EL REY MONO

1 ene. 2016

TODAVÍA NO…



El derviche gira sobre el suelo de mármol, sus pies pisan las baldosas blancas y negras, como en un tablero de ajedrez. Es un planeta sin órbita.

A su alrededor, un rabino da vueltas meciéndose con una Torah entre las manos. El baile hipnótico levanta un suave viento que hace ondear el Talit.

En dirección contraria, un monje budista reza sus mantras con un rosario entre las manos. El naranja de su hábito deslumbra al derviche que cierra con fuerza los ojos.

Su cabeza, inclinada a un lado, parece a punto de descolgarse.

El rabino y el monje son las manecillas de un reloj averiado, cada una girando en direcciones opuestas. Alterando el tiempo.

Delante de ellos, un trono engalanado de rojo terciopelo y pan dorado. Un mono, indolente, se sienta en él, al tiempo que balancea sus piernas al ritmo de las oraciones.

Parece aburrido.

A un lado del trono hay instalado un stand de un banco online. Detrás de él, de pie, una mujer mayor se afana entre papeles y un portátil. Para conservar su trabajo tiene que conseguir al menos un cliente.

La mujer mira con evidente nerviosismo a los tres místicos y elude los ojos lascivos del Rey Mono.

No suena música alguna, pero para el derviche no parece ser un problema.

Un Cardenal sale de detrás del trono. Con sigilo, se coloca a la derecha del Rey y se inclina para susurrarle al oído.

El mono se revuelve al sentir el calor de su aliento fétido, y le muestra, en señal de advertencia, los dientes. El otro respinga y se coloca dos pasos por detrás. Con el susto ha dejado caer la correa que rodea el cuello del Rey.

De pronto, se levanta de un salto, se quita la corona y la capa de armiño, y las tira al suelo profiriendo un grito.

La corona cae a los pies del rabino, tropieza con ella y está a punto de caer.

La mujer aprovecha la confusión, y se acerca a él.

--¿Estaría interesado en abrir una cuenta  con “nosotros”? Va a ahorrarse mucho dinero. Le daré de alta ahora mismo, es muy sencillo, sólo necesito algunos datos…

--¿Quién sois “vosotros”?...

La mujer parpadea nerviosa, se encoge de hombros y vuelve presurosa a colocarse detrás del stand.

El monje budista alcanza al rabino y choca con él.

--¿Ya es la hora?, le pregunta.

El derviche para súbitamente y exclama confundido:

--¡¿Porqué estoy tan cansado?!

Se desploma de lado, y la cabeza golpea con fuerza contra el suelo. Su dentadura postiza sale despedida por los aires y el  Rey Mono la coge al vuelo. El hombre, abochornado, llora sin consuelo.

El Cardenal ha aprovechado para sentarse en el trono, pero al Rey no parece importarle. Se ha acercado al bailarín y le consuela meciéndole suavemente, a la vez que intenta colocarle de nuevo sus dientes.

La mujer del banco aprovecha la confusión para llamar la atención encendiendo un árbol de Navidad de plástico. Luces centelleantes y música de un villancico envuelven el salón.

--¡Ahora por Navidad regalamos una olla rápida al abrir su cuenta! Y enseña unos dientes blanqueados en exceso.

El rabino suspira agotado, el monje le coge del brazo y le sonríe.

--Ya queda poco, aguante.

De detrás del trono irrumpe majestuoso un caribú. Con un movimiento rápido y preciso arremete con sus astas contra el trono, tirando al suelo al Cardenal. Este sale rodando, y el Rey Mono no puede dejar de chillar mientras se  agarra la tripa y ríe.

El caribú avanza lentamente hacia el árbol de Navidad, lo huele desconfiado y resopla frustrado. Gira la cabeza y clava sus grandes ojos negros en la mujer.

Con otro golpe tira al suelo el adorno navideño y la música cesa.

La mujer se hace pis encima, el caribú mueve el hocico y resopla. El fuerte olor humano le inquieta.

Se gira dignamente hacia el Rey Mono y este se inclina en una florida reverencia.


Hoy no vendrá el Mesías. Déjense morir en paz.

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