Nunca fuimos héroes-2041-3ª parte

8 ago. 2009

Así en la tierra como en el cielo Andrés Palma

Hay quien dice que lo más difícil es dar el primer paso, ponerse en marcha. No estoy de acuerdo. Levantarte y echar a andar un día tras otro, sabiéndote vencido es el verdadero reto.

El Muro de Adriano quedaba a más de mil quinientos kilómetros de distancia. Las posibilidades de que Arsen siguiera con vida eran prácticamente nulas. El Klaan obligaba al ejército a patrullar el exterior del Muro. Muchachos de apenas quince años se parapetaban en tanques, disparando antes de preguntar.

El Klaan cometió un error. Despojó a la Miasma de toda oportunidad, de toda esperanza. Para aquellos que nada tenían que perder, morir se convirtió en su victoria. Quisieron creer que alcanzarían la "Otra" vida revestidos de gloria. Para mí, también de desesperación. Pero... ¿quién soy yo para juzgarles? Sus incursiones contra el Muro eran salvajes, suicidas, pero consiguieron su propósito: pusieron nervioso al Klaan.

Estábamos en guerra. Nos convertimos en soldados a la fuerza. Pero no formábamos parte de ningún ejército.

Todo valía. Era la forma de actuar del Klaan. Ahora era nuestro turno. Si queríamos sobrevivir teníamos que deshacernos de nuestros prejuicios y convertirnos... ¿en qué exactamente?

Nuestros peores instintos salieron a flote. Conseguir comida y agua era una tarea titánica, diaria, desalentadora. Constantemente veía cuerpos entre los escombros de las ciudades. Las ratas daban buena cuenta de ellos. Aunque no solo ellas. El canibalismo dejó de ser una profanación y se convirtió en una fuente de alimento cuando no tuvimos nada que llevarnos a la boca. Cualquier esquina era buena para dejarse caer y comenzar a morir.

¿Cómo se mantienen las promesas hechas a uno mismo? Con dificultad, sin duda. Con fracasos y mentiras.

No quiero engañaros. Maté, robé, traicioné; sólo para mantenerme con vida. El miedo me convirtió en una bestia ciega. Quería llegar al Muro de Adriano, tenía que ver a Arsen y contarle lo que había descubierto. No podía dejar que nada, ni nadie se interpusiera en mi camino.

Cada una de las personas que se arrastraba por el planeta tenía una historia igual o mejor que la mía para justificar sus actos. Nunca fuimos héroes, ni nada remotamente parecido.

Me violaron. Supe que poco tenía que hacer ante ese hombre de metro ochenta, rodeado por su pandilla: armados, enloquecidos, hambrientos. Le dejé hacer. Se confió. Acercó su cara a la mía. Le sonreí. Despacio, llevé mis labios a su cuello, abrí la boca y le clavé los dientes. El primer mordisco apenas se llevó un poco de carne, pero no solté. El segundo, rasgó músculo y alcanzó las venas. Tiré de ellas hasta que reventaron. ¡La sangre estaba tan caliente..! Cogí el arma de su cintura, le utilicé de escudo y disparé a los otros tres desde el suelo. Necesité varios disparos pero el factor sorpresa jugó a mi favor.

No fue fácil matarles, no era una buena tiradora. Me quité al gordo de encima, y rematé de cerca uno por uno a cada uno de ellos. Cuando terminé me temblaban las piernas. La boca y el pecho empapados de sangre. Lo primero que pensé fue si el hijo de puta tendría alguna enfermedad que pudiera contagiarme. Creo que por eso me acerqué y a pesar de estar muerto, le descerrajé un tiro en los huevos. Luego registré sus bolsillos y me llevé todo lo que pude.

Quise llorar. Pero no pude. O no me lo permití.

Levanté la cabeza y vi la luna asomando por entre las ruinas de la bóveda de una antigua iglesia. Y entonces le vi. Estaba sentado a los pies de lo que en su día fue el altar. Recuerdo que lo primero que pensé es que debía haber presenciado todo y no había sido capaz de mover ni un dedo en mi ayuda. No me equivoqué.

Tenía una barba grisácea que le caía sobre el pecho, sucia y enmarañada como su pelo. Mantenía los brazos cruzados, mientras se balanceaba adelante y atrás. No pude ver sus ojos. Pero podía olerle. Apestaba.

Se levantó despacio y vino hacia mí. Me sorprendió que pudiera andar porque estaba extremadamente delgado. Era como un saco de huesos, todo pellejo. Se quedo a medio metro, mirándome fijamente, en silencio. Estaba llorando. Me había robado mis lágrimas. Le dí la espalda y eché a andar.

Al poco escuché unos pasos que me seguían. No me giré. Supe que a partir de ahora tendríamos un camino que recorrer juntos. ¿Por qué? Esa es la parte de la historia que necesitaba contarle a Arsen. Eso era lo que había descubierto.

Era tan viejo que podría haber sido mi bisabuelo. LLamádle Avijai.


3 comentarios:

Aldabra dijo...

¿cómo has tardado tanto tiempo, mujer? no hay derecho de que te olvides de nosotros, como ves, te sigo en la distancia...

aún no leí esta última parte, es más, acabo de imprimir las tres para enterarme poque después de tanto tiempo se me olvidaron de qué iban las dos primeras, tengo un recuerdo vago pero no me llega para leer el ¿final?

cuando lea todo otra vez te cuento.

biquiños y espero que la vida te vaya bien.

Aldabra dijo...

pues ya me leí las tres partes del tirón y disfruté a pesar de las imágenes tan duras y descorazonadoras que describes en el relato... imagino que habrá más partes porque la cosa da para más.

a pesar de que no soy amiga de la ciencia ficción, a priori, me ha gustado.

se lee facil, es ameno y tiene un toque de tensión de principio a fin que permite que uno quiera seguir leyendo sin detenerse...

sólo un apunte:

hacia el final de la 3ª parte en el párrafo que empieza "no fue facil matarles...", al final de este párrafo terminas con "y me llevé todo lo que pude" y luego viene otra línea que dice: "Quise llorar. Pero no pude. O no me lo permití"... repites "no pude" en un espacio muy corto y me ha "cantado", como decimos en el taller... es algo facilmente solucionable y así el relato quedará impecable, en lo que a mí respecta.

biquiños,

Elbereth dijo...

Holita Aldabra: no me equivocaba cuando hablaba de tu fidelidad... siempre al pie del cañón. Gracias por tus palabras, y más aun cuando reconoces que no eres muy amiga de relatos de ficción. ¡Y "demonios" tienes razón también en lo de la repetición! Escribí demasiado aprisa y sin correcciones... y ocurre lo que tiene que ocurrir... :))

Dentro de nada estoy de vacaciones, y espero que vosotros hayáis disfrutado o vayáis a disfrutar de las vuestras.

Os deseo lo mejor a todos.

Un beso muy fuerte para ti Aldabra y hasta pronto.