Secretos 2041 VIII parte

10 abr. 2010


El reencuentro entre Arsen y Stacia fue poco más allá que un asentimiento de cabeza y un intercambio de miradas. Quizá uno hubiera podido pensar que dos hermanos separados en el tiempo, y por circunstancias casi apocalípticas, hubieran derrochado en ese momento abrazos, lágrimas, y al final sonrisas. Pero no, no fue así. La vida nunca es como la imaginamos, ni como la queremos, ni como la tememos. La vida es justo aquello en lo que menos pensamos. Es estoica, parca, y breve. Como en este primer choque.

Yo no soy más que un viejo senil, que a veces recuerda el nombre que su madre le puso al nacer, y otras no. Pero aún así, aquella vez que les vi juntos --por primera vez-- tuve una sensación muy inquietante. Nada de escalofríos, ni premoniciones, ni demonios literarios que se le parecieran, ¡que va! Fue más bien como si un niño hubiera cogido una tiza y la hubiera hecho chirriar contra la pizarra, mientras todos sus compañeros se tapaban los oídos y le pedían que parara. Me imagino al niño sonriendo.

Nada de poesía, nada de amaneceres ni anocheces para esa hora mágica --y por mi tan ansiada-— de conocer en persona a Arsen de Lothian. Después de tantas historias contadas por las personas con las que nos cruzamos en nuestro camino --casi peregrinaje-- hacia el Muro de Adriano, cuando le tuve delante de mí sólo pude ver a un hombre torturado. Lo que es peor, un hombre amenazado por la presencia de su hermana.

En medio de aquel campamento improvisado, nos salió al encuentro con la misma actitud que un general acudiría a resolver un tema de intendencia que sus subordinados hubieran sido incapaces de solucionar.

--Te esperaba, Stacia.

--Lo sé…

Silencio. Mirada perdida en algún punto del horizonte.

--¿Necesitas algo?

Stacia negó en silencio con la cabeza.

--¿Quién es este?

Ni tan siquiera me miró cuando lo dijo.

--Un profeta, hermano.

El torció la boca en un gesto irónico, como si la broma le resultara terriblemente previsible.

--Al anochecer, en mi tienda.

Stacia asintió, observo a Arsen darse la vuelta. Entonces, frunció el ceño, dudó, pero al final dijo algo que en aquel momento no entendí. Quizá no lo haya entendido nunca, después de todo.

--¿Has visto a De Lothian?

Arsen se paró en seco pero no se volvió. Negó con la cabeza y siguió andando.

--Yo sí, Arsen. He estado con él.

--Nada cambia, ¿no es cierto?

--No, nada lo hace, hermano.

Arsen de Lothian echo andar deprisa como si quisiera alejarse de nosotros, de ella, lo más rápido posible.

Stacia se quedo allí parada, viendo como se iba, sin pronunciar una sola palabra. Cuando le hubo perdido de vista, se giró y me dijo:

--Ve a por algo de comer y encuentra un sitio para dormir. Diles que vas de mi parte, será suficiente. Si tienes problemas, búscame.

Y se fue. Y yo recordé.

A tres días de camino al Muro de Adriano, una noche, acogimos en nuestra hoguera a un hombre que apareció de la nada empapado a causa de la lluvia. Recuerdo que me pareció extraño que Stacia no le apuntara con el revólver y le echara de allí con cajas destempladas.

Llevaba una capa que le cubría de los pies a la cabeza, y su rostro quedaba escondido entre los pliegues. Por un momento, me pareció vislumbrar debajo de ella un uniforme militar, uno de alta graduación, del ejército del Klaan. Me dije que era imposible.

Sólo una vez levantó su mirada del fuego. Me sorprendió mirándole fijamente. No pude evitar sobresaltarme. Fue en ese momento cuando decidí que era el momento adecuado para retirarme.

Nada más alejarme, comencé a oír murmullos de una conversación. Apenas pude captar unas palabras. Inconexas, sin sentido para mí. Pero aquello no fue lo que más me inquietó, no señor. Fue el tono utilizado para decirlas. Eran los susurros de dos amantes.

¿Cuándo había visto Stacia a De Lothian-La Bestia del Klaan, si no me había separado de ella en meses?

2 comentarios:

guillermo elt dijo...

Hola, niña... buenas noxes... Te has presentado alguna vez a algún certamen de literatura fantástica???

Ya sabes que para mí, derrochas fantasía por los 4 costados. Y aunque tus textos sean largos, si no en el día, en otro, pero fijo que te leo.

Cada cual tiene su estilo literario y gustos en extensión... etc... Osea, que ya sabes... tú, a lo tuyo... :) y disfrutando de lo que escribes, que es lo importante.

Y ahora, me voy a la "piltra", que ya es horica.

Besicos

Elbereth dijo...

Gracias Guille!!! Cada uno escribe lo que puede que no lo que quiere...¿puede ser? ... :) ¿Y digo yo, que haces despierto a las 2 de la madrugada? ¡Vampiro! :))) Muchas gracias por estar ahí,siempre.

Un beso muy fuerte.