Era el fin, era el principio... (2041 1ª parte)

12 abr. 2009


No sé que día es hoy. Sería bueno saberlo: conocer el año, el mes, el día en el que vivo. Durante la guerra, la noción del tiempo se hizo añicos. Al principio llevábamos la cuenta, pero sólo fue durante las primeras semanas. Cuando la enfermedad, el hambre, y el miedo bajaron a los túneles del metro para vivir con nosotros, entonces, oh señor, entonces a nadie le importó si era martes o jueves, cinco o veinte, enero o marzo.

Yo fui una de las que prefirió morir en la superficie. No hubo consenso, ni grupos de personas bien intencionadas que se unieran en esos momentos. No. Fuimos saliendo a hurtadillas, de uno en uno, en parejas o, como mucho, pequeñas familias.

Yo subí sola.

La casualidad quiso que el momento que elegí fuera el amanecer. Tuve suerte. Si hubiera estado anocheciendo, no hubiera sobrevivido a esa noche.

Me costó acostumbrarme a la luz del día, pero eso ya lo había previsto. Lo que nunca imaginé es que tuviera que pisar cadáveres para poder caminar. No había espacio para esquivarlos. Tampoco preví que ningún mapa me serviría de referencia: los edificios, esparcidos por el suelo como en la peor de las películas apocalípticas, conformaban una nueva geografía.

La primera vez que vi un coche de policía me escondí. Eso fue también un golpe de suerte. No quedaban policías.

Cuando oí más de cuatro voces, me apresuré a cobijarme tras los escombros de lo que debió de ser un muro de alguna casa. Pasaron muy cerca. Los gritos de la mujer pidiendo ayuda consiguieron alterar las leyes de la física, mi cuerpo empequeñeció varios centímetros, mimetizándose contra los restos de aquella pared. Los sollozos de su hija me aceleraron el corazón de tal forma que supe que iba a morir allí mismo.

Nada de eso: dos tiros y risas. Risas. Matarlas tan rápido había sido un golpe de suerte para ellas. No fue hasta más tarde cuando me di cuenta de que en ningún momento se me había cruzado por la cabeza la idea de ayudarlas.

¿A dónde ir?

Entonces le vi. Caminaba sigilosamente entre las ruinas, aunque la sensación que tuve al mirarle, fue de que estaba paseando. Como si en lugar de andar por una ciudad destruida estuviera dando un paseo de placer. Sus ojos verdes me miraron de refilón, no quería que supiera que me había visto. Y luego vino el otro. Aquel momento no lo olvidaré jamás. Cuando las cosas se ponen muy, pero que muy feas, entonces, cierro los ojos y evoco aquel día.

Los ojos del otro eran marrones, y en lugar de disimular, se paró en seco al verme. Esto obligó a su amigo a detenerse, muy a su pesar. Me miró fijamente. Estaba evaluando que clase de peligro era yo. No pude evitarlo. Sonreí. Poco a poco, mis labios se fueron ensanchando involuntariamente, hasta que terminé echando la cabeza atrás y emití una especie de gorgojeo. Era lo más parecido a mi risa que recordaba.

Durante muchos meses, tantos que quizá habían hecho un año, sólo había llorado. Y ahora, al verles, un sentimiento sin nombre abrió de una patada las oxidadas puertas de mi alma.

El de los ojos marrones se me echó encima. Y su reticente colega, no tuvo más opción que seguirlo.

El perro movía el rabo de un lado a otro frenéticamente y me daba lametazos por toda la cara, el gato se restregaba por mis piernas muy despacio mientras ronroneaba como un pequeño motor.

Olvidé que había decidido pegarme un tiro. Cuando eché a andar de nuevo, ellos decidieron el camino. Me pareció una buena idea. En eso, al menos, no me equivoqué.

Conseguí comida de la mochila de un muerto. Los muchachos me llevaron al escondite donde dormían. No estaba mal. Me costó acostumbrarme a las ratas, pero entre los dos las ahuyentaban, e incluso las cazaban.

Aquella noche, antes de que el cansancio me venciera, pensé que el agua que había sacado de los túneles me daría para dos días, a lo sumo tres.

Me apoyé en el perro y cerré los ojos. El gato se hizo un ovillo en el hueco de mi tripa.

Cuando recordara mi nombre, les pondría uno a ellos.

17 comentarios:

guillermo elt dijo...

Relato apocalíptico, pero con una pequeña luz de esperanza... o una gran luz?... bueno, eso solo lo sabe el personaje... y su creadora. :)

Elbi... me gusta la luz, pero la noche es mágica... tiene su luz especial... Tiempo para desnudar las almas.

Besicos.

Aldabra dijo...

Un relato magnífico y un golpe muy certero lo del gato y el perro, jamás lo hubiera pensado.

Aunque el paisaje es tétrico y desolador, la presencia de los dos animales, lo humanizan. Curioso contrapunto ¿verdad?

biquiños,

el Gato Negro dijo...

Un saludo

Desde hace unos meses, yo y otros dos amigos, estamos llevando a cabo un proyecto. Dicho proyecto consiste en la elaboración de una comunidad literaria independiente, un rincón en el que cualquiera pueda expresarse y de cualquier forma: relatos, poesía, etc. La idea de la que surgió y de la que aún se sigue sustentando, no es solo esa expresión, anteriormente mencionada, sino el mestizaje: que lo que yo escriba puede servirle a otro de aprendizaje o si más no, pueda aportarle alguna idea y viceversa. Por ello, les invito a todos aquellos que quieran participar en la redacción a que envíen un mail a lagacetademedianoche@gmail.com, citando el correo electrónico de la cuenta blogger, a la que deberá enviarse la invitación.

Atentamente,

El Gato Negro

Pedro Chincoa dijo...

Relato desolador con cierto aire futurista sobre la condición contemporánea de la existencia. Ciertamente bien escrito, como casi todos los regalos de Elbereth.

un abrazo.

el Gato Negro dijo...
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el Gato Negro dijo...

Me ha encantado "las puertas oxidadas de mi alma" -es curioso porque, de buenas a primeras, esbribí olvidadas en vez de oxidadas: qué diría Freud-.

Quizás sea algo precipitado y hubiera de morderme la lengua, pero me preguntaba si te gustaría formar parte de la gaceta. Estoy seguro que tu presencia, sería para todos una gran aportación.

17 de abril de 2009 21:38

ESCRIBIENTE dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ESCRIBIENTE dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ESCRIBIENTE dijo...

Muy bueno, Elbereth.
Eres una maestra en el arte de sorprender con la narración.
Tus relatos envuelven, no dejan pestañear y se atienen con precisión a lo de "planteamiento, nudo y desenlace".
Me ha encantado la atmósfera que has creado y haces reflexionar sobre la relación entre el hombre y los animales...Me ha gustado mucho.

(Me ha estado dando problemas el ordenador: te he envíado y borrado varias veces esta entrada. Perdona)

Anónimo dijo...

"Se me echó encima". Se presta a confusion en ese contexto, con dos muertes antes, con olvide pegarme un tiro despues. Sugiere violencia y no se si es eso lo que se quiere decir. si es así, mejor directa, expresa, a lo bestia en ese terreno apolaliptico.

Jamas volvere a decir "de este fango no beberé"¡hacer de critico literario! ¡Que bajo he caido!
Por lo demás OK como siempre aunque tiene usted ambiciones ¡hace bien!escoger un chicazo de ojos verdes, ¡casi na!

y disculpeme este papel de parasito-critico-literario.
Animo y adelante, a ver que más

Don Dersu

Elbereth dijo...

Hola Guillermo Sé que te gusta tanto la luz del sol, como la de la luna. Lo sé. Y bueno... los dos --creo-- que pensamos que la luz está dentro de nosotros.

Buscarla fuera no sé si es la mejor forma de encontrarla. Pero, sinceramente, no creo saber cual es la forma idónea de buscar, ni de vivir.

Cada uno de nosotros nada como puede dentro de la marea.

Intento que sea algo más que una sola entrada... ya veremos, como tu dices.

Muchas gracias!
Un abrazo.

Elbereth dijo...

Aldabra, buenos días! Muchas gracias. Y gracias por gustarte lo del perro y el gato, quizá sea una bobada pero a mí me gustó cuando lo escribí y por eso al leerte me siento agradecida. ;)

Sí.. curioso contrapunto...que los animales lo humanicen. Como diría Punset los humanos somos otros más dentro del reino animal. :)))

Gracias de nuevo, y un beso, espero que haya sido un buen fin de semana.

Elbereth dijo...

Gato Negro Lo primero de todo, MUCHAS GRACIAS. Leí vuestro blog, me gustó mucho y lo enlacé. Me encantaría poder participar en él, pero sólo tienes que ver la frecuencia con la que publico: muy de tarde en tarde.

Os escribiré y hablaremos. Felicidades por ese blog compartido.

Sobre la entrada... creo que te refieres a "Oxido en el alma"...bueno...¡qué decir! Me toca demasiado de cerca... ¿qué muerte de un padre no lo haría? Me alegro de que te haya gustado,gracias.

Un saludo

Elbereth dijo...

Pedro Gracias, valoro mucho cada uno de tus comentarios. Y es una satisfacción saber que te ha gustado. La descripción que has hecho de él es totalmente acertada.

Cuídese mucho. Un abrazo.

Elbereth dijo...

Hola, Escribiente ¡No tienes que pedir perdón por lo de los comentarios!!!

Y muchas gracias. Sorprender es realmente difícil. Cada día te tienes que dar una vuelta de tuerca más para ofrecer algo nuevo, mejor que lo anterior. Y --vive Dios-- todos sabemos que no es fácil. :))))

Un abrazo.

Elbereth dijo...

Buenos días, don Dersu Nadie tiene que disculparse por decir su opinión. No hay nada malo ni ofensivo, por favor. Y gracias por hacerlo.

Eso sí, reconozco que no quiero entrar en explicaciones a cerca de que es lo que he querido decir o no. La magia de leer es la interpretación de las palabras.

Me gusta y aprendo de cada una de las opiniones, y espero que no se ofenda si no entro en más detalles. :))))

Ahhh, y sobre el gato...¿yo no había pensado todavía el sexo de cada uno de ellos? :)))) Quizá sea una gata y un perro, o una perra y un gato. O los dos hembras o los dos machos, o...o... o... jajajjaja

Muchas gracias, un abrazo.

Neverknowsbest dijo...

Magnífico, Elbereth. Tienes mucha madera de escritora y yo mucho que aprender de leerte ;P