. un beso enorme y te veo ahora en tu blog...

Por aquí está lloviendo y hace frío...un día para dormir y soñar.

Elbereth dijo...

Hola Soledad Comparto una idea: sería incapaz de escribir borracha, yo creo que eso sólo pueden hacerlo los genios.

Pero sí me he emborracho... y por cierto que mal sienta al cuerpo.:)

Un saludo