Dejar de ser. Ser... 2041 IX parte

25 abr. 2010


Observándoles, el uno frente al otro, se apreciaba mejor el parecido. El parentesco se delataba en pequeños gestos, expresiones, o entonaciones de la voz. El cansancio había sido la bandera blanca para que se sentaran y hablaran.

--Que te estés muriendo no te convierte en mejor persona, Arsen. Tu sufrimiento no transforma tus decisiones en un pozo de sabiduría.

--Lo sé, tampoco que tú seas madre te vuelve magnánima, ni comprensiva. ¿A dónde quieres llegar con eso?

--Las decisiones que tomemos afectarán a millones de personas. Somos responsables de las consecuencias que se deriven de ellas.

Arsen suspiró, y hundió un poco más la cabeza entre los hombros.

--No cambiamos, Stacia. Soñamos con hacerlo, nada más.

--Yo diría que nuestro empeño es mayor cuando se trata de cambiar a los otros.

La sonrisa de Arsen fue triste.

--Es cierto. Durante mucho tiempo pensé que podrías cambiar, Stacia, pero me equivoqué.

--Todos lo hacemos, la diferencia es que unos lo reconocen y otros se justifican. Admitir errores no es el punto fuerte del ser humano.

Él le extendió un poco de whisky en un viejo vaso. Ella lo aceptó como si lo hubiera pedido.

--Tropiezo dos, tres, cuatro veces en la misma piedra, hermana. Veo como lo hacen los demás. Y parece que no vayamos a aprender nunca.

--Y yo me repito, y me creo buena por hacer o decir cosas buenas. O como ocurrió en el pasado, que por escribir me creía escritora.

--Oh! Había olvidado aquello... ¿Cuánto tiempo hace?

--Mucho, o poco, según se mire. Intento olvidarlo.

Arsen estiró las piernas y las cruzó. Stacia pudo ver como la suela del pie izquierdo tenía un gran agujero.

--Quizá nos guste mirarnos en los espejos porque son nuestro yo invertido, aquel que quisiéramos ser, o el que podríamos haber sido. Pero todo esto sin saberlo, sin confesarnos a nosotros mismos nuestra miseria, nuestro fracaso.

Silencio.

Arsen miró a Stacia y pensó en cuanto había envejecido. Las comisuras de los labios tenuemente curvadas hacia bajo. La arruga del ceño fruncido, siempre intentado descifrar un mundo que a ella --estaba seguro-- se le antojaba incomprensible.

--¿Cómo te ha ido durante todo este tiempo?

Ella se encogió de hombros y apretó los labios. No lo sabía. No quería saberlo.

--A veces sueño con que el cielo se abre y me arrastra muy lejos de aquí. Este "aquí" del tiempo, del ahora y el después.

Arsen asintió. Entendía.

--Tú te has convertido en un líder. En la esperanza de la Miasma. Todavía no sé como lo has hecho.

--Sin quererlo, imagino. Y le sonrío.

Y Stacia le devolvió la sonrisa de forma involuntaria.

--Cansado. Me siento cansado. Muchos jefes para tan pocos indios. ¿Entiendes? Nos reunimos, todos hablan, nadie escucha. Les hago preguntas con la esperanza de que reflexionen. Es en vano, todo en vano.

--Pensé que te seguían.

--¡Ahhh, sigues siendo tan crédula! Es algo que siempre me sorprende. Los vencidos no son mejores por haber perdido. Tú misma me lo acabas de decir, la muerte no me cambia, ¿por qué habría de haberlo hecho la derrota con la Miasma?

--Sé como acabar con el Klaan, Arsen.

--Lo sé. Quieres matar a la Bestia.

Stacia le miró fijamente a los ojos. Nunca había resultado fácil impresionarle.

--Hermana, esa es una carrera sin meta. Si matas, eres un asesino, da igual la razón o la fe que te empujen a hacerlo. Y una vez emprendido ese camino, no encontrarás ningún atajo para traerte de vuelta. Caminarás en un sólo sentido. Además, en tu caso... ¿no estarías añadiendo la traición al asesinato?

Silencio.

--No sé lo que sientes...

Ella fue a abrir la boca para replicar pero el la frenó con un gesto de la mano.

--No, no quiero saberlo. Que te amen no significa que lo merezcas, y por amar no te ganas ningún estado de gracia. Sigo creyendo que hay un límite dentro de cada uno de nosotros que nos dice: esto está bien, esto está mal.

Stacia cierra los ojos y recuerda la conversación que mantuvo días atrás con aquel hombre surgido de su oscuridad.


--Por las noches contengo la respiración sin querer, y cuando suspiro no consigo deshacerme del dolor. Permanece. No soy malo. O al menos no tanto como todos creen.

--No tienes que darme explicaciones, sé quién eres, desde el principio.

De Lothian la mira y en la oscuridad recupera parte de su lucidez.

--Si existiera la posibilidad de dejarme a mi mismo atrás. De dejar de ser. De ser. ¿Me ayudarías?

Stacia alarga su mano y la estrecha entre las suyas.



Arsen roza suavemente la rodilla de Stacia para hacerla volver de su ensimismamiento.

--Hermana, todos vosotros olvidáis que vivimos en el Infierno, y cada día luchamos por una tregua con nuestros demonios.

--¿Has hecho alguna vez un pacto con el diablo, Arsen?


8 comentarios:

guillermo elt dijo...

Hola... jeje... sí, con trankilidad,

besicos.

Aldabra dijo...

¡que escena de película!

sigues escribiendo como los ángeles, de forma precisa, cuidada

es un placer

biquiños,

Gaya dijo...

Todo un placer leerte. Me ha encantado visitarte.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Siempre me quedo ganas de mas, mas.

Esperando nueva entrada.


Dersu

Ania Alonso dijo...

Me ha encantado!
UN besazoo

tatiana dijo...

Hola que tal¡

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Exitos, un beso

BalaNegra dijo...

Los demonios quedaron aparcados en Abril...
Y tú Elbereth ¿Has hecho alguna vez un pacto con el diablo?

No me respondas, que ya sé la respuesta...

Un beso, guapa!

guillermo elt dijo...

Elbi... cómo me voy a olvidar de tí?

Te deseo con todo mi cariño, que este nuevo año te colme de felicidad. Que las cosas buenas, se te queden en el corazón, y las malas se conviertan en pétalos de rosas.

Un Gran Besibrazo cálido y cariñoso.